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DE REOJO

Guía secreta para aliviar síndromes


La pregunta más pertinente es ¿dónde estamos? Quedarse en vela para ver cómo se retrasmite en directo un posible hongo nuclear y acabar con la sensación de que aumenta el número de gilipollas a un ritmo desenfrenado, y no controlado por los vendedores de detergentes líquidos que borran la mala conciencia, entra dentro de un síndrome indefinido demasiado habitual.

Resulta ser, queridos niños y niñas, que a Ubú Trump le llaman en ciertos sectores de la opinión publicada estadounidense TACO, que es el acrónimo de Trump Always Chickens Out (Trump siempre se acobarda), asunto que deberíamos poner en entredicho, pues no está claro si sus amenazas y frenazos responden a funcionamientos excitados que pertenecen a otra parte de su corrompido cerebro, consejos de órdenes religiosas dolarizadas o es una estrategia de videojuego.

Sea cual sea su síndrome preponderante, empieza a agotarse su pérfido sistema de trolear hasta a su mala sombra, y dentro del movimiento MAGA que lo llevó a la Casa Blanca empiezan a surgir voces que lo descalifican de manera absoluta. Y es que esta tregua, o alto el fuego, lo que deja es la sensación de que han llegado ahí sin haber cumplido ninguno de los supuestos objetivos previstos en la majadería criminal de empezar una guerra.

Estamos asistiendo a una guerra desarrollada con miles de muertes de inocentes, televisada como un programa de realidad húmeda. La indecencia alcanza niveles épicos, el desgaste que produce al delicado equilibrio del sistema internacional es impúdico. A Netanyahu le crecen las orejas de la risa.