2026 MAR. 25 GAURKOA Cooperativismo y empresa humanista Juan Manuel SINDE Presidente de Arizmendiarrieta Kristau Fundazioa y socio colaborador de Laboral Kutxa {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} El pasado 31 de diciembre finalizaba el Año Internacional de las cooperativas 2025, instaurado por la ONU para resaltar el papel crucial de dichas empresas en el desarrollo económico y social, destacando su contribución a soluciones inclusivas y aplaudiendo así a una fórmula asociativa con más de 700 millones de personas en todo el mundo. Su finalización, sin embargo, no supone sino un punto y seguido para los cooperativistas, no solo para la promoción de nuevas cooperativas sino también para inocular sus valores humanistas en el resto de la sociedad. Practicando el lema (adaptado) de Arizmendiarrieta de humanizar la empresa para humanizar la sociedad. Digamos de entrada que entendemos el cooperativismo como un humanismo y no una mera fórmula jurídica. Ya que el movimiento cooperativo, más allá de su dimensión económica, encarna una propuesta ética y social que encuentra fundamentos profundos en el humanismo, corriente que reconoce en cada persona una misma dignidad humana. Los siete principios cooperativos −adhesión voluntaria, control democrático, participación económica, autonomía, educación, cooperación intercooperativa y compromiso con la comunidad−, por su parte, reflejan una visión del desarrollo humano integral que es compartida por el humanismo cristiano, que propone «una economía que tenga en cuenta la dignidad de cada persona y el bien común». Pero, por otro lado, el reconocimiento legal y la forma en que están reguladas las cooperativas en los distintos países del mundo, varía considerablemente. Así, mientras en países como España, Francia e Italia existen leyes nacionales especiales, en otros países se rigen por leyes generales de sociedades (caso de EEUU), se regulan como «sociedades mutuales» bajo una legislación que también abarca otras entidades no lucrativas (Reino Unido) o existen leyes provinciales para cooperativas, pero no una ley federal (Canadá). El cooperativismo no es, por consiguiente, una alternativa jurídica sino más bien una expresión concreta de una ética centrada en la persona humana. En tanto promueve estructuras económicas más justas y humanas, se constituye en una vía eficaz de encarnar los principios del humanismo, en general, y del humanismo cristiano, en especial. Ello estuvo claramente presente en los inicios del movimiento cooperativo vasco de mediados del siglo pasado, que se dio desde convicciones ideológicas distintas: desde las posiciones socialistas de Toribio Etxebarria, promotor de la experiencia de Alfa en Eibar, a las motivaciones cristianas de Arizmendiarrieta en las cooperativas surgidas inicialmente en Mondragón. Pero en ambos casos, desde unas convicciones y unos objetivos que trascendían ampliamente la idea de crear empresas de las que se beneficiara solamente un reducido grupo de socios de las mismas. Por otro lado, en el trabajo ‘‘Orígenes de la Experiencia Cooperativa de Mondragón’’ aparece con claridad para sus promotores que «Arizmendiarrieta nos cambió la vida», abriéndoles un camino de desarrollo personal y comunitario impensable para ellos. ¿Se podría entonces entender el fantástico crecimiento de las cooperativas surgidas del liderazgo de Arizmendiarrieta al margen del sentido de misión de sus primeros promotores? En su libro ‘‘Dignos de ser humanos’’, el historiador holandés Rutger Bregman defiende que el ser humano tiende de forma natural a cooperar y que el hacer el bien le proporciona una satisfacción íntima extraordinaria. En ese contexto recalca que lo que los sicólogos denominan «motivación intrínseca» es el motor más poderoso para conseguir que las personas alcancen objetivos aparentemente «utópicos». (La motivación intrínseca la define como la predisposición interna de realizar una actividad por el puro placer o satisfacción que proporciona, sin necesidad de recompensas externas). Insiste que ello es válido tanto en las actividades que se desarrollan en la sociedad como en el caso de las empresas. Advierte, sin embargo, que hay que tener cuidado con los estímulos económicos ya que distintas investigaciones han demostrado que las motivaciones económicas, paradójicamente, en vez de sumar pueden entrar en conflicto con la citada «motivación intrínseca», debilitando esta. En ese sentido, las ventajas económicas que las cooperativas ofrecen a la mayoría de sus trabajadores, derivadas de su éxito empresarial y de una política retributiva más justa, ¿podrían ser en algunos casos también un hándicap para reforzar el sentido de misión original? Desde otro punto de vista, diversos estudios muestran que la intensidad en la predisposición a cooperar tiene su contrapartida en la tendencia a rechazar a los extraños, subrayando que la solidaridad entre las personas se da de forma muy diferente en función de la distancia física y emocional entre las mismas. Lo que también pudiera ser algo a ser conscientes, a fin de cuidar que el reforzamiento de los lazos cooperativos no genere una cierta endogamia que, a la larga, podría derivar en una cierta insolidaridad. En el año que se cumplen 50 años del fallecimiento de Arizmendiarrieta y en el marco del que hemos denominado «2026 Arizmendiarrietaren Urtea. Año de la empresa humanista» cabría pensar que algunas cooperativas están en el grupo de cabeza de las empresas que eligen ese camino de humanización, empezando quizás por la formulación de un ‘‘Propósito’’ que les dé un mayor sentido al trabajo y a su aportación a la sociedad. Evolucionando de empresas cooperativas (cuando no es adecuada dicha fórmula) a «empresas humanistas», que sigan distinguiéndose de las empresas convencionales no por su naturaleza jurídica, sino por la aplicación en la práctica de los valores humanistas citados. Y para lo que el recientemente creado HumaniSare, Club Arizmendiarrieta de la Empresa Humanista podría constituir una herramienta especialmente útil en la medida que constituya un lugar de encuentro que anime y ayude a las empresas de todo tipo a avanzar en la dirección citada.