
«Esta terrible situación reclama una acción internacional, pero una respuesta militar o continuar con la provisión de armas puede encender una conflagración regional que resultaría en más muertes y miseria», ha declarado la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay.
Al inaugurar la última sesión del año del Consejo de Derechos Humanos, Pillay ha avertido de que tras dos años y medio de conflicto «no hay salidas fáciles ni obvias», excepto una negociación inmediata de «pasos concretos para poner fin al conflicto».
«Este no es el momento para que poderosos Estados mantengan sus desacuerdos sobre cómo actuar, o para que los intereses geopolíticos se antepongan a su obligación legal y moral de salvar vidas», ha enfatizado.
Del presunto uso de armas químicas contra civiles, ha señalado que poca duda puede quedar de que efectivamente se utilizaron, aunque «las circunstancias y responsabilidades quedan por ser clarificadas».
Ha recordado que hace dos años, cuando inauguraba una sesión similar del Consejo de Derechos Humanos, daba cuenta de una cifra de 2.600 muertos por los enfrentamientos entre las fuerzas opositoras y el Ejército sirio, mientras que ahora los fallecidos por esta razón superan los 100.000.
Aparte están las 4,25 millones de víctimas de este conflicto que han sufrido desplazamiento forzado y los dos millones de refugiados en los países vecinos.

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