2026 OTS. 15 Política y cine Iratxe Fresneda Docente e investigadora audiovisual {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} Las imágenes, sin excepción, cobijan en su interior significados que después generan puntos de vista que construyen esa “realidad” colectiva en la que nos movemos, la que da sentido a nuestro día a día. Se trata de una realidad construida que llega hasta nosotras (de la que participamos), en gran parte, gracias a eso que entendemos como representación. «La ideología es la producción de representaciones», decía Annette Kuhn. La definición de Kuhn desmonta los discursos del poder establecido, que están demasiado habituados a hablarnos de objetividad cada vez que desean validar discursos que para nada son neutrales y que, en el mejor de los casos, miran hacia otro lado cuando el mundo está en llamas. La escritora Arundhati Roy ha abandonado la Berlinale precisamente por esto, porque sabe que quien dice que el arte no debería ser político, lo que en realidad está diciendo es que no tiene ninguna intención de posicionarse ante una injusticia, entre otras cosas, porque piensa que resultará damnificado. En estos tiempos conversos y convulsos, cualquiera diría incluso que que distópicos, la narrativa dominante excluye todo discurso que amenace el sistema y la mala noticia es que hablar de Gaza, de exterminio, de muertes, molesta, es político y no demasiado cool. Toda película lleva dentro un modo de ver el mundo; todas las películas son políticas, sin excepción.