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eva yerbabuena
Bailaora

«El baile es solo un canal de transmisión de lo que el cante provoca»

La Quincena Musical trae hoy al Teatro Victoria Eugenia un espectáculo de danza, pero esta vez de danza flamenca: “Yerbagüena (oscuro brillante)”. Concebido por la coreógrafa y bailaora Eva Yerbabuena y con música del guitarrista y compositor Paco Jarana, busca con valentía el lugar del flamenco en espacios que tradicionalmente le son vetados.

(Joan TOMAS - Laura LEÓN)

«Yerbagüena (oscuro brillante)», un título curioso. ¿Qué significa?

En la vida siempre hay una dualidad, contradictoria pero necesaria, y el nombre viene de ahí: la luz y la oscuridad, la movilidad y la rigidez, el miedo y el valor… Es una reflexión sobre cómo el hecho de enfrentarte a esta dualidad te hace avanzar y apreciar el lado positivo de las cosas y, en general, de la vida.

Este proyecto llega después de más de 30 años de carrera bailando profesionalmente. ¿El cuerpo se resiente?

¡Sí! [risas]. Claro que se resiente. Vas cumpliendo años y coges experiencia en otros aspectos, pero físicamente te va cambiando el cuerpo y eso te obliga a adaptarte. Un día te sientes ágil y al otro te das cuenta de que ya no puedes hacer las cosas que hacías antes, así que eso te obliga a rebuscar otras formas de hacerlo, otros movimientos, y, a su vez, moverte de otra forma te lleva a encontrar nuevas maneras de sentir. Yo veo vídeos de cuando tenía veintitantos años y hay cosas que me gustaría tener ahora, pero para otras prefiero la edad que tengo ahora mismo. Antes tenía una precisión brutal, pero a cambio ahora tengo un conocimiento de mi propio cuerpo, de mí misma, que antes no tenía. Merece la pena cumplir años; es muy interesante, sinceramente.

La lista de premios, menciones y galardones que posee es inacabable -Académica de Honor de la Academia de las Artes Escénicas española, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, Premio Nacional estatal de Danza, Medalla de Andalucía, diez Premios Max de las Artes Escénicas y un larguísimo etcétera- y, sin embargo, para quien no tiene relación con el mundo del flamenco es usted prácticamente una desconocida.

De una manera un poco inconsciente, he sabido siempre en mis adentros que no es fácil compaginar esa dualidad -y volvemos a ella- de persona y artista. Siempre he tenido claro que no quiero dejar de ser persona, nunca, jamás: yo quiero ser madre, quiero ser compañera, quiero ser amiga, quiero vivir mi tiempo, tener mi intimidad, mis prioridades… Pero es verdad que luego está la parte de artista y que desde pequeña te inculcan eso de que el artista lo es desde que se levanta hasta que se acuesta; pero vivir un personaje toda la vida es algo inviable para mí, dejaría de saber quién soy realmente. De alguna forma, siempre he huido de eso. A mí no me molesta que la gente me pare por la calle, pero cierta cantidad de fama siempre me ha dado pavor, en el sentido de perder la humildad, de empezar a desconocerme, de vivir algo ficticio. Pero también artísticamente, si tengo que renunciar a hacer ciertas cosas, como hacer un flamenco básico, aunque gane menos dinero, pago gustosa ese impuesto. Es que a mí me gusta que la gente piense. Lo sencillo es necesario, sí, pero tengo vivencias e inquietudes, y quiero exponerlas. Y tal vez lo que yo hago para el público no sea tan fácil de entender, pero no quiero fallarme a mí misma.

¿Se le da al flamenco el espacio que debería o nos tenemos que conformar con lo básico?

Mi lucha ha sido siempre que el flamenco esté donde están las grandes músicas. Pero te hacen dudar y te hacen pensar que el flamenco es un arte para minorías, que no sería nada malo, pero que no es verdad. ¿Por qué no puede ser un arte para la humanidad? Me acuerdo muchas veces de Morente. Cuando nombraron al flamenco Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2010, él decía «¿y por qué no hacemos que la humanidad sea el patrimonio del flamenco?». Y esa es la lucha. ¿Por qué yo no puedo estar, por ejemplo, en la Ópera de París, exponiendo parte de una cultura tan identitaria? Con eso no quiero decir que a mí me moleste que el flamenco esté en un tablao; todo lo contrario: debe de estar en un tablao, pero también hay sed de teatro; el flamenco no se programa, y eso es muy injusto. Pero es que a veces también somos nosotros mismos los que tiramos piedras sobre nuestro propio tejado, cuando los festivales de flamenco te obligan a estrenar un espectáculo cada año, y eso es inviable: no da tiempo a asentarlo ni a rentabilizarlo; pero si no es de estreno, no lo quieren. Hay gente que dice que el flamenco está en su mejor momento, pero, con esta situación, yo no lo considero así.

