«La clave es creer en lo que haces y trabajar mucho»
Izaki Gardenak llega de la nada en 2012 con un ep singular en nuestra escena, «Itsasargiak». Se prolonga adecuada y coherentemente con «Amaieratik hasi» y se asienta, no sin las inquietudes de Jon Basaguren abiertas y sangrantes, con «Aurri gara», un disco a sumar a lo mejor del año estatalmente. Álbum de rock enraizado que presenta el 27 de noviembre en el Teatro Victoria Eugenia de Donostia.

Jon Basaguren nace el 1 de mayo de 1984 en Gasteiz, aunque crece en Iruñea. A los 18 años regresa a Gasteiz para estudiar filología vasca. Desde hace seis años toca la guitarra y compone. «Empecé a tocar la guitarra bastante tarde. No soy buen instrumentista, básicamente la uso para componer y llevar el ritmo en directo», explica. No obstante, lo esencial es componer, tener buen gusto dentro de tu estilo, acompañarse bien, personalizar la propuesta, tener sentido de la canción, poseer cultura musical... y Basaguren lleva en su maleta cada una de esas cosas. Además, posee una voz con gran potencial a pesar de no ser Ton Jones, Sinatra, Jeff Buckley, Ryan Adams o Johnny Cash. “Aurri gara” es un trabajo de motivaciones. Desde la voz de Jon a las teclas y voces de Libe, de la sólida sección rítmica a la contenida, pero elegante guitarra solista, de Eneko Zabalza. En conjunto es un álbum más equilibrado que su predecesor, igual de amante con las emociones y proclive a soliviantar la química de las neuronas. Izaki Gardenak mantiene su conexión con la americana, una nueva forma de llamar a la unión del rock de raíz estadounidense, el folk-rock y el pop peculiar.
¿Qué tal se lleva grabar discos tan delicados, sutiles, de valores… y luego lo que cuesta estar presente en la escena musical más dinámica?
Creo que hacemos discos por pura necesidad. Cuando acabamos de grabar “Amaieratik hasi” me quedé sin canciones, no me quedó ninguna sin grabar, me sentía vacío. Además no estaba nada contento con alguno de los temas de aquel disco y tenía claro que en caso de grabar otro disco debía ser mejor. En la primera mitad de este año han ocurrido cosas muy feas a mi alrededor, y creo que ha sido el detonante. Volvía a sentir la necesidad de componer, de sacar todo eso que no entendía, que me parecía tan injusto. Así que este disco, más que los dos anteriores, lo hemos hecho mirando hacia dentro, intentando no pensar en si gustará o si nos estaba quedando demasiado triste y melancólico. No sé si llegaremos a más gente, si nos hará crecer como banda o si les pareceremos interesantes a los programadores. Creo que ya hemos aprendido que esas son cosas que no podemos controlar e intentamos no frustrarnos..
Algo se habrá hecho o se estará haciendo mal para que tanto disco de valor pase inadvertido para la mayoría.
No lo sé. Hay modas, corrientes, momentos para cada estilo de música etc. Es difícil encajar, pero estoy convencido de que siendo constante, manteniendo una trayectoria coherente y cuidando las canciones, podemos encontrar nuestro hueco. Pienso que la clave es creer en lo que haces y trabajar mucho.
Encenderíamos el mechero por la mayoría de las canciones de «Aurri gara». Mecheros por la delicada poesía de textos y canciones, por la esbeltez de las composiciones, por el gusto a la hora de vestirlas…
Tenemos la sensación de que estos temas son muy de verdad y que si conectas con ellos te pueden llegar dentro, que es de donde provienen. Es el tipo de música que nos sale y el objetivo con el que compongo: liberar y crear algún tipo de emoción. Si lo consigo me doy por satisfecho. Pero bueno, comprendemos que la gente quiera música para bailar, para entretenerse, para otras cosas. Y no subestimamos ese tipo de canción en absoluto, simplemente no es lo que a nosotros nos interesa.
Una preciosista guitarra simula el sonido de una ballena y con ella se nos presenta la frágil «Baleak» y un disco con sus diferencias respecto al pasado, aunque con un tronco común: su voz, el valor tangible de la canción y su textura, que sigue ligado a la americana en su sentido más amplio.
Me parece un disco más coherente, más pausado y contenido en algunos aspectos. En los anteriores trabajos quizá tenía la necesidad de demostrar que podía cantar, gritar, llegar muy alto y muy bajo, componer pop, rock, country... Seguramente me lo tenía que demostrar a mí mismo. Además creo que es inevitable dar unos cuantos tumbos antes de encontrar una vía por la que te quieras expresar, que sientas tuya. Da un poco de vértigo la palabra y no quiero sonar pretencioso, pero de alguna manera creo que es un trabajo más maduro.
El cambio de guitarra es palpable y no era sencillo. Pero Eneko Zabalza demuestra tener sentido melódico, buen gusto y un sonido depurado que conquista.
Es imposible sustituir a Joseba B. Lenoir, tiene un alma y una forma de tocar muy suyas, así que no lo hicimos. Buscamos a alguien que aportase su propio modo de tocar y que sobre todo tuviese gusto a la hora de crear melodías y embellecer canciones. Por suerte no tuvimos que ir muy lejos, ya que Eneko Zabalza toca en la banda Virenque con otros dos miembros de Izaki Gardenak. Recuerdo que le vi tocar “Zuen eguzkia” con la acústica y me convencí de que podría encajar perfectamente, y así ha sido. Ha realizado un trabajo increíble.
El encaje de los teclados de Libe son seductores, con mayor presencia…, más su apoyo vocal.
Las canciones parten de unas paupérrimas maquetas que grabo yo solo en casa, y es impresionante la magnitud que toman con las aportaciones de la banda. Libe me ayuda muchísimo, es la primera en escuchar las ideas y tiene un oído increíble para las melodías. Es una suerte contar con alguien tan exigente como ella, que no deja que te rindas hasta dar con algo que te parezca realmente bueno. A parte de eso, en este disco tienen más presencia los teclados. Aportan la profundidad que requerían las canciones. Asimismo es un lujo contar con su voz para los coros. El contraste me parece precioso. Creo que es una de las señas de identidad de la banda.
¿Tiene algún concepto de belleza que le funcione en la vida?
Estamos rodeados de cosas en las que podemos inspirarnos y encontrar belleza, lo que ocurre es que hace falta librarse de corazas y miedos. Es un poco el concepto del disco: somos débiles, frágiles, pero eso mismo es lo que nos permite disfrutar y emocionarnos. Esa es la gente que nos interesa y a esa gente es a la que dirigimos nuestras canciones.
¿Ha llegado liberado a este disco tras superar el agobio de las expectativas, la orientación, el qué dirán, si me escucharán, la precaución, el temor…?
Salen cosas mucho más interesantes cuando se hacen sin un objetivo tangible. Estás son canciones de las que estoy orgulloso y que me ayudan muchísimo, para mí es terapéutico poder componer, cantar y tocar en directo. Compongo pensando que alguien va a escucharlo, no hago música para mí. Pero, sobre todo en este disco, me he liberado de la presión de intentar hacer “algo que guste”. Me he centrado en crear algo de verdad.
Esa guitarra acústica Martin supera los 2.000 euros. Ser músico no es una buena inversión.
Me imagino que nadie está en esto solo por dinero. Es agotador componer, grabar, dar entrevistas, conciertos... y al mismo tiempo tener una vida paralela con un trabajo.
«Lo difícil es dar con una buena melodía, una que ya estaba allí antes de que tú la encontraras»
¿Con qué sensación salió la banda del estudio? ¿Qué se decían sobre el disco, el acabado...?
Grabar un disco en una lucha y un sufrimiento, primero contra uno mismo y luego contra un montón de trabas que aparecen, siempre acabo con la sensación de que no voy a volver a componer ni grabar. Pero en cuanto pasa un poco de tiempo se nos olvida lo malo y vuelven las ganas y la necesidad. Yo salí de la grabación convencido de que habíamos conseguido lo que queríamos, pero las mezclas se nos hicieron muy difíciles. Ahí tengo que agradecer enormemente el trabajo que ha hecho Víctor Sánchez para conseguir lo que teníamos en mente. Además, Libe tiene un oído genial y he acudido mucho a ella cuando tenía dudas. Las mezclas son algo que odio, sufro mucho..
Vimos hace unos días una versión en acústico del «Get lucky» de Daft Punk. Nos sorprendió no solo por la excelente y personal visión, sino por la sensación cosmopolita que tiene de la música. Incluso el elegante descaro.
Escucho muchísima música. Y le presto atención también a las canciones más “comerciales”. A veces son auténticos temazos.
Este tema cuenta con unos acordes sencillos, comunes. Usted se considera un guitarrista rítmico, de guía, quizá se demuestre una vez más que una buena melodía y unos acordes cotidianos son uno de los mejores remedios para conseguir una canción excelsa.
Creo que es cierto eso de que si una canción es buena, lo tiene que ser también tocada simplemente con una guitarra. En el caso de “Get lucky” son cuatro acordes que se repiten, pero que consiguen crear estrofa, puente y estribillo. Me parece genial. Intenté hacer lo mismo en «Baleak», pero tuve que introducir un pequeña variación en el puente. Quizá creamos que cuanto más complicada sea una canción mejor es, y tendemos a enrevesarla. Lo realmente bonito y difícil es dar con una buena melodía, una que parezca que ya estaba allí antes de que tú la encontraras.P.C.

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