
En su sentencia, de 479 páginas, la CPA de La Haya concluye que Pekín «ha violado los derechos soberanos de Filipinas», que los barcos chinos han cometido «actos ilícitos» y que algunas zonas reivindicadas por China «están incluidas» dentro de las 200 millas náuticas filipinas
La Corte dio así la razón a Manila, que en enero de 2013 denunció a Pekín por haber empezado a ocupar áreas del mar de China Meridional que Filipinas considera parte de su zona económica exclusiva.
Pekín insiste en que casi todo el mar le ha pertenecido históricamente desde hace 2.000 años y se basa en una delimitación de nueve puntos que apareció en unas cartas de navegación chinas halladas en el año 1947.
«No hay base legal para que China reclame derechos históricos (...) en la línea de los nueve puntos», sentencia el tribunal, que considera que Pekín ha ido más allá de los derechos reconocidos en la Convención de la ONU sobre el Derecho Marítimo (CNUDM), de la que tanto China como Filipinas son países signatarios.
La zona de la disputa entre Filipinas y China incluye parte de las islas Spratly (ver despiece).
La Corte de Arbitraje concluyó asimismo que China ha violado la Convención de las Regulaciones Internacionales para la Prevención de las Colisiones en el mar, de 1972, y la de la seguridad marítima, con la aproximación por parte de patrullas de control chinas a buques filipinos a alta velocidad y a corta distancia.
Islas artificiales
La sentencia acusa a Pekín de infringir sus obligaciones de abstenerse de agravar la disputa con Filipinas con la construcción y dragado de islas artificiales en las islas Spratly, y que han causado «un daño irreparable al ecosistema coral».
Pekín tildó el fallo de «nulo y no vinculante» y niega legitimidad a la CPA, fundada en 1899, para fallar sobre una cuestión «de interés nacional». Acusa a Filipinas de iniciar el proceso «de forma unilateral y con mala fe» para «negar a China su soberanía territorial y sus derechos e intereses marítimos».
El anterior Gobierno filipino de Benigno Aquino justificó su recurso a La Haya tras 17 años de negociaciones infructuosas con el gigante chino e insistió en que el derecho internacional es la única defensa de un país pequeño cuya Marina no puede ni soñar rivalizar con su rival.
La presión recae ahora sobre el sucesor de Aquino, el populista presidente Rodrigo Duterte, que apostó en campaña por aliviar las tensiones con China.
La sentencia tiene, cómo no, su derivada geopolítica. EEUU la saludó como «una importante contribución a una solución». La UE instó horas antes de conocerse el previsto fallo que «China debe respetar el orden jurídico internacional».
China ha hecho estos días maniobras militares en la zona, a la que EEUU ha enviado barcos de guerra y un portaaviones.
Un mar disputado por su gran valor económico y geoestratégico
Las tensiones en torno al Mar de China Meridional datan de decenios, cuando no de siglos e incluso de milenios.
Hablamos de más de 3 millones de kilómetros cuadrados cercados por el sur de China, Taiwán, Filipinas, Borneo y el sudeste asiático continental.
En su origen, sus cientos de islotes, islas y rocas estaban desiertas. Los archipiélagos de Paracelso (130 islotes) y de Spratly (más de 700) son los más importantes. Al ser el principal nexo marítimo entre los océanos Pacífico e índico, tiene un enorme valor económico y militar. Por sus rutas marítimas transitan al año fletes por valor de 4.500 millones de euros entre Asia Oriental, Europa y Oriente Medio.
Rico en yacimientos de hidrocarburos y en pesca, ese mar alberga los arrecifes coralinos de entre los más vastos del mundo.
China (y Taiwán) reivindican casi la totalidad del mar, frente a pretensiones parciales de Filipinas, Vietnam. Malasia y Brunei. Pekín, como Occidente, lo conoce como el mar de China Meridional, topónimo rechazado por Hanoi y Manila.
China aprovechó la vergonzosa retirada de EEUU de Vietnam para en 1974 controlar las islas Paracelso (50 soldados filipinos muertos). Desde 2012, controla el arrecife de Scarborough, a 230 kilómetros de la isla filipina de Luzon.
Controla siete islotes Spratly, entre ellos el de Johnson, en cuyo asalto en 1998 hubo 70 muertos, incluidos pescadores, del lado vietnamita.
En los últimos años, China ha reforzado su presencia. Creó una villa, Sansha, en Woody (Paracelso), cabeza de puente de sus reivindicaciones y que quiere convertir en estratégico destino turístico.
En las Spratly ha llevado a cabo enormes trabajos de dragado y relleno para crear islas artificiales –hasta 1.295 hectáreas de tierra según el Pentágono–, para instalar radares y pistas de aterrizaje capaces de acoger a grandes aviones, tanto militares como de línea.D.L.

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