El espectáculo «Yerbagüena (oscuro brillante)» es una especie de recorrido a través de las coreografías que han marcado su trayectoria. ¿Con cuál se siente más identificada?

Todas tienen una pizca de mí, de lo que creo, de lo que siento. Es verdad que todo el mundo me pedía la soleá… y yo no voy a bailar por soleá. Ha sido importante en mi carrera, pero necesito parar y bailar otras cosas. En este espectáculo bailo por alegrías, por tientos tangos, por tarantos… Hay un abanico amplísimo y la gente tiene que darse cuenta de que no pasa nada si no bailo por soleá. “Oscuro brillante” pasa por muchos palos y por muchos estados, desde lo más alto energéticamente hasta cuando estás derrotada físicamente, porque el flamenco también es eso, y es necesario que la gente lo vea. Es un espectáculo con mucha diversidad del que me siento muy orgullosa. Además, la base de todo es el cante, que es lo que de verdad conmueve.

Para poder ejecutar todo un espectáculo de baile en solitario, además de una forma física excepcional, es necesario un grupo de músicos de calidad y confianza que le de soporte.

Por supuesto. Yo tengo una cosa muy clara: tienes que rodearte siempre de gente mejor que tú y todo será como tiene que ser. Ellos son una parte vital del espectáculo y de su energía: lo que ellos transmiten tú se lo tienes que devolver. A fin de cuentas, el baile es solo un canal de transmisión de lo que el cante provoca, así que siempre está muy presente en mis espectáculos. También la guitarra, la percusión… Necesito moverme ahí, en una música que realmente me conmueva.

Aunque haya una coreografía establecida, parece que también hay espacio para un gran componente de improvisación, ¿es así?

Esto es como cuando le encargas a un arquitecto que te construya una casa, el arquitecto te la diseña conforme a tus necesidades, pero luego hay mil formas de amueblarla; partes de una estructura, pero luego hay espacios más acogedores, otros más fríos, otros más intensos… Para mí la coreografía es igual: construyes una estructura, hay remates que están muy pensados, montados y trabajados, pero luego hay un espacio para el cante y para una gestualidad donde tú simplemente te dejas llevar. Sin embargo, la improvisación comienza cuando tú empiezas en tu estudio una creación; en el momento en el que lo has hecho dos veces, eso ya no es una improvisación, es un registro que ya ha quedado fijo.

Muchas veces, creamos varios bloques que luego usamos en diferente orden, pero ya están montados, no tratemos de engañar a nadie.

Este espectáculo tiene un componente de revisión y reflexión. ¿Cómo se ve, desde esta perspectiva, el pasado y el futuro del baile flamenco?

Siempre trato de mirar hacia atrás y aprender de ello, y lo que veo es que hoy en día no vivimos como se vivía antes, es verdad, para bien y para mal, pero lo que queremos transmitir con el flamenco sigue existiendo y tenemos que tratar de ser nosotros mismos a la hora de exponerlo. Lo malo es que eso ya no se enseña. Antes costaba mucho poder ir a ver un espectáculo y, cuando salías, te quedabas dándole vueltas en tu cabeza a lo que habías visto; pero la memoria tiende a mezclar y a tergiversar, cada uno montaba en su cabeza una versión propia que, muchas veces, ni siquiera coincidía con los que habían estado contigo, y creabas a partir de lo que creías haber visto y sentido. Ahora, sin embargo, tenemos la posibilidad de ver lo que queramos una y otra vez y eso nos lleva a copiar. El futuro pasa porque tratemos de ser lo más personales que podamos.

¿Qué necesita saber alguien que se acerque esta noche por primera vez a un espectáculo de flamenco?

Que el flamenco es un medio de comunicación, es un medio para conmover, es un medio de hacer sentir. Y que no tengan miedo, que no traten de entender, sino que traten de sentir. Basta con eso.