2015 MAR. 17 Elkarrizketa COLIN FIRTH PROTAGONISTA DE «KINGSMAN» «Al ofrecerme el papel lo medité profundamente... unos 30 segundos» En dramas como «El discurso del Rey», que le brindó el Óscar, o en comedias como en «El diario de Bridget Jones», Colin Firth siempre ha hecho de la contención virtud, pero en «Kigsman: Servicio Secreto» el actor británico se desmelena y demuestra sus «habilidades físicas» Magdalena TSANIS (Efe) MADRID Sin perder un ápice de su inquebrantable elegancia, Firth dispara, corre, da puñetazos y salta por el aires en esta comedia de acción que es algo así como un homenaje gamberro a las películas de James Bond, bajo la batuta de Matthew Vaghn («X-Men: Primera Generación», «Kick Ass»), un director al que el actor no se pudo resistir. «Cuando me ofrecieron el papel lo medité profundamente... durante unos 30 segundos», bromea con el rostro imperturbable y, después de una pausa añade: «Ni siquiera vi el guion, fue una conversación con Matthew, pero estaba bastante seguro de que quería hacerlo». En realidad ya había demostrado que los retos le estimulan en «Mamma Mía», donde se lanzó a cantar las canciones de Abba -no es nada fan del grupo sueco- o en «Un hombre soltero», la ópera prima del diseñador Tom Ford, en la que puso rostro y verdad al duelo de un profesor de literatura gay en los EEUU de los 60. Esta vez la mayor dificultad ha sido ponerse en forma para las escenas de acción. «Al principio pensé que no sería capaz y que tendría que recurrir a un especialista en todas las escenas de acción, mientras yo esperaba en mi caravana», admite. Pero el director y los propios especialistas le convencieron. «Fue mucho esfuerzo, dolor, intimidación y resistencia por mi parte. Al principio no quería, no me gusta sufrir, tengo más de 50 y nunca he hecho escenas de acción, pero conseguir lo que he conseguido es muy satisfactorio», confiesa. Hasta tal punto está satisfecho que no le importaría repetir. «Aprender una nueva habilidad física siempre es difícil. Pero llegó un momento en que fue mucho más divertido y me sentía más capaz, y me encantaría volver a hacerlo», dijo. La posibilidad de una secuela está ya sobre la mesa. Basada en un cómic de Mark Millar, «Kingsman: Servicio Secreto» cuenta la historia de una organización secreta de espionaje que recluta a un chico callejero (Taron Egerton). El enemigo a batir es Richmond Valentine, un multimillonario genio de la tecnología cuyo plan para salvar el mundo implica aniquilar la raza humana, al que da vida y singularidad un impecable Samuel L. Jackson. Otro gentleman del cine británico cierra el círculo de estrellas, Michael Caine que, a sus 81 años, ejerce de máxima autoridad de Kingsman. Sin renunciar a una buena dosis de brutalidad, la cinta juega con todos los clichés del género de espías: la amenaza mundial, el elitismo, la caballerosidad y los trajes a medida, la testosterona y los artilugios tecnológicos: paraguas que disparan balas, mecheros que se convierten en granadas o zapatos con cuchillas desplegables. «Es un homenaje pastiche a las películas de espías de los 60 y 70», dice, mucho más «extravagantes y kitsch» que las que se hacen ahora y que a él le embelesaban cuando era niño. «Hay algo romántico en esa figura infinitamente valiente y solitaria, que puede con todo, es encantador y a la vez capaz de hazañas físicas extraordinarias. Cuando tienes 8 años y no dispones de ningún poder en absoluto, una figura con tanto poder te atrapa, sea un superhéroe o James Bond», comenta. «Si te lo tomaras en serio y sicoanalizaras a Bond, probablemente llegarías a la conclusión de que es un sicópata, pero no lo tomamos en serio», añade. «Lo bonito de esta película es que hay que mucha diversión en ella, si no la examinas a la luz de la realidad». ACCIÓN. Firth cuenta que la mayor dificultad ha sido ponerse en forma para las escenas de acción. «Fue mucho esfuerzo, dolor, intimidación y resistencia por mi parte», comenta.