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RECONFIGURACIÓN DEL ORDEN MUNDIAL

Noche de terror en Líbano

Mientras en el sur de Líbano Hizbulah intenta sostener el frente ante el avance de las tropas israelíes por tierra, Israel intensifica y amplía sus bombardeos sobre gran parte del país. El balance de víctimas ha aumentado -56 en las últimas 24 horas-, lo que hace esperar lo peor en los días venideros.

Una pareja busca entre las escombros dejados por las bombas israelíes en el barrio beirutí de Bachoura. (Laurent PERPIGNA IBAN)

«Espero lo peor en las próximas horas, no puedo explicarlo. Solo quienes han vivido algo así pueden entenderlo». Martes 17 de marzo, a primera hora del día. Nour, joven habitante del sur de Líbano exiliada en Beirut, confiesa un mal presentimiento: «Ya no hay desescalada, hay que prepararse para horas difíciles».

La realidad no tardará en darle la razón. A lo largo de toda la jornada, un diluvio de fuego se abatió sobre el sur de Líbano. Saida, Qsaibeh, Jibsheet, Nabatiyeh, Taybeh, Bint Jbeil... los ataques se sucedieron a tal ritmo que resulta casi imposible enumerarlos.

Al caer la noche, Hizbulah -implicado en varios frentes terrestres ante el intento de invasión en curso- lanzó a su vez una ofensiva masiva. Bautizada Khaybar 1, esta operación dio lugar al lanzamiento de un centenar de cohetes hacia territorio israelí. Uno de sus mayores golpes de fuerza militares recientes.

Para muchos libaneses, vino acompañado de un nuevo incremento de su ansiedad. Con una certeza compartida: la respuesta israelí, que acostumbra a devolver multiplicado cada golpe recibido, llegará muy pronto.

ATAQUES EN SERIE SOBRE EL CENTRO DE BEIRUT

A la una y media de la madrugada, una fuerte explosión sacude el centro de Beirut y despierta a quienes habían logrado dormirse. Un bombardeo acaba de alcanzar el barrio de Zokak el-Blat, situado a 600 metros del Parlamento libanés. Le siguen un segundo y un tercero, en barrios adyacentes. El ruido de estos ataques con drones se mezcla con los ataques sobre los suburbios del sur, que no cesan. En el cielo, el rugido de los aviones israelíes se extiende durante buena parte de la noche.

A las 3.59, una orden de evacuación apunta a un edificio en el barrio mayoritariamente chií de Bachoura. Ráfagas de disparos automáticos resuenan en la capital. A falta de defensa aérea, sirenas de alerta o refugios es la única forma de despertar a quienes duermen. Una enorme explosión sacude la ciudad una hora más tarde, pulverizando un edificio de doce plantas.

Al amanecer, las escenas son desoladoras. Ahmed, de 40 años, busca entre los escombros objetos personales. En el suelo, libros y cuadernos escolares emergen del hormigón. «Este edificio estaba habitado por civiles, no crean la propaganda israelí, que inventará cualquier excusa. Nos hacen pagar sus pérdidas frente a Irán», denuncia. A pocos metros, las persianas metálicas de los comercios han sido arrancadas por las explosiones. Los vehículos destrozados se cuentan por decenas.

Ali, originario de la Bekaa, camina sin rumbo: «Dejé mi ciudad en la guerra de 2024. Mi casa fue destruida. Me instalé en una en los suburbios sur, que tuve que abandonar hace diez días. Vine aquí y ahora tengo que irme otra vez. Siento que soy un apestado y eso que no represento una amenaza para nadie».

A su alrededor, familias que viven a apenas unas decenas de metros intentan reparar los daños. Explican que no pueden marcharse a otro lugar y temen lo que pueda traer la siguiente noche.

No es para menos. Uno de los objetivos de la noche anterior fueron un periodista del medio Al-Manar -cercano a Hizbulah- y su esposa, prueba de la voluntad israelí de golpear no solo objetivos militares, sino también voces discordantes.

Pero, a su vez, las fuerzas israelíes bombardean los puentes que cruzan el río Litani, que delimita el sur de Líbano, con el fin de aislar a los combatientes de Hizbulah y separar la región del resto del país de cara a una posible invasión. El ministro israelí de Defensa, Israel Katz, ha amenazado con «sorpresas significativas» en los próximos días y ha afirmado que su Ejército debe «inspirarse en las operaciones militares llevadas a cabo en Gaza».