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KOLABORAZIOA

Secreto ibérico sin magro


Hasta ahora se debatía si la monarquía sabía o no, si estaba implicada o no, en el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. La opinión mayoritaria era que la Casa Real, al menos, conocía esta intriga y confabulación. Y que tanto la influencia de la reina Sofía de Grecia que, con 29 años, vivió como su padre apoyó la dictadura de los coroneles, desembocando esto en la abolición de la monarquía en ese país, como el teniente general y, a su vez, jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campo, fueron la influencia decisiva para que Juan Carlos I no se disfrazara de «elefante blanco» y se cazara a sí mismo.

No está claro que la intención de los ideólogos del «golpe» fuera hacerlo efectivo. Dar un golpe de Estado o un golpe en la mesa; pero necesitaban a los más fascistas como el teniente coronel Tejero para dar el primer paso.

Con esto se conseguirían dos efectos inmediatos: si sale, pues «p'alante» con todo.

Si no sale; «Juanito» se presenta como salvador de la monarquía parlamentaria y esta se consolida, pero «atada y bien atada».

Con esto se consolidaba más el poder de los militares, se infundía el miedo necesario en la sociedad, se mantenía el poder judicial franquista, los servicios de inteligencia y lobbies económicos, a la vez se le otorgaba más importancia a los medios de información encargados de mantener y dar continuidad al fifty-fifty franquista monárquico-pseudodemocrático.

Ya se encargaría luego el Cesid, cuyos dirigentes conocían perfectamente el intento de «golpe», de limpiar aquellos documentos que implicasen a personas y elementos claros y claves, para que el resultado de la apertura de la documentación tan solo señalara al mismo servicio de inteligencia como activo necesario.

Esto solo conllevaría culpar a una organización impersonal y a la que se le entendería que hiciera todo lo necesario por España.

Que casualidad, que ahora aparece un documento con el que se quiere dar a entender que el Rey no sabía nada del «golpe».

Periodistas e investigadores avalan desde hace años, con nombres y apellidos, que los documentos importantes y aclaratorios en los que aparecerían los verdaderos implicados en el 23F ya han desaparecido hace años, por lo que no conoceremos las reuniones mantenidas entre mandos militares (incluido Juan Carlos I), políticos, poderosos medios de comunicación, falangistas, servicios de inteligencia, etc.

Un ejemplo de la poca preocupación con la que los poderes fácticos han asumido la desclasificación de estos y otros documentos demuestra que, cuando estos se archivan, ya han sufrido la depuración correspondiente.

Clara exponente de esta afirmación es la tranquilidad con la que Felipe González dijo en su día que se deberían revelar todos los documentos del 23F, seguramente diría lo mismo si se le planteara que se diera luz a toda la documentación clasificada sobre el GAL, porque el filtro ya habrá realizado su función.

Resumiendo, que todo este revuelo histórico-documental, tan solo valdrá para mantener el mismo relato institucional.