Beñat ZALDUA
BAIONA

Dos conspiradores de la paz para dar fe del desarme

El documento con las localizaciones de los depósitos de armas de ETA no pasó ayer a la mañana, como se pensaba, de manos de los artesanos de la paz a las de la Comisión Internacional de Verificación. Entre Txetx Etcheverry y Ram Mannikkalingam hicieron de puente dos sacerdotes sobre cuya presencia muy poca gente sabía nada la víspera. El primero es un viejo conocido de Euskal Herria, el sacerdote metodista del norte de Irlanda Harold Good, el segundo, un arzobispo llamado Matteo Maria Zuppi, desconocido a ojos de la mayoría de quienes ayer se congregaron en Baiona, pero conocido, y mucho, en el Vaticano.

Ambos sacerdotes acompañaron cada paso de los artesanos de la paz ayer en la capital de Lapurdi. Recibieron la carpeta de los depósitos de armas de manos de Etcheverry y poco después comparecieron junto a los también artesanos Mixel Berhokoirigoin y Michel Tubiana en el Euskal Museoa, donde se dieron los primeros detalles sobre el espectacular operativo ciudadano desplegado para custodiar los depósitos mientras llegaban las autoridades francesas.

Zuppi tuvo que marcharse en plena rueda de prensa, pero Good, a sus 80 años, pasó toda la jornada en Baiona, dando entrevistas a la televisión para dar crédito al desarme –«No tengo razones para ponerlo en duda, el dossier que nos han entregado es muy completo», apuntó– antes de protagonizar parte del acto final en la plaza Paul Bert, donde ofreció uno de los discursos más emotivos de la jornada. En él tuvo palabras cariñosas para el cura católico Alec Reid, con quien compartió la tarea de encabezar la verificación del desarme del IRA. Reid, fallecido en 2013, «estaría hoy aquí con sus dos pulgares para arriba», recordó el sacerdote, que no pudo evitar referirse al «largo viaje hasta llegar hoy aquí».

Good conoce de cerca ese viaje. En los mismos días en los que el IRA concluyó su desarme, en setiembre de 2005, se puso ya a mirar a Euskal Herria junto a Reid. Curiosa pareja de hecho que animó desde el inicio a ETA a dar los pasos adelantados por el IRA. También ambos presionaron a París y Madrid para sentarse a negociar. De hecho, Good hace tiempo que reclamó al Estado español el acercamiento de los presos vascos, petición que –junto a un recuerdo para todas las víctimas– repitió ayer ante las miles de personas congregadas en Baiona, arrancando uno de los aplausos más largos. Lo hizo antes de acabar su intervención con una de las frases que definieron la jornada: «Hagamos que este sea el día de nuestros nietos».

El emisario de la ONU del Trastevere

Más complicado es hablar de la figura de Zuppi, sobre cuyo papel en el proceso de desarme solo se podrán conocer más detalles con el paso del tiempo. Se dice que toda diplomacia efectiva es silenciosa, y el sacerdote italiano, arzobispo de Bolonia y presidente de la conferencia episcopal de Emilia-Romaña, eleva la cita a axioma. Ni una sola vez abrió la boca en público ayer, pese a la invitación del representante del CIV Ram Manikkalingam en la comparecencia matinal en el Ayuntamiento de Baiona.

Considerada una persona cercana al Papa, más que por su cargo eclesiástico, Zuppi es conocido sobre todo por su estrecha vinculación con la Comunidad de San Egidio, grupo católico formado sobre todo por laicos dedicados a la diplomacia paralela, con todo lo que ese difuso concepto engloba. Se trata de una comunidad implicada, por ejemplo, en la consecución de visados especiales del Gobierno italiano para la acogida de refugiados –corredores humanitarios–, pero también en la lucha contra el SIDA o contra la pena de muerte. Conocida como la ONU del Trastevere –por el barrio de Roma en el que tiene su sede–, la Comunidad ha participado de una manera u otra, la mayoría de las veces de forma sigilosa, en numerosos procesos de paz a lo largo y ancho del mundo. De hecho, el propio Zuppi es ciudadano honorífico de Mozambique, título logrado después de trabajar durante cuatro años en las negociaciones que pusieron fin a la guerra civil del país africano. Cuál ha sido realmente su papel en el desarme de ETA será algo que solo el tiempo, y solo quizá, ayudará a aclarar.