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Teoría y práctica


Vivimos tiempos interesantes, sin duda, de los que se recuerdan a través de los años. Tiempos en los que se aceleran proyectos que llevan décadas en estado «larvario», que cierran unos caminos y abren otros, que modifican el presente y nos acercan el futuro.

Alguno quizá piense que estoy levitando, pero lo que hago es observar, analizar, cómo quienes, habiendo adquirido la potestad de vincular a un proyecto de futuro a todo un país, además de no cumplir con el compromiso adquirido, dificultan y entorpecen el futuro a otros.

Cuando uno accede a leer la prensa diaria, es consciente de que el contenido, a semejanza de los «catecismos» de las diferentes religiones y creencias, es variable. Nadie miente y, aunque todos hablan de lo mismo, todos dicen diferente. Es la democracia.

Una democracia delgada y hambrienta, desmemoriada y corrupta. Una democracia que no admite sus errores. Una democracia que «salvó» al mundo de la competencia militar, económica y política que representó el «socialismo real» y que hoy se encuentra sumida en un marasmo cuya primera consecuencia es el permanente cuestionamiento del modelo neoliberal vigente.

Una democracia que ha contaminado el planeta de norte a sur, tanto política como físicamente. Que ha impuesto la economía del enriquecimiento rápido y la pobreza creciente. De los industriales millonarios y las industrias en quiebra. De los banqueros pletóricos y corruptos, «amos y señores» de los Estados pobres. Todos ellos han puesto al mundo en una posición difícil y peligrosa.

Es insoslayable establecer una relación directa entre el escándalo del hambre y la especulación mundial desenfrenada. Entre la pobreza y el racismo. Entre el aumento de los conflictos y los intereses belicistas de los «poderosos».

Hoy nadie pone en duda que las «crisis» del capitalismo son cíclicas, esa es una de las razones por la que la inercia de aquellos años continúa. El tiempo ha trabajado voluntades y como consecuencia Europa ha llegado a ser proclamada «Unión», pero los cierto es que los conflictos sociales y las dificultades que todavía afrontan los Estados más pobres ponen en cuestión el modelo.

También, como entonces, desde el este y, sobre todo, del sur, aumenta sin descanso la presión migratoria. Los ciudadanos se resisten a soportar la desenfrenada corrupción y a seguir pagando los costos sociales del falso «progreso» neoliberal.

Lo cierto es que todo se mueve como si, en cuatro décadas de interesada, hueca e irresponsable euforia, los mecanismos del sistema se hubieran enajenado de golpe y amenazaran al propio sistema desde su interior. Y es cierto, porque eso es lo que ocurre, ese es el cáncer congénito del sistema capitalista.

El resultado es un mundo fracturado, roto, en continuo estallido, como si el «santabárbara» de cada país estuviera conectado de continente a continente. Muchos de ellos muestran todavía las cenizas que delatan la verdad. Otros arden hoy, como antes ardieron otros.

Nadie puede cuestionar lo expuesto hasta ahora en este trabajo. Las personas críticas −que las hay− debieran sentir la necesidad, el deseo, de difundir que existen alternativas a la crisis capitalista, al mundo de «países chabola». Que es posible mitigar, debilitar el control militar del planeta al que nos dirigen, quienes a muchos kilómetros de sus fronteras− no vacilan en invadir, saquear y masacrar países para mantener su hegemonía.

Para entender las consecuencias prácticas de los actuales regímenes políticos no es necesario viajar mucho. Si observamos con detenimiento los «aconteceres» de nuestros vecinos, tanto del norte, como del sur, podríamos pensar que el «socialismo democrático» debiera haber encontrado, por fin, su oportunidad, pero los cierto es que sus continuas «renuncias» ante la presión neoliberal lo han evitado.

Si miramos al sur, en España, a pesar de que hace mucho, mucho tiempo que el Borbón debiera haber emigrado, lo cierto es que el PSOE, cada vez que llega a La Moncloa, olvida la «prédica y práctica» que le distinguió en el pasado, un pasado cada vez más lejano.

Si miramos al norte, observaremos que los socialistas que han gobernado la República de Francia hace ya mucho que «plegaron velas» ante el neoliberalismo. Quizá no sería exagerado afirmar que, si en primera instancia, «sacrificaron» el socialismo, hoy están haciendo lo mismo con los socialistas.

Vivimos momentos convulsos por diferentes razones que convergen en la respuesta que genera el «limbo» jurídico-político que permite -incluso en pleno siglo XXI- el colonialismo y la dominación. Sin embargo, el mensaje que se percibe de uno y otro lado nos dice que cada uno está donde le corresponde, Que su situación es lógica, que está obligado a «adecuarse» a su posición.

Todo esto no es nuevo, ya fue analizado y previsto hace muchos años. Es por eso que debe reconocerse que a Bruselas se le atribuyen «pecados» que, en realidad, vienen arrastrándose desde el origen de la CEE.

Así pues, el futuro que se nos ofrece, sino se modifica la tendencia, puede ser peor que lo conocido hasta ahora. Porque no es admisible plantear el futuro de regiones y naciones como Euskal Herria −entre otras− en función de coyunturales negociaciones con quienes pernoctan en La Moncloa.

Permítanme finalizar este trabajo expresando lo que más que un vaticinio es una certeza. Si no es la izquierda abertzale, ¿quién puede, en este país, conseguir un «referéndum vinculante»? ¿Quién?