2014 UZT. 24 Udate Se lo merece Mikel INSAUSTI Zinema kritikaria El pasado domingo la noticia del fatal accidente sufrido por Álex Angulo nos pilló a todos por sorpresa, sin tiempo material para reaccionar. A la carrera hubo que escribir unas líneas apresuradas, poco menos que un elogio improvisado a un gran actor del que tocaba despedirse en medio del aturdimiento y la incredulidad. En los días posteriores se han sucedido innumerables muestras de cariño, e impresiona comprobar lo querido que era dentro de la profesión. Pero todavía emociona más ver la reacción de la gente en la calle, gracias a que su imagen resultaba perfectamente identificable por parte del público, que sentía al de Erandio como a alguien cercano y entrañable. Lo único que se me ocurre, además de sumarme al agradecimiento general a su inmensa generosidad para con nosotros los espectadores, es constatar que permanecerá como un ejemplo vivo del oficio de actor. Álex Angulo representa al característico, aquel que no necesita ser protagonista para dejar huella con sentidas interpretaciones. También atesora el don de la comicidad, de saber hacer reír sin necesidad de pretender ser gracioso, sacando partido de un físico tan alejado del prototipo del galán. Su estatura moral suplía en centímetros a la de su recortada figura, porque suele ocurrir que los que mejor hacen los papeles de cascarrabias son en realidad unos buenazos. No lo digo yo, sino los que tuvieron la suerte de conocerle y de trabajar con él. Como Ramón Barea y los teatreros de los tiempos heróicos, o como Álex de la Iglesia, que supo ver en él a un tipo que se crecía ante la cámara.