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JO PUNTUA

La pitada «nacional»

No se preguntan, porque no procede, por qué miles de gargantas resuellan con estrépito contra un determinado himno. ¿Explicarlo? No, nunca. Es un problema de «educación»


Ha querido el hado que en sólo seis años se enfrenten tres veces el Barcelona y el Athletic en la final de la Copa del Rey (o del «pequeño campechano»). Y ya se han activado las red alerts desde las cavernas, grutas y espeluncas que avizoran otra sonada pitada al himno español. Zafarrancho de combate.

Pasó en Madrid, en 2009, y en Valencia (2012), y se quiere evitar algo que para el régimen es una cuestión de orden público, sobre todo en Madrid, rompeolas de todas las Españas. Si algo no quiere el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, es que la final no se juegue en su castillo y almena, el Bernabeu, para no ver la previsible -eso, digo yo, ya se verá- victoria del Barça y alzamiento (culé) de Copa en el sanctasanctórum del madridismo. Aduce la también previsible cencerrada al himno como algo ofensivo a la Hispanidad.

Estuve en la final de 1984 en Madrid, que se ganó al Barcelona de Maradona, Schuster y posterior tangana. Lo cierto es que por los madriles, cuando nos veían con aparataje rojiblanco y chiflo-vuvuzzelas prepartido, los madrileños (o madridistas, que no es lo mismo) nos animaban meramente por el hecho de joder a los «polacos» y no por simpatía natural a nosotros. De ser otro equipo, deduje, igual. Empecé a atisbar en ese trance la diferencia entre «separatistas» y «separadores». El fútbol enseña mucho.

Decía que ya empieza la campaña mediática de mentalización antiabucheo del himno español. Los más avispados, es decir, quienes no comulgan, aparentemente y con escorzos, con la estiptiquez de una Esperanza Aguirre que aboga abruptamente,porque no se juegue el match y punto pelota hilan más fino y se muestran muelles, escolásticos y hasta comprensivos «con el tema». Apelan a la «educación» de las hinchadas vasca y catalana, como si fueran regeneracionistas finiseculares del XIX porque, dicen estos pedagogos, a ningún catalán le gustaría que se fuera al Camp Nou (al Mollerusa solo lo usan en una futura contingente Liga catalana para ridiculizarla) a silbar «Els Segadors», de modo que, por esa regla de tres, no vengan ustedes a pitar nuestro himno, non fotut. Hablan de «educación» cuando quieren decir guardar los modales que les decían había que tener delante de un «superior»: el cura, el maestro, etc. No se preguntan, porque no procede, por qué miles de gargantas resuellan con estrépito contra un determinado himno. ¿Explicarlo? No, nunca. Es un problema de «educación». No están educados. Mezclan deporte y política. Y no es así. Igual que con el Generalísimo, cuando estas cosas no pasaban.