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Maidan


Cuando «la voz» que pretende mostrarse es colectiva existen muchos caminos distintos para sublimar este punto de vista. La apuesta formal del realizador Sergei Loznitsa en «Maidan» es uno de esos brillantes ejemplos de cómo se puede hacer llegar hasta la pantalla grande el corazón de una revuelta. Loznitsa retrata, convirtiendo en invisible observadora a la cámara, la esencia de lo que allí sucedió como si de «tableaux vivants» se tratase para, más tarde, explotar con los acontecimientos y viajar con ellos cuando la violencia estalla. La voz es colectiva, las gentes, y no los individuos, son protagonistas de este documental que consigue contarnos algo o mucho de lo que sucedió en la plaza de «Maidan», en Kiev. Durante tres meses a partir de noviembre del 2013 la cámara siguió los acontecimientos para rodar una película no esperada que finaliza con la salida del país del presidente Viktor Ianoukovitch. El viejo sueño del cine ruso, «el pueblo como héroe», parece hacerse realidad en este documento audiovisual. Medio millón de personas reunidas y la cámara contemplando, nosotras mirando la pantalla, entrando en la plaza. «Maidan es un enigma para mí, aún lo tengo pendiente de resolver», dice el autor de «My joy» en el dossier de prensa que realizó para Cannes. El documental funciona como una puerta que invita a investigar el sentido último de la revuelta que algunos situaron en el ámbito de influencia de la ultraderecha. Pero esa es otra historia. El martes 27 en el Principal de Donostia podréis verla con vuestros propios ojos.