2014 API. 03 Despedido de Ormazabal se concentra todos los días ante la sede del grupo Martín Fernández, junto a su esposa Pilar García de la Torre, se concentran cada día en el Parque Tecnológico Bizkaia ante la sede del Grupo Velatia para exigir la readmisión en la empresa Ormazabal de Igorre, tras ser despedido en diciembre junto a otros cuatro trabajadores más. Juanjo BASTERRA «Quiero que me readmitan. No acepto un despido improcedente, como ofertó la empresa en el acto de conciliación. Los despidos tuvieron un objetivo claro de acojonar a la plantilla, pero voy a seguir con las protestas delante del Grupo Velatia, al que pertenece la planta de Ormazabal en Igorre donde he trabajado 16 años. Quiero denunciar esta injusticia». Así resumió Martín Fernández a GARA lo que le ha ocurrido. Ayer contó con el apoyo de sindicalistas de ELA, que se unieron a su protesta en el Parque Tecnológico de Bizkaia. La central sindical denunció el despido de cinco trabajadores, «argumentando baja productividad» y criticó que «nadie del grupo les ha recibido». Cada mañana, de lunes a viernes, Martín Fernández y su esposa, Pilar García de la Torre, dejan a sus hijos en clase y se colocan ante la sede del Grupo Velatia en el Parque Tecnológico Bizkaia pidiendo su readmisión. «Estamos mi mujer y yo desde las 10.00 a las 12.30 más o menos. Vamos a continuar». Su esposa señaló que está padeciendo los efectos de las crisis «de forma directa, desde que el pasado 3 de diciembre Ormazabal, del grupo Velatia despidió a mi marido y a cuatro trabajadores más de los 300 empleados que forman su plantilla de Igorre. Estrategia empresarial que viene dada -explica- por una decisión unilateral que en ningún caso responde a la situación empresarial, ya que tras plantear diferentes alternativas para la readmisión de los despedidos, sigue sin dar un paso para atrás». Lo tiene claro: «Sencillamente la empresa Ormazabal se suma al carro de la crisis, ya que con estos despidos lo único que intenta conseguir es robarme mis planes de futuro y mis sueños, desilusionarme y meterme miedo. Miedo, en sentido de incertidumbre, ya que no se me había pasado por la cabeza que lo que ha ocurrido me podría alcanzar alguna vez». Ambos recordaron ayer que el grupo cuenta con más de 3.000 empleados y que factura mas de 575 millones y repartió el año pasado 41 millones en dividendos. «No es un problema económico sino de imposición».