Agustín GOIKOETXEA

Gernika alimenta su memoria aún estremecida por su lugar en la historia

Gernika conmemoró ayer de modo especial el 80 aniversario del bombardeo tratando de alimentar la memoria colectiva para que masacres como la de aquel lunes de mercado de 1937 no vuelvan a repetirse. Los testimonios de quienes lo vivieron en primera persona estremecen pero refuerzan ese empeño.

Ocho décadas han transcurrido desde que la Legión Cóndor alemana y la Aviazione Legionaria italiana arrojaron su carga letal sobre una villa emblemática para los vascos y refugio de aquellos que huían de la guerra. No sólo se toparon con ella, sino que muchos perecieron entre las explosiones, los ametrallamientos y el fuego infernal.

Esas imágenes permanecen hoy en día en la retina de muchos de los testigos de aquella atrocidad, como es el caso de Luis Iriondo, que a sus 94 años se emplea hasta la extenuación por difundirlo. Ayer, en el hall del Lizeo Antzokia, confesaba estar «agotado» por la intensa actividad de estos días, acompañando a víctimas llegadas desde Nagasaki, atendiendo a numerosos medios de comunicación y representantes institucionales de todo el mundo o simplemente hablando con familiares de miembros de la Legión Cóndor.

Iriondo no se olvida del fuego, como tampoco de los pantalones largos recién estrenados que trataba de cuidar en el refugio. Ha departido en varias ocasiones con Dieprand von Richthofen y Karl-Benedikt von Moreau, sobrinos del jefe del Estado Mayor de la Legión Cóndor y de uno de los pilotos que participó en el ataque aéreo, respectivamente. «No tienen ninguna culpa de lo que hicieron sus antepasados», subraya.

«Nuestras familias apoyan los lugares de memoria e iniciativas, tanto en nuestro país, Alemania, como en otros países, que se comprometan con la paz, la reconciliación y el entendimiento entre los pueblos», declararon en el transcurso de una comida privada celebrada en el frontón Jai Alai, desde donde acudieron al búnker de Astra para hacer sonar la sirena como sucedió aquel día.

Les acompañaron varios jóvenes, dispuestos a preservar lo escuchado a sus mayores a pesar de los 40 años de silencio obligado. También los hubo entre los reunidos en las calles mientras se repitió el aviso y el repique en campanas, a las 15.45, previo al solemne responso y ofrenda floral por los fallecidos en el cementerio de Zallo con destacadas delegaciones internacionales, autoridades vascas y la ausencia de representante alguno del Estado español.

Sin respuesta de Rajoy

Son los que se mantienen callados 80 años después. Luis Iriondo recordó cuando envió una carta a Mariano Rajoy, por entonces ministro de Interior, solicitándole que siguieran los pasos del Gobierno alemán. «No me contestó», rememoró el superviviente, como otros mandatarios mundiales a los que ha dirigido cartas instándoles a acabar con conflictos.

La denuncia del «olvido» de los crímenes del franquismo llegó ayer también desde el Parlamento europeo, coincidiendo con la efeméride. Eurodiputados instaron al Ejecutivo español a reconocer su responsabilidad en el bombardeo y a trabajar en favor de la memoria histórica. En Madrid, ante el Congreso, diputados se concentraron para homenajear a las víctimas y condenar «aquella atrocidad». El jeltzale Aitor Esteban insistió en pedir un gesto que no llega y no se espera.

Mucha de la repercusión de lo acontecido en 1937 en Gernika es del periodista británico George Steer, quien lo dio a conocer al mundo a través de sus crónicas en ‘‘The Times’’ y las del francés Mathieu Corrman en el diario ‘‘Ce Soir’’. Ayer, el alcalde, José María Gorroño, se lo agradeció, como al resto de reporteros de guerra comprometidos con la verdad. El hijo del homenajeado, John Steer, no se arredró al criticar el papel que jugó Gran Bretaña en aquellos días y lo que sufrieron aquellos que debieron exiliarse.

Steer definió a su padre como «un pequeño historiador, que hablaba de la verdad con hechos». «La verdad de los valores y de la ética prevalece», defendió ante supervivientes del bombardeo y familiares de víctimas de Nagasaki. «Debemos tener a Gernika en la memoria y las muchísimas gernikas. No terminamos de aprender la lección de aquello», insistió, asegurando de su progenitor estaría «feliz al ver este país hoy en día».

Uno de esos supervivientes presentes en la ofrenda floral a George Steer fue Sabino Iza, que con siete años llegó el día del bombardeo a Gernika con su madre y se encontró con el comercio cerrado. «Empezaron a llegar aviones y a tirar bombas. Marchamos escondidos por la carretera y esperamos a un kilómetro del pueblo toda la noche», rememoró este vecino de Dima.

Desde Errigoiti presenció el ataque aéreo Jaime Butron, que perdió a un hermano de 19 años. Tenía entonces 10 años y recuerda «cómo venían los aviones y cómo advirtió a su hermano Pedro que no bajara a Gernika con la bicicleta». «Él me respondió: esos qué van a hacer», incidió. Con 90 años a sus espaldas, reconoció que la cabeza le falla pero aquellos hechos no los olvida.

Tampoco los cientos de gernikarras que participaron a la noche en la marcha silenciosa con velas convocada por Gernika Batzordea, partiendo de Foru Plaza, donde las banderas ondearon a media asta durante la jornada en la casa consistorial. Antes, el teatro popular ocupó las calles de la villa con estampas conmovedoras.