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IKUSMIRA

Bombón de morcilla


Por motivos personales que quizá cuente otro día, el caso es que el domingo pasé por la AP-1 para aligerar un viaje de regreso a casa que duraba ya unas cuantas horas. Asfalto nuevito y túneles de hasta tres kilómetros bien acondicionados. Ideal. En cierto tramo me acordé de las supuestas irregularidades cometidas durante su construcción, detectadas por la actual Diputación de Gipuzkoa, y de la presunta malversación de 3,4 millones de euros. Un dinero con el que, insisto, al parecer, guipuzcoanas y guipuzcoanos pagamos por unos trabajos que nunca se ejecutaron.

Por motivos personales que quizá cuente otro día, aquellos pensamientos me llevaron al bombóm de morcilla que horas antes había degustado en Aranda de Duero, en Burgos. El nombre despistaba, y su aspecto también. ¿Es dulce? ¿Salado? ¿Es de chocolate? Había que probarlo para descubrir qué era. Se trataba de un trampantojo, es decir, que nada era lo que parecía.

Y nunca pensé que la morcilla y el asfalto podrían guardar relación, pero un efecto similar ocurrió con los documentos firmados que certificaban un movimiento de tierra del tamaño del estadio de fútbol de Anoeta. Sin embargo, el depósito Basagoiti-II donde debía haberse depositado todo aquello estaba vacío.

Aquellos papeles resultaron ser un trampantojo cuya receta tendrá que investigar y desgranar un juzgado de Azpeitia. Por allí pasarán mañana por la mañana en calidad de imputados Agustín Zugasti, ex director técnico de Bidegi; Iván Fernández de Landa, responsable de la UTE Laurena, encargada de las obras; y Juan Bautista March Fabregues, directivo de la ingeniería Eptisa-Cinsa.

Además, de forma paralela, las JJGG de Gipuzkoa celebrarán el viernes la primera cita de la comisión de investigación creada ex profeso para determinar las responsabilidades políticas de un trampantojo que ha indigestado unos cuantos estómagos y algunas siglas. Desconozco si también conciencias. Ojalá.