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Pablo Gorostiaga regresa a Laudio tras 8 años preso a 600 kilómetros

Una abarrotada Herriko Plaza de Laudio dio ayer la bienvenida a Pablo Gorostiaga, en un marcado ambiente festivo que se palpaba ya desde hace días en las redes. Dos autobuses y varios vehículos privados trasladaron a un importante grupo de personas hasta los muros de Herrera para recibir al preso laudioarra de 73 años de edad, tras cumplir íntegramente una pena de 8 años de cárcel a 600 kilómetros de casa, como miembro del consejo de administración de «Egin».


Entrada la noche, centenares de personas abarrotaron la Herriko Plaza de Laudio para recibir a Pablo Gorostiaga, quien abandonó la prisión de Herrera a primera hora de la mañana tras cumplir íntegramente una pena de 8 años de cárcel en primer grado y a 600 kilómetros de casa.

Una multitud le recibió también en su querido Areta, donde tuvo una calurosa bienvenida. Ya en Laudio, banderolas por la repatriación de los presos e ikurriñas formaron un pasillo para recibir al que fue alcalde de la localidad durante tres mandatos. Allí, le dedicaron un aurresku, al que seguirían decenas de abrazos, como a lo largo de toda la jornada, plasmados en numerosas imágenes de un sonriente Pablo fundido en abrazos aún de camino a casa.

Junto a sus familiares más próximos, algunos de los que se habían desplazado de víspera para acudir a la visita del sábado, decenas de vecinos y vecinas de Areta y Laudio esperaban a las puertas de Herrera desde primera hora de la mañana. Tras viajar toda la noche en dos autobuses y varios vehículos particulares, irrintzis y el sonido de txistus y trikitixas le dieron la primera bienvenida a eso de las 7.30, nada más traspasar la barrera de la prisión, custodiada por efectivos de la Guardia Civil.

De vuelta a casa encontraron pancartas de bienvenida en puntos como Madrid, Fontioso y Miranda, donde un grupo de personas le esperaban con ikurriñas y banderolas por la repatriación de los presos, tras una pancarta en la que podía leerse «Aupa Pablo».

Condenado dentro del macrosumario 18/98, como miembro del consejo de administración del diario «Egin», quien fuera alcalde de Laudio recobra la libertad con 73 años, después de que las instituciones españolas le denegaran la petición de libertad que corresponde según la legislación española a los reclusos que han cumplido 70 años.

Familiares y vecinos han puesto en marcha diversas iniciativas para pedir la libertad de Pablo, con un importante apoyo en la localidad, donde la figura del ex primer edil laudioarra despierta simpatías por encima de ideologías políticas.

El caso de Pablo Gorostiaga, junto al de los hermanos Patxo e Isidro Murga, encarcelados dentro del mismo macrosumario, fue llevado ante la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Gasteiz, una causa que concitó, asimismo, el apoyo unánime de los alcaldes de la comarca.

La compañera y la hija de Mikel Karrera, en libertad con citación

La compañera del preso Mikel Karrera y su hija de 14 meses, arrestadas por la Policía francesa tras mantener una discusión con los funcionarios de la prisión de Reau cuando se disponían a entrar a un vis a vis, fueron puestas en libertad hacia la medianoche de ayer, según informó Etxerat.

Ambas abandonaron la comisaría de Melun con una citación y después de haber perdido la visita que iban a realizar. El incidente se produjo en el control de acceso de la prisión, cuando los funcionarios detectaron en una mochila un teléfono móvil, pese a que la compañera de Karrera trató de explicarles que se trataba de un error involuntario al confundir el equipaje que podía pasar a la visita. De hecho, intentó explicar que de haber querido introducir el móvil no lo hubiera hecho pasar por el escáner. Los funcionaros, sin embargo, suspendieron el vis a vis y solicitaron la presencia de la Gendarmería, que procedió al arresto de la mujer y su hija de corta edad.

Etxerat denunció en un comunicado «la crueldad» que suponen decisiones «desmedidas» como esta contra los familiares y allegados de presas y presos y que son especialmente duras para quienes se ven obligados a realizar desplazamientos a cientos de kilómetros acompañados de menores.

En este sentido, Sare consideró «inadmisibles» tanto las distancias que los familiares tienen que recorrer como el trato que reciben por parte de los funcionarios de prisiones. Según apuntó, es necesario crear «una red fuerte para acabar con todas estas vulneraciones de derechos humanos» de los represaliados y su entorno familiar. GARA