R.S.
donostia

Módulos, días y horarios de visita, gran escollo añadido

Las dificultades para los familiares no solo se traducen en kilómetros y euros. La distribución de las visitas y sus horarios se ha convertido con el tiempo en un auténtico galimatías que complica todo aún más. Por ejemplo, los diferentes horarios impuestos por módulos en una misma cárcel obligan a largas horas de espera a los allegados que comparten medio de transporte. Hasta el punto de que la primera visita del grupo puede ser a las 9.00 del sábado y la última a las 18.00. Es decir, una jornada entera perdida que añadir a la de ida y la de vuelta.

Tanto en los penales españoles como en los francés, para poder realizar la visita hay que estar allí casi una hora antes de la asignada. Cualquier retraso implica lo más temido por los familiares: quedarse sin verlos.

En varias cárceles del Estado español, los horarios de comunicaciones especiales o vis a vis se designan en días laborables, y solo en algunos de estos casos se autorizan en fin de semana, para lo que se requiere un certificado de trabajo. Así las cosas, resulta bastante habitual que los allegados deban acabar gastando sus vacaciones para estos vis a vis, y que en el caso de los escolares pierdan jornadas lectivas enteras.

Las comunicaciones ordinarias (locutorio) sí se fijan en sábado y domingo, pero con la disparidad de horas ya referida en función de módulos, que para Etxerat resulta «intencionada y arbitraria, sin más objetivo que añadir dificultad a la organización de los desplazamientos».

En resumen, los familiares no visitan a los presos cuando pueden hacerlo, sino cuando se les impone desde Instituciones Penitenciarias. El cuadro se agrava, y mucho, cuando en una misma familia hay dos personas en prisión (padre e hijo, hermanos, parejas...) Etxerat llama la atención especialmente sobre la existencia de parejas que tras estar en una misma cárcel han sido separadas y alejadas en estos últimos meses. Ciertamente para los mayores se duplican el cansancio, el gasto y las dificultades organizativas, pero lo peor vuelve a ser para los hijos e hijas de esas relaciones: «El daño es irreparable».

40 minutos

Es un dato obviamente conocido, pero sigue siendo preciso recordar que los cientos y cientos de kilómetros se recorren, en el caso del Estado español, para una comunicación ordinaria semanal de solo 40 minutos, con un cristal de por medio y a través de un telefonillo, lo que genera problemas de audición. Se le añade el vis a vis familiar autorizado una vez al mes y otro íntimo (de una hora u hora y media de duración en función de cada prisión). Si no se realiza este, no existe la opción de efectuar dos familiares. En el caso de los hijas e hijas menores de 10 años, la legislación prevé un vis a vis «de convivencia», de hasta cuatro horas de duración, pero en la práctica solo se autoriza cada dos o tres meses y a veces en lugares inapropiados.

En el Estado francés, las visitas son de hasta tres horas semanales en locutorios sin cristal, pero con vigilancia continua para impedir cualquier contacto físico. Las condiciones son más estrictas para los preventivos, que por ejemplo no puede tener comunicaciones íntimas con su pareja. Y llama la atención que pueden pasar hasta tres meses desde que una persona es encarcelada hasta que recibe la primera visita.