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PERFIL [CAMILO TORRES RESTREPO]

Fin al periplo de los restos del cura guerrillero que unió fe y revolución

(EUROPA PRESS)

Sacerdote y sociólogo, precursor de la Teología de la Liberación y voz destacada del pensamiento crítico colombiano, Camilo Torres se incorporó al Ejército de Libera- ción Nacional (ELN) y murió en combate en 1966 a sus 37 años. Su figura no encaja en relatos simples, ya que fue un hombre atravesado por las tensiones de su tiempo, marcado por la pregunta persistente sobre qué significa ser cristiano en una sociedad estructuralmente injus- ta. Tras más de medio siglo ocultos en un panteón militar, sus restos han sido recuperados y entregados, y con ellos la memoria de una época donde el sacerdocio y la insurgencia fueron de la mano.

Su caso es icónico no solo por su personalidad disruptiva, por promover la participación de la Iglesia en la lucha armada por la justicia social, por impulsar el diálogo entre el marxismo y el cristianismo, sino también por ser una de las primeras víctimas de desaparición forzada en un país que contó, en 50 años de conflicto, 120.000 personas dadas por desaparecidas. La búsqueda de sus restos ha sido una odisea más larga y tortuosa que su propia vida, marcada por traslados clandestinos, pistas falsas, silencios y mucho formol.

El rastreo de su paradero comenzó prácticamente al día siguiente de su muerte, el 15 de febrero de 1966. Ese día, tropas de la Quinta Brigada del Ejército se enfrentaron a una unidad del ELN en San Vicente de Chucurí, en el departamento de Santander. En el combate murieron cuatro guerrilleros, entre ellos Camilo Torres. Sin experiencia en el manejo de armas, el sacerdote se había incorporado a la lucha del ELN influenciado por la Revolución Cubana y tras el fracaso del Frente Unido del Pueblo, un proyecto político con el que intentó articular una oposición a la coalición de los dos partidos tradicionales.

ESTADO LAICAL

Antes de incorporarse a las filas del ELN, su activismo político ya le había dado una amplia notoriedad pública, hasta el punto de que sus posiciones le acarrearon sanciones por parte de la jerarquía eclesiástica y su reducción al estado laical en 1965, lo que le privó del ejercicio público del sacerdocio.

Su cadáver, maltrecho y cubierto por una barba descuidada, fue identificado por un coronel que conocía al sacerdote desde la infancia, al reconocer entre sus pertenencias documentos escritos en otros idiomas. Eran rastros de su paso por Europa, en particular por Bélgica, donde se formó en Sociología, y por París, donde mantuvo contacto con círculos eclesiales progresistas.

Aquel coronel ordenó enterrar sus restos donde fue abatido, y allí permanecieron durante tres años. Fue exhumado en más de una ocasión hasta su traslado al panteón militar de Bucaramanga. Durante décadas quedó bajo custodia castrense y fuera del conocimiento público; según una investigación de “El País”, el cuerpo fue bañado en formol, lo que ha dificultado ahora los análisis forenses.

Tras años de pistas falsas, el sacerdote Javier Giraldo presentó en 2019 la solicitud formal de búsqueda, una de las primeras recibidas por la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, creada tras el Acuerdo de Paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC-EP en 2016.

Ese mismo año, el presidente Juan Manuel Santos, pariente lejano del cura, ordenó al Ejército iniciar la búsqueda e impulsó gestiones diplomáticas con Cuba para la exhumación de los restos de su madre, mientras que en Colombia se exhumaron los de su padre, clave para los análisis genéticos.

A partir del testimonio de una fuente que situó el cuerpo en el pabellón militar del cementerio, la investigación avanzó hasta confirmar su identidad en un laboratorio de Texas. El 22 de enero, el ELN anunció el hallazgo, mientras el Instituti de Medicina Legal completaba las verificaciones, un retraso que Giraldo atribuyó a motivaciones políticas.

La entrega se realizó finalmente el domingo, tras una eucaristía en la Universidad Nacional de Colombia, en la que Giraldo recibió los restos. El presidente Gustavo Petro, exintegrante del M-19 y con una relación compleja con el ELN tras fracasar los intentos de diálogo y ordenar operaciones militares contra esta guerrrilla, decidió que el cuerpo «sea depositado con honores» como fun- dador de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional.

En la ceremonia se repartieron ejemplares del periódico “Frente Unido”, creado por Torres en 1965, donde dejó escrita una de sus frases más célebres: «El deber de todo cristiano es ser revolucionario, y el del revolucionario hacer la revolución».