
El maquinista se ha presentado hoy en el juzgado de instrucción número tres de Santiago, acompañado por su letrada, para prestar declaración nuevamente ante el juez Luis Aláez.
Las fuentes de la investigación citadas por Efe han detallado que la comunicación telefónica entre el maquinista y el interventor, que duró dos minutos, se efectuó instantes antes del impacto y entre teléfonos corporativos. El del maquinista se extravió tras el siniestro.
El tráfico de llamadas, recibido por la Policía y entregado al juez, resultaba crucial para el instructor, Luis Aláez, que ordenó un rastreo al conocer la pérdida del teléfono profesional del conductor.
En la conversación, de cuya existencia se supo con el desprecinto de las cajas negras, el interventor le pregunta al conductor cómo va, a lo que él responde que están llegando, tras lo cual recibe una nueva indicación por parte de su interlocutor.
Según la información recuperada de las cajas negras y de la que informó ayer el Tribunal Superior de Justicia de Galicia, en los minutos previos al descarrilamiento el conductor recibió una llamada en su teléfono profesional de personal de Renfe, «parece ser que de un controlador», para indicarle el camino que tenía que seguir al llegar a Ferrol.
El maquinista recibió la llamada de un interventor que iba a bordo. Este contó ante el juez que iba sentado en el vagón tres, pero nada acerca del uso del móvil en el tramo inmediato a la curva de A Grandeira, en el barrio compostelano de Angrois.
Sí contó el interventor, que resultó herido leve, que había hablado con el maquinista cuando asumió el mando del convoy en Ourense, donde relevó al otro maquinista, que continuó el viaje como un pasajero más para desplazarse a su domicilio, en la provincia de A Coruña.
La agencia Efe asegura, citando fuentes de la investigación, que el contacto entre interventor y maquinista solo debería haberse hecho en caso de una emergencia, y que la guía de buenas prácticas de Renfe aconseja suprimir las comunicaciones en puntos críticos, salvo que se trate de una incidencia.
Según los datos de las cajas negras, instantes antes del accidente el tren circulaba a 192 kilómetros por hora y tras la activación de un freno por parte del maquinista, el Alvia finalmente impactó contra el muro de hormigón tras pasar la curva de A Grandeira, a 163 kilómetros por hora.

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