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DE REOJO

Islandia es una isla


Debe de ser un efecto óptico, pero en las últimas consultas en las urnas en diferentes lugares del globo terráqueo se demuestra la polarización existente en los resultados que se ganan por una diferencia mínima. Los islandeses han dicho no a la posibilidad de iniciar negociaciones para integrarse en la Unión Europea. Y esta negativa es celebrada por los partidos de extrema derecha europeos y algunos centros de poder global que buscan el debilitamiento de la opción Europa como un polo de referencia democrática, industrial, económica e integradora.

Pero Islandia es una isla muy al norte, situada en medio de lo que se va consolidando como la nueva ruta entre Asia y Europa por el Ártico, debido, precisamente, a la emergencia climática que va deshelando parte de los bloques que impedían la navegación. Asunto que es de una importancia estratégica indudable y que viene a reforzar el interés de Trump en otra isla, un poco mayor, que se llama Groenlandia. Las guerras en los estrechos se van a ir incrementando porque las potencias hegemónicas necesitan controlar materias primas y rutas de comunicación para las mismas y las manufacturas logradas con ellas.

Así que la «armada solidaria» de Marcos de Quinto y sus colegas tienen dispuestos sus yates para interceptar a cualquier invasor. Ellos, por una mariscada y un buen espumoso, dan la cara y hacen el ridículo de manera esforzada. Aparecer con un botellín de cerveza en la mano es un escudo de armas. En Catalunya, al botellín de cerveza se le llama quinto. Ceuta no es una isla y no la pueden rodear con sus bergantines.