Beñat ZALDUA
BARCELONA

Catalunya elige entre dos promesas: la de setiembre o la de noviembre

Las preguntas y las incógnitas se imponen a las puertas de las elecciones más extrañas que se recuerden en Catalunya. Una cita con las urnas impuestas vía 155 y en situación de excepción, con un cabeza de lista en la cárcel y otro en el exilio. Una jornada que, para bien o para mal, abrirá una nueva fase en Catalunya. ¿Cuál? Imposible saberlo.

Más que entre dos realidades, República catalana o Reino de España, los catalanes escogen hoy entre dos promesas, entre dos utopías que no parecen habitar, a día de hoy, el territorio de lo realizable a corto plazo. Son la promesa de setiembre, que comprende la lucha democrática por el referéndum y la República, y la promesa de noviembre, en la que el unionismo ha experimentado con el control de las instituciones catalanas, todo un laboratorio de la reforma centralizadora por la que algunos suspiran. Cada uno tiene sus utopías.

Setiembre fue un mes insurreccional en Catalunya, todo parecía posible, la iniciativa la llevaba el soberanismo y una ilusión desbordante llevó al país en bolandas a un 1-O espectacular que el Estado no pudo evitar. Tendrá que pasar tiempo para valorar en su justa medida la proeza que supuso organizar un referéndum sin que la maquinaria de todo un Estado fuese capaz de intervenir ni una sola urna. La inocencia perdida a golpe de porrazo el 1-O, no regresara, el votante independentista sabe que todo será más difícil de lo que pudo parecer en algún momento, pero votará con setiembre en mente, un mes mágico en el que no había ningún dirigente político en la cárcel.

Noviembre es la antítesis de setiembre. La iniciativa política independentista queda noqueada, sus principales dirigentes están en la cárcel o el exilio y Madrid tutela la Administración y va jugando con los límites de dicha intervención. Es un banco de pruebas. Paralelamente, las encuestas empiezan a indicar que el independentismo podría perder la mayoría absoluta y sitúan a Ciudadanos en la pugna por la victoria electoral. Noviembre es también una promesa para el unionismo: la promesa de desalojar al independentismo del Palau de la Generalitat por la vía de las urnas y de ir ensayando la recentralización. Miles de personas votarán hoy con esta ilusión en la mente.

¿Quién sumará 68 diputados?

Los resultados arrojarán, de saque, dos posibles lecturas. La primera y más evidente será la que se haga a nivel de partidos. Será también la que más eco mediático tenga, dado que es la única en la que el bloque del 155 podría salir victorioso, con el triunfo de Ciudadanos. Por supuesto, está por ver, pero conviene no descartarla. Será vendida como la derrota del independentismo, pero cuidado, es la segunda lectura la que cuenta en este sentido: la de los 68 diputados. Es decir, observar si JxCat, ERC y la CUP mantienen la mayoría absoluta que ahora tienen con 72 escaños.

El escenario idílico del independentismo sería lograr una victoria en votos, superando el 50%, pero pocos indicios apuntan a que sea posible. Con todo, sostener la mayoría absoluta pese al 155 y pese al encarcelamiento y el exilio del Govern sería una victoria incontestable. Sería, ni más ni menos, la constatación de que el unionismo no gobernará jamás Catalunya a no ser que sea mediante métodos no democráticos.

¿Participación récord?

A falta de trasvase de votos entre bloques, la clave que decantará la balanza será la participación. Es decir, el reto de los partidos independentistas y el de los unionistas no es ya convencer al contrario, sino lograr movilizar a su potencial electorado. Las señales al respecto pueden llegar a ser contradictorias. Las encuestas auguran una participación récord que superaría el ya histórico 74% del 27S, y la cantidad de apoderados que presentan sobre todo los partidos independentistas –ERC tiene casi 20.000, una barbaridad–, indican que esa movilización excepcional se podría dar. Sin embargo, la campaña ha sido la cosa más fría que se recuerde, difícilmente se habrá convencido a nadie de votar durante las dos últimas semanas, si bien no hay que olvidar que venimos de unos meses de una intensidad que roza los límites de la salud mental colectiva. El voto por correo, al menos, ha aumentado

Durante la jornada, los avances de participación serán la única pista que pueda sugerir algo acerca del resultado final. Pero su interpretación es cosa complicada por, al menos, dos razones. Primero, porque se puede deber al voto de habituales abstencionistas –algo que, se supone, favorecería al unionismo– o al voto de los jóvenes que acaban de incorporarse al censo electoral. Son cerca de 136.000 y, según la demoscopia, su opción favorita es ERC.

La segunda razón es que estas elecciones se celebran entre semana. Es la primera vez que ocurre, por lo que es difícil predecir como afectará tanto a la participación final como al ritmo de las votaciones. Es decir, mejor no sacar grandes conclusiones con el primer adelanto de participación que se haga a mediodía. Un adelanto que, por cierto, también harán la ANC, los CDR y la CUP, que monitorizarán la participación y el recuento en un centro logístico que recibirá la información de las mesas electorales.

Pugna entre bloques

Solo después comprobar qué combinaciones suman los 68 diputados de la mayoría absoluta tendrá sentido observar cómo queda la batalla dentro de cada bloque. Una competición que condicionará, y mucho, la gestión de los resultados. El escenario será bastante diferente si JxCat logra rentabilizar su tendencia al alza y se impone a ERC, de manera que la investidura de Puigdemont –o al menos el intento–, será indiscutible. Si, por el contrario, la victoria es de Esquerra, está por ver si JxCat, que ha basado todo su programa en el regreso del Govern destituido, acepta investir a un Junqueras que podría salir de la cárcel para la ocasión.

Atención también a los resultados de la CUP: no será lo mismo que, para habilitar un president independentista, tengan que abstenerse o tengan que votar a favor –esta fue la cruz de Artur Mas–. Algo parecido con los Comuns: si el independentismo no alcanza la mayoría absoluta, suya será la llave para evitar nuevas elecciones.

En el bloque unionista el pescado parece más vendido, aunque habrá que observar cuál es la distancia que finalmente Ciudadanos saca al PSC y, sobre todo, cuál es el lugar en el que los votantes ponen al PP, el partido de Mariano Rajoy, que podría acabar siendo última fuerza.

¿Y a partir del 22 qué?

Un nuevo escenario. ¿Cuál? Imposible anticiparlo. Conviene, sin embargo, tener en cuenta el calendario. Si todo fuese como la seda, a principios de enero se celebraría el pleno de investidura para elegir al president. Si en la primera cita no se consigue –algo que podría ocurrir–, se abriría un periodo de dos meses y medio que podría llevar la investidura hasta finales de marzo –es lo que ocurrió tras el 27S–. Si tampoco entonces se lograse investir un president, las nuevas elecciones se celebrarían en mayo. Hay otra forma de decirlo: unos votarán por setiembre y otros por noviembre, pero todo podría desembocar en octubre, un mes caótico que parió tanto la declaración de la República como la aplicación del artículo 155.

Pero antes de augurar el caos, que podría darse, cabe recordar dos condicionantes que podrían ser acicate para alcanzar un acuerdo pