2014 OTS. 13 Murió Santiago Feliú, la voz de la Novísima Trova cubana El cantautor cubano Santiago Feliú, uno de los grandes del movimiento conocido como la Nueva Trova, falleció ayer en La Habana a los 51 años de edad a consecuencia de un infarto. GARA LA HABANA Santiago Feliú fue uno de los grandes de la Nueva Trova Cubana, donde su impronta de hippie coherente dejó influencias marcadas por el rock, su zurda sobre la guitarra y una visión desgarrada de la vida. Su inesperada muerte consternó hoy al mundo cultural cubano, en el que era una especie de autor de culto que no creía en la fama y ofrecía espaciados conciertos a un público fiel que lo llamaba «Santi», «El Eléctrico» o «Santiaguito». «Hace una hora se lo llevó un infarto», anunció ayer el trovador Silvio Rodríguez en su blog Segunda Cita, y añadió que había recibido una llamada telefónica a las 4 a.m. con la mala noticia. «Pienso que ojalá sea un equivocado. Desde una conciencia adormecida el instinto de conservación lanza ese pensamiento. Si esa llamada no es error, ¿qué buena noticia te pueden dar a las cuatro de la mañana?», se preguntó Rodríguez, amigo personal y mentor de Feliú. «El instinto no traiciona, no miente, viene de un lugar ignoto pero corta como navaja». Nacido en La Habana el 29 de marzo de 1962, Feliú era hermano menor del también músico Vicente Feliú, cuyos conciertos con amigos y fundadores de la Nueva Trova Cubana como Silvio Rodríguez y Noel Nicola presenció desde niño. Muy pequeño aprendió a tocar la guitarra con la zurda, un detalle que marcaría en el futuro su estilo sobre los escenarios, y en la adolescencia decidió dejar la escuela para dedicarse a la música. Sus composiciones, con una poderosa carga lírica e influencias del rock y la trova tradicional cubana, irrumpieron a finales de la década de los setenta como parte de lo que se llamaría la segunda generación de la Nueva Trova o la Novísima Trova. Feliú conformó ese grupo junto a otros músicos como Carlos Varela, Gerardo Alfonso y Frank Delgado, distinguiéndose por una obra que combinó el absoluto lirismo con textos más severos y sobrios sobre el amor, los problemas sociales o la política. «Ay la vida» Sus composiciones se resumen en once discos grabados en estudio y en vivo. Destacan «Vida» (1986), su fonograma debut, y otra grabaciones como «Náuseas de Fin de Siglo» (1991), «Ansias del Alba» (1997), «Sin Julieta» (2002) y «Ay la vida» (2010), su última producción. Denominado «un hippie del comunismo» por el autor cubano Juan Pin Vilar en un libro dedicado a su figura, Feliú fue siempre visto como un rebelde y un utópico, muy ligado a lo -underground-. Se movía al «otro lado de la vida» y era adicto al «bajo cero», como él mismo describió alguna vez su afición por ciertos estados de depresión o tristeza musical. Siempre mostró interés y compromiso con los movimientos sociales, desde la revolución cubana hasta acercamientos con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y al M19 de Colombia. Era uno de los trovadores cubanos con mayor poder de convocatoria en Latinoamérica, y acompañó en sus giras a cantautores como Joan Manuel Serrat, Luis Eduardo Aute, Fito Páez, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez. Vivió en países como Colombia y Argentina, nación a la que consideraba su «segunda casa» y donde se ganó el título del «más porteño de los habaneros». En Casa de las Américas de La Habana celebró en 2012 sus 50 años de vida con un concierto único que fue abarrotado por seguidores de todas las edades. En una entrevista concedida a propósito de esa actuación, sostuvo que sus canciones eran «para mayores de 40 y para jóvenes muy intuitivos» y afirmó que más de la mitad de su público vivía fuera de Cuba aunque también sabía que lo seguían «muchos jovencitos». Su próxima presentación estaba prevista para este sábado en La Habana, como parte del espacio Fábrica de Arte Cubano, un proyecto de su colega el músico X Alfonso. Medios oficiales informaron de que el cadáver de Feliú será incinerado. Ayer un grupo de trovadores le recirdñi en la sede del Instituto Cubano de la Música en La Habana.