2026 ABU. 18 GAURKOA Mantener el rumbo Josu IRAETA Escritor {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} Sin duda fruto inequívoco de su cuestionada “profesionalidad”, el deterioro y desprestigio de la clase política ha llegado a unos límites en los que difícilmente puede evitarse una pregunta concluyente: ¿A quién representan, para quién trabajan? No entiendo, que, cuando en términos políticos se califica el sistema actual como “democracia formal”, los hay que tuercen el gesto, molestos por considerarlo peyorativo. Sin embargo, si entendemos por democracia el ejercicio efectivo del poder por parte de una población no dividida ni ordenada jerárquicamente en clases, está claro que la sociedad en la que vivimos está lejos de la democracia. Por eso, cuando a la hora de denunciar la arbitrariedad, la injusticia, la represión, la burocracia o la corrupción se cita el “poder del Estado”, se entiende que estamos hablando de la administración, la policía, el ejército, los grupos financieros y eso tan difuso y maloliente que habitualmente se denomina “aparato” de Estado. Sin embargo, el poder político se ejerce también por mediación de instituciones que aparentemente no tienen nada en común con él, que aparecen como independientes, cuando en realidad no lo son. Y es que el poder político se infiltra mucho más profundamente de lo que muchos piensan. El poder cuenta con centros y puntos de apoyo “invisibles” y poco conocidos, de forma que su solidez y resistencia se puede encontrar donde uno menos piensa. No basta decir que tras el gobierno, el aparato de estado, se encuentra la clase dominante, es necesario ubicar los puntos de actividad, los lugares y formas bajo las cuales se ejerce esta dominación. Como esta no es simplemente la expresión en términos políticos de la explotación económica, sino lo que la hace posible, si queremos eliminar la primera, solo podemos hacerlo mediante el debilitamiento exhaustivo de la otra. No hay otro camino. Es a partir de aquí donde intervienen los “agentes” en el sistema, actores necesarios sin los cuales la dominación política expuesta con anterioridad no tendría efecto y la consecuencia económica se vería seriamente debilitada. Aunque es cierto que no generan riqueza, no puede negarse que son maestros en la especulación y que, acostumbrados a la dificultad de la supervivencia, cuando acceden a gestionar poder no resulta sencillo conseguir apartarles del mismo, ya que muestran la polivalencia suficiente para, manteniendo intactos sus proyectos e “ideologías”, conseguir no ser, sin dejar de serlo, lo que les permite prosperar. Y es que la honradez compite con muchas dificultades en la política vasca. Me estoy refiriendo a las formaciones políticas que con su actividad influyen en el espectro económico, social, cultural y político en el sur de Euskal Herria. Los que, sumados al sistema educativo en general y universitario en particular -y a pesar de las décadas transcurridas-, conforman el “nacedero” intelectual al servicio del sistema. De todas ellas, una de las más veteranas y prestigiosas la preside el Sr Aitor Esteban. Y afirmo al servicio del sistema porque hoy como en el último medio siglo la formación que él preside ha mantenido una línea de actuación política que evita que en las instituciones que desde hace tanto tiempo gestionan se tomen decisiones que puedan cuestionar la estrategia de Estado del nacionalismo español. Esto no es nuevo, viene de lejos, pues a lo largo de la historia la naturaleza del conflicto en el que estamos inmersos, los diferentes protagonistas y su época han dependido y dependen de muchas circunstancias, pero hasta el día de hoy el resultado siempre ha sido el mismo; el surgimiento de una estructura estable del reparto del poder liderada por el PNV, que concilia los intereses de una elite vasca, con la política diseñada por el poder central español. Así es como, tras cincuenta años de gestión institucional, hoy se asemeja mucho a los grandes y lentos galeones utilizados para el comercio en el siglo XVI. Cierto que su velero, últimamente anda “mal de trapo”, pero siguen manteniendo una estructura compacta con la que controlan y distribuyen recursos, influencia y privilegios. No debería extrañar, pues, que mantengan duras y sordas luchas internas (algunas no tanto) por formar parte de su dotación y sus adyacentes espacios de poder. Y es que, en las formaciones políticas actuales, su adecuación al sistema -no en pro de profundizar en democracia, sino de enquistarse en el mismo- ha perdido gran parte de su primigenia formulación ideológica. De hecho, los ideólogos han sido sustituidos por abogados, sociólogos y economistas que marcan el tempo y los cauces a seguir. Así se convierten en funcionarios muchos de sus cuadros y dirigentes, y otros aspiran a serlo. Mantener a viento y marea, en Gasteiz y en Madrid, tan alto grado de “profesionalidad” es más propio de quien está acostumbrado a remar a favor de ola que de quienes lo hacen proa a mar abierto. Los vascos vivimos mirando al Cantábrico, y eso supone conocer que no es fácil mantener el rumbo y cabalgar mucho tiempo sobre la ola. Han transcurrido más de cinco décadas y quienes durante estos largos años hemos llenado las cárceles francesas y españolas seguimos asemejándonos a los arrantzales pobres, a los que salían a la mar con muy poco cebo y volvían a tierra con la bodega medio vacía. Con esto quiero decir que reconocer el trabajo es importante, pero no basta con sacrificarse, sufrir y seguir. Es mucho, pero no suficiente. Hoy en la tarea hay que incluir “exponer” al PNV ante la sociedad vasca. Enseñar con claridad su estrategia, para qué, por qué y para quién trabaja. Por pura economía de esfuerzos y con la experiencia acumulada, opino que hoy trabajar en la línea de atraer al PNV a una confluencia de intereses no es rentable. Más claro, lo considero una estrategia caduca y errónea, además de poco inteligente. Estamos poniendo fin a un ciclo y -como estaba previsto- son otros los que están saqueando el barco. Cierto, no estamos donde queríamos, no hemos podido, pero no vamos a entrar donde algunos quieren que entremos. Seguramente es cierto que debemos renovar la dotación, pero el barco sigue siendo tan válido como ayer. Tampoco voy a negar que a bordo hay quienes -legítimamente- piensan que para llenar las bodegas quizá deberíamos virar la caña a estribor, pero no lo haremos. No vamos a cambiar de rumbo. Buscaremos colaboración y desarrollaremos la política necesaria que nos permita sumar y llegar, pero no somos mercaderes, mantendremos el rumbo.