2019 ABU. 08 La imprenta y el Reino de España no hablaron de Elkano Hay más de una razón que explica por qué Juan San Sebastián Elkano sigue siendo un desconocido como uno de los protagonistas de la primera circunnavegación a la tierra. Una de las principales es que la imprenta no contó nada de él al resto del mundo. Ana BURGUEÑO (Efe) DONOSTIA Nacido en Getaria en 1486, hijo de una familia adinerada de nueve hermanos, Juan Sebastián Elkano no había disfrutado de honores en la corte de Carlos I antes de sumarse a la expedición comandada por el portugués Fernando de Magallanes. Fue un marinero que prestó servicios a la monarquía, pero no existe ninguna evidencia de su participación, como se ha llegado a decir, en campañas importantes como la toma de Orán, según explica el historiador Xabier Alberdi, director del Museo Marítimo de Donostia y doctor en Historia Moderna por la UPV-EHU. Se sabe que tuvo hijos con dos mujeres, pero que nunca llegó a casarse, y que poseyó un barco de 200 toneles, que acabó entregando para saldar la deuda adquirida con unos banqueros saboyanos que le habían prestado el dinero para avituallarlo. No llegó a tiempo la remuneración que esperaba de la Corona por haber puesto la embarcación a su servicio. Existía una ley en la Península que prohibía vender barcos a extranjeros, pero Alberdi sostiene que, aparte de que eran prácticas habituales que el Estado no podía controlar, nunca pesó una denuncia sobre Elkano al respecto y que, de haber existido, tampoco está claro que en su caso se hubiese considerado una venta. Cree que este aspecto de su biografía «se ha magnificado» y rechaza que su incorporación a la aventura emprendida por Magallanes fuera, según una versión muy extendida, en condición de proscrito de la justicia a causa de esa operación para zanjar su hipoteca. Destaca el hecho de que se le contratara entre los altos oficiales de la expedición, como maestre de la Concepción, una de las cinco naos que partieron el 10 de agosto 1519 de Sevilla con la intención de abrir una ruta especiera española a través del Pacífico. Elkano era el máximo experto en cuestiones de navegación que iba a bordo del barco, ya que la faceta de su capitán era militar. El único que atendía a los dos ámbitos en la misión, con rango de capitán general, era Magallanes. Y si Magallanes se enfrentó a lo desconocido al cruzar el Pacífico para llegar a las Molucas, Elkano hizo otro tanto al regresar con la nao Victoria a la península Ibérica a través del Índico, para evitar la costa y así el encontronazo con los portugueses, a quienes pertenecían esos mares en virtud del Tratado de Tordesillas. El marino de Getaria navegó «contra natura» por una ruta que aún hoy sigue siendo muy poco frecuentada por su complejidad, porque se alcanzan latitudes muy meridionales donde predominan los vientos contrarios al rumbo, señala Alberdi. «Lo que hizo fue increíble. El símil más acertado sería como navegar por el desierto. Los marinos actuales se siguen maravillando de ello», subraya el historiador vasco. Ni citado por Pigafetta Alberdi dice que ya se empieza a reconocer la gesta de Elkano, que estamos en un momento «de revisar» los papeles desempeñados por los protagonistas de la expedición. Porque hasta ahora, la labor del navegante de Getaria no ha tenido apenas reconocimiento internacional. Entre los 18 supervivientes de la Victoria que llegaron a Sanlúcar de Barrameda en setiembre de 1522 estaba el italiano Antonio Pigafetta, cronista de esa vuelta al mundo que en su texto no dedicó ni una sola línea a Elkano. Bien fuera de forma deliberada o porque el manuscrito fue expurgado cuando estuvo en manos del rey francés, el caso es que esa crónica que alcanzó difusión internacional gracias a la imprenta, «y más en Italia que era la gran irradiadora del Renacimiento», dejó de lado al marino vasco, afirma Alberdi. En el siglo XIX, el Estado español aceptó la versión imperante y Elkano quedó como una figura «de segundo orden», por lo que la historia que habla de Magallanes como el único héroe «siguió imbatida y esa es la situación que hemos heredado», añade Alberdi. Pigafetta supo venderse, recorrió distintas cortes europeas para hacerse valer como el primer hombre que había dado la vuelta al mundo. Elkano no supo o no quiso. Peleó por honores en la Corte española y por que se le nombrase capitán general de la nueva expedición a las Molucas, pero partió finalmente como segundo de García Jofre de Loaísa y murió en plena travesía en 1526 –se piensa que de escorbuto o ciguatera–. El emperador le concedió una pensión vitalicia de 500 ducados anuales y el escudo de armas en el que figura un pequeño globo terráqueo y el lema “Primus circumdedisti me” (“Fuiste el primero que la vuelta me diste”). Las celebraciones del 500 aniversario del inicio de su viaje han tenido como contrapunto en Euskal Herria una relectura crítica del papel de Elkano, sobre todo, aunque no solo, en la colonización de América. CRÓNICAEntre los 18 supervivientes de la Victoria que llegaron a Sanlúcar de Barrameda en setiembre de 1522 estaba el italiano Antonio Pigafetta, cronista de esa vuelta al mundo que en su texto no dedicó ni una sola línea a Elkano.