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Juan Diego Flórez: la madurez del talento

La Quincena Musical ya levanta la cabeza orgullosa por abrir temporada con un nombre de esos que el amplio público reconoce y haber colocado en taquilla el primer “sold out”. Y es que, hay que reconocerlo, Juan Diego Flórez es un reclamo de enorme atractivo. Tras 20 años de su primer concierto en el Kursaal, regresa en una etapa mucho más madura, más asentada y más compleja, que aporta a la voz del peruano una riqueza más profunda.

El tenor peruano Juan Diego Flórez. (Gregor HOHENBERG | QUINCENA MUSICAL)

Es demasiado pronto para hablar del éxito -o la falta de él- de esta octogésima séptima edición de la Quincena Musical que apenas está empezando; aún no hay datos ponderables, no conocemos la asistencia de público ni cuántas veces se ha colgado el cartel de “no hay billetes”, no hay cifras económicas ni datos de repercusión en medios, nadie ha podido cronometrar los minutos de una ovación ni el número de bises ofrecidos por un solista… Como se suele decir, no se puede juzgar el libro por su portada y, aunque un estudio minucioso de la programación nos puede dar pistas importantes sobre cómo es probable que se desarrolle y de cuestiones a tener en cuenta cuando llegue el momento de hacer una evaluación final, aún es momento de esperar, abiertos y expectantes, a lo que la edición nos depare. Y, sin embargo, Quincena ya levanta la cabeza orgullosa -seguramente, de forma justificada- por abrir temporada con un nombre de esos que el amplio público reconoce y haber colocado en taquilla el primer sold out. Y es que, hay que reconocerlo, Juan Diego Flórez es un reclamo de enorme atractivo.

La inauguración del festival correrá a cargo del brillante tenor peruano en un recital a piano, un formato que, acostumbrados a aperturas con orquestas y coros de gran formato, supone una novedad y que, tal vez, podría ser un indicio de hacia dónde deriva el estilo de Quincena, que está sufriendo ciertos cambios sutiles. En cualquier caso, el concierto inaugural ha recibido una excelente acogida por parte del público, que no disfrutaba del cantante desde hace más de dos décadas.

La primera vez que Flórez actuó en el Kursaal fue en el año 2000 junto a la Orquesta Sinfónica de Galicia y el Orfeón Donostiarra interpretando el “Stabat Mater” de Rossini, volviendo poco después en 2003, con un recital similar al propuesto para esta ocasión, y en 2004, con una versión en concierto de la ópera “La donna del lago”, también de Rossini, en un período dorado de su carrera belcantista. Ahora, más de veinte años después, regresa en un momento vocal muy distinto, donde los oropeles han apagado un poco su brillo, pero en una etapa mucho más madura, más asentada y, seguramente, más compleja, que aporta a la voz del peruano una riqueza más profunda.

Son de sobra conocidos los inicios de Juan Diego Flórez (Lima, 1973) por esa bendita conjunción de humildad, esfuerzo, talento y buena fortuna: heredó la voz y el amor por la música latinoamericana de su padre y comenzó a cantar en su adolescencia recitales de pop y rock en piano-bares, pero su afán por aprender le llevó con 17 años al Conservatorio Nacional de Música del Perú, donde conoció la ópera y el canto lírico; tras acabar sus estudios en el prestigioso Curtis Institute of Music de Filadelfia, con 23 años, llegó al Rossini Opera Festival de Pésaro para interpretar un pequeño papel, pero el azar quiso que, por una sustitución de última hora, le ofrecieran el papel protagonista que catapultó su carrera. En tan solo unos meses debutaba en la Scala y a partir de ese momento los éxitos se sucedieron uno detrás de otro durante la época más brillante de un cantante cuya frescura, capacidad vocal y técnica natural parecían estar diseñadas para cantar con perfección sobrehumana el bel canto italiano de Bellini, Rossini o Donizetti. La exigencia de una carrera imparable y, sobre todo, la edad, fueron cincelando tanto su voz como su técnica, acercándolo paulatinamente al repertorio francés con compositores como Massenet y Gounod y, en los últimos años, a autores de mayor prestancia vocal como Verdi.

El recital que le trae hasta Donostia, inserto en una gira de conciertos que empezó en primavera y que le llevará a enclaves emblemáticos como Pesaro, Salzburgo o Viena, recorrerá toda esta trayectoria vocal, pasando, también, por una selección de romanzas del repertorio zarzuelístico, acompañado por su pianista de cabecera, Vincenzo Scalera, habitual acompañante de cantantes icónicos como Montserrat Caballé, Renata Scotto, José Carreras o Carlo Bergonzi.