2015 MAR. 09 Artxanda reclama medidas para revitalizar ese área de esparcimiento La degradación que sufre Artxanda, el parque más grande del Botxo, preocupa a los vecinos, que demandan un plan estratégico de revitalización apoyado por las instituciones y que atienda las necesidades de los bilbainos y no intereses especulativos sobre esa área. Agustín GOIKOETXEA Artxanda ha sido durante décadas espacio de recreo y pulmón verde del congestionado Botxo. Muchas generaciones han disfrutado de sus campas, jardines, miradores, merenderos, o simplemente han acudido a alguno de los restaurantes que en ese popular monte se ubicaban o al polideportivo municipal, el primero que se construyó en la capital vizcaina, en 1974. Nadie duda de que es un área de oportunidad de Bilbo pero mientras la mayoría la circunscribe como zona de ocio a escasos cinco minutos del centro si ascendemos en funicular, no son pocos los que ven negocio unido a un futuro desarrollo urbanístico mientras no se hace nada para un cuidado básico. En 1999, cuando PNV y PSE gobernaban en la Diputación vizcaina, quedó sobre la mesa un megalómano plan urbanístico -la inversión rondaba los 7.218 millones de pesetas de la época- para habilitar más de 110 hectáreas de superficie para uso recreativo y deportivo, con instalaciones como un parque de atracciones, planetario, casino y campo de golf. Tras ese proyecto que se vino gestando desde 1982, el ex diputado general José Alberto Pradera propuso en unas elecciones a la presidencia del Athletic en 2004 construir en Artxanda, en la zona de Berriz, una nueva ciudad deportiva que sustituiría a Lezama, cuyos terrenos, según la propuesta del empresario jeltzale, se enajenarían. Sabía de lo que hablaba, dirigió el Gobierno foral de 1987 a 1995. En el contexto de los próximos comicios, los vecinos han pedido a los grupos políticos que incluyan en sus programas el compromiso de ayudar a revitalizar Artxanda para poder explotar sus potencialidades. Preocupa su progresiva degradación, aunque reconocen que algunas cuestiones se resolverían con un adecuado mantenimiento de las infraestructuras ya existentes, o de mejorar el tránsito peatonal no solo en la zona comprendida entre el funicular y San Roque, sino también en la carretera de Enekuri a Santo Domingo y barrios limítrofes. Además, demandan un plan global. Propuestas vecinales La Plataforma Artxanda ha elaborado un dossier en el que recogen propuestas, como que se amplíe el acceso desde el funicular, priorizando al peatón sobre los vehículos. Se quejan de que coches, autobuses y furgonetas de reparto ocupan arcenes y lugares de paso, dificultando el tránsito a las personas. Denuncian que las aceras, además de estrechas, tienden a terminar «de forma abrupta, sin rampas de acceso, y en muchísimos puntos están invadidas o escondidas por los coches aparcados». Asimismo, solicitan que se limite la velocidad en la carretera Enekuri-Santo Domingo, para que los vehículos dejen de invadir los arcenes, y se instalen varios pasos de cebra en ese trayecto. También estiman que al centrarse en los problemas del tráfico rodado y el aparcamiento, los ayuntamientos de Bilbo y Sondika -de quienes depende este entorno- «han creado sin quererlo una serie de zonas poco atractivas, inseguras y difíciles de utilizar». Citan, por ejemplo, la pista de fitness que se anuncia frente al polideportivo y que es imposible de recorrer. «Realmente -explican- consiste en una serie de tramos estrechos y mal pavimentados de acera, con ángulos sumamente agudos, que terminan de forma abrupta y que a veces están invadidos por los morros de los coches aparcados en batería». No en mejor estado se encuentra la pista de patinaje junto al funicular, cuya cubierta tiene grandes goteras que entienden son fáciles de reparar y que impedirían que «en poco tiempo sea inservible o muy peligrosa para los usuarios». Preocupa el abandono del edificio del antiguo restaurante San Roque, propiedad del Consistorio bilbaino, que ha acarreado actos vandálicos. Desde la plataforma se propone que los aproximadamente 2.500 metros cuadrados de superficie que tiene hábiles el inmueble, repartidos en dos plantas, se destine a un equipamiento multiusos con ludoteca, salas de ensayo para grupos de música, aulas para talleres y un rocódromo interior. Apunta a que esa misma fórmula ya se emplea en distintas ciudades europeas. Se pide que se esmere el cuidado y mantenimiento de las zonas infantiles existentes, habilitando una infraestructura para mayores de 12 años y instalando una cubierta en las otras que sirva para estar a resguardo frente a la lluvia y colocando bancos.