2014 OTS. 07 Cuando los baskonistas dividieron su corazón entre Perasovic e Ivanovic La derrota en semifinales de la Copa de 2007 tenía el aspecto de ser la sentencia de Velimir Perasovic, hospitalizado tres días más tarde y cortado en favor de Maljkovic en marzo. En la cancha, la afición baskonista se volvió culé ante el Dusko Ivanovic más tierno y humano. Arnaitz GORRITI Era un 13 de febrero de 2007 y saltaban todas las alarmas. Velimir Perasovic, a la sazón entrenador de Tau Baskonia, debía ser hospitalizado de urgencia aquejado de una angina de pecho. El técnico de Split, «sentenciado» para Josean Kerejeta según se rumoreaba en los mentideros gasteiztarras, se había empezado a sentir mal la noche del lunes y había telefoneado a Alberto Fernández, médico del Baskonia. Este, después de atender al preparador croata, decidía hacerlo ingresar en Txagorritxu, en el que se confirmaba el diagnóstico de una angina de pecho. Aquel día, al mismo tiempo, se acabó Velimir Perasovic como entrenador baskonista. Había llegado a la Copa en segunda posición, con un balance de 15-2, y logrado otro buen balance, 12-2, en la primera fase de la Euroliga. Pero lo cierto es que el juego distaba de ser lo prometido. Zoran Planinic, rutilante fichaje tras la decepción de Ukic, no terminaba de dar la talla -lo haría con Spahija, el año siguiente-, Erdogan y Rakocevic acabarían enfrentados siendo el turco quien, por la puerta falsa, tendría que irse, arrastrando a otro turco, el pívot Kaya Peker, en su caída. Fred House no era más que un buen complemento en el puesto de alero, mientras que Mirza Teletovic comprobaría lo duro que es el baloncesto de élite. Josean Kerejeta tuvo que enviar a Diego Fajardo a Donostia porque le quitaba minutos al bosnio. Con Boza Maljkovic, inquilino del banquillo gasteiztarra tras el transitorio -y exitoso- paso de Natxo Lezkano durante la baja de Peras, le fue peor: se trajo a Lou Roe para los play offs, hundiendo al joven ala-pívot en el banquillo, sin que el veterano fuera diferencial para nada. De hecho, aquella temporada, con una calamitosa Final Four en Atenas y la derrota ante el Barcelona en play offs -al desempate en Zurbano, después de una serie durísima- acabaría de una forma más que agria en el seno gasteiztarra. El 13 de febrero saltaban todas las alarmas, tres días después de caer por 72-74 en las semifinales coperas ante el Real Madrid, un duelo muy parejo en el que los gasteiztarras dejaron ir un 31-21 favorable merced a los 17 puntos de Bullock y los 15 y 9 rebotes de Felipe Reyes. El 3 de marzo, con Velimir Perasovic aún de baja, Saski Baskonia, a través de su presidente Josean Kerejeta, confirmaba la «suspensión temporal» del técnico de Split. ¿Y qué pasó en la Copa? Y la vida siguió, y Perasovic volvía a los banquillos de Estudiantes, Cibona, Efes Pilsen y, finalmente, Valencia Basket, sin que su salud, afortunadamente, se haya resentido, mientras que su prestigio en el gremio empieza a adquirir más y más enteros. Mientras, la Copa de 2007 fue el único trofeo conquistado por Dusko Ivanovic como entrenador del Barcelona, en una edición extraña en el que un jugador tirando a gris y de endeble físico como Jordi Trías terminaba siendo el indiscutible MVP del torneo. Fue una Copa maestra del técnico de Bijelo Polje, en el que explotó mejor que nunca el físico escurridizo y el talento pasador tanto de Trías, como del gallego Fran Vázquez y el griego Kakiouzis para martirizar las defensas rivales, con saña especial las zonas -asesinos silenciosos que campaban por la línea de fondo-. Y además parecía jugar en casa; es decir, en Gasteiz. Barrió a Unicaja la primera jornada por 62-77, rompiendo el partido a partir del primer cuarto. En semifinales, el Joventut tampoco fue rival, y acabaría cayendo por 70-84. Rudy Fernández se quedaba demasiado solo ante un Barcelona que rompía el derbi catalán con un parcial de 11-28 después del descanso. Pero el mayor gustazo de Ivanovic llegaría en la final, una final en la que dejó ver su lado más tierno y humano cuando después del partido correspondía al sincero abrazo de su hija a pie de cancha. En primer lugar el Barça, ahogando desde inicio al Real Madrid de Joan Plaza -que al cabo se haría con la Liga ACB- se imponía por 53-69, tras romper la final con un primer parcial de 5-21. El Martín Carpena malagueño se convirtió en Zurbano ante los inacabables «¡Dusko, Dusko!» de los aficionados baskonistas, que vieron al técnico montenegrino agradeciendo públicamente a una hinchada que aún era suya. A Velimir Perasovic, en cambio, se le agrietaba su corazón baskonista.