2015 OTS. 08 PRIMER ANIVERSARIO DE LA TRAGEDIA El Tarajal exige justicia al grito de «ninguna persona es ilegal» Una manifestación en Ceuta en memoria de las víctimas de El Tarajal y en protesta por las políticas migratorias represivas españolas y europeas puso fin a los actos en conmemoración del primer aniversario de la tragedia. Era una tarde gris y lluviosa de febrero, algo no muy común para el norte africano. Parecía que los elementos no estaban a nuestro favor, pero la gente iba apareciendo por goteo desde las filas de taxis que llegaban a la puerta del Centro de Estancia Temporal para Inmigrantes (CETI). La seguridad del centro se amontonaba nerviosa en las puertas, poco acostumbrada a estas multitudes. Migrantes subsaharianos comenzaban a salir para unirse a la marcha y recordar a sus colegas caídos. «Vuestra presencia hoy aquí nos llena de inspiración y nos da energías para afrontar el futuro. A menudo nos olvidamos de que no estamos solos» diría más tarde, megáfono en mano, un migrante del CETI ante el público presente. Eran unas 500 personas provenientes de todas las esquinas del Estado las que se habían concentrado en la ciudad autónoma de Ceuta. El objetivo: recordar a las víctimas de la ya conocida como «La Tragedia del Tarajal», que recibe su nombre de la playa fronteriza con Marruecos donde hace exactamente un año varios migrantes subsaharianos intentaron cruzar a nado. Fue un intento desesperado de atravesar la valla que separa Europa de África. Se tardó mucho en saber lo que realmente ocurrió aquel día y sigue habiendo demasiados detalles sin esclarecer. Lo que se sabe se ha logrado reconstruir gracias al testimonio de varios supervivientes y a la labor de recolección de datos e investigación que han realizado varias ONG sobre el terreno. Conforme a esto, sabemos que aquella trágica mañana de febrero unos 300 migrantes provenientes de diversos países del África Subsahariana salieron del cercano campamento de Cassiago para entrar en Ceuta y materializar su sueño de llegar a Europa. Rutas alternativas La valla de Ceuta, a diferencia de la de Melilla, es prácticamente inexpugnable debido a que en su construcción se ha aprovechado el relieve del terreno. Las infinitas líneas de concertinas colocadas por el Gobierno de Zapatero en la valla recuerdan el precio que uno puede pagar si intenta lo que no debe. Esto provoca que los migrantes intenten caminos alternativos al salto. Aquel día, el plan era el puesto fronterizo del Tarajal, la única brecha en la muralla. Por desgracia, la Gendarmería marroquí presente en la valla interceptó al grupo y rápidamente se desplegaron por la entrada bloqueando el intento, con lo que el grupo que iba llegando tuvo que dispersarse. Unos 200 se tiraron a la playa tratando de aprovechar el caos, y los que lograban burlar a los gendarmes se tiraban al mar para bordear el espigón que supone la última prueba antes de pisar suelo «español». Apostados al otro lado esperaba un pequeño contingente de guardias civiles que tras dar el alto a los nadadores, no dudaron en usar material antidisturbios, pelotas de goma y gas lacrimógeno, contra las personas que se encontraban en el agua. Los impactos en la cara y zonas vitales provocarían el fallecimiento de al menos 15 personas. 27 escaparon de la muerte y llegaron a la playa española, pero fueron devueltas «en caliente» por la Guardia Civil. Mentiras oficiales Esa misma mañana el Ministerio de Interior emitía una nota negando cualquier participación de la Guardia Civil y alegando que los migrantes nunca llegaron a atravesar el bloqueo de los militares marroquíes, desvinculándose de lo ocurrido. Pero una grabación de un vecino, los testimonios de los supervivientes y los cadáveres que iban apareciendo en la playa española contradecían la versión oficial. Tras la aparición de pruebas e investigaciones periodísticas, las versiones del Ministerio fueron cambiando numerosas veces en el mismo día y en los días posteriores, de forma profundamente incongruente, intentando evadir todas las responsabilidades posibles. Grupos como la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía hablaron de «intoxicación informativa sin precedentes». La ONG Caminando Fronteras realizaría una escrupulosa labor de investigación poniendo nombre y apellidos a las víctimas. Aunque pasado el tiempo se pudo establecer en 15 el número de víctimas mortales demostrables, más de 50 personas continúan desaparecidas. El Gobierno obstruyó todo intento de investigación, llegando a negar que existieran cámaras de seguridad en la frontera cuando algunos medios se lo pidieron. Para cuando las imágenes fueron por fin sacadas a la luz, la verdad ya era obvia: habían muerto debido a la acción de la Guardia Civil. Tras el revuelo creado incluso a nivel europeo, se abrió una investigación que llevaría la jueza María del Carmen Serván del Juzgado de Instrucción número 6 de Ceuta. En noviembre, varios familiares de las víctimas se personaron como acusación y en diciembre la jueza pidió trasladar la investigación a la Audiencia Nacional considerando que los hechos tuvieron lugar en aguas marroquíes. A un año de la tragedia, la Audiencia Nacional rechaza la petición de la jueza al considerar que no hay pruebas suficientes. Al margen de las investigaciones oficiales, numerosas ONG consideran hoy que las pruebas hablan por sí solas, y de ahí surgió la convocatoria para el aniversario de la tragedia. Aunque la iniciativa surgió de Ceuta, varias ciudades europeas se adhirieron a la convocatoria de acciones, como Londres, Dusseldorf y, sobre todo, Berlín, donde la Coalición Internacional de Sin Papeles y Refugiados (CISPM) ha organizado una semana de actividades, conferencias, charlas y protestas en protesta por la Tragedia del Tarajal. En el Estado español varias acciones se han llevado a cabo en Bilbo, Barcelona, Madrid, Asturias o Valencia. Por su parte, en Tánger, donde el recuerdo de la tragedia aún se mantiene fresco, grupos como el Conseil d'Inmigrants o la Organización Democratique du Travail han participado en una jornada conmemorativa en la que han intervenido víctimas, supervivientes, testigos y amigos de los fallecidos aquel día. Una exposición de fotos sobre la migración en la Frontera Sur, música y una misa de recuerdo cerraron el acto al que asistieron numerosos subsaharianos. Mensaje a los que esperan En Ceuta la manifestación recorrió las calles con gritos de protesta para terminar en aquel mismo espigón de la playa del Tarajal, en la que en semanas posteriores a la tragedia seguían apareciendo cadáveres flotando, según relatan los vecinos. Los manifestantes, en un ambiente serio y emotivo, llenaron ese tramo de la valla con carteles que apelaban a la justicia, recordando que tras un año no se han depurado responsabilidades ni aclarado los hechos. Al grito de «ninguna persona es ilegal», se coloco una placa conmemorativa al lado de la valla, se leyó un comunicado en árabe y castellano, se escuchó una canción compuesta por un superviviente y, para terminar, una serie de lámparas aerostáticas fueron lanzadas al aire para honrar a los muertos y mandar un mensaje de solidaridad a los migrantes que todavía esperan en el cercano Cassiago a tener su oportunidad de alcanzar Europa y, esperemos, salir con vida del intento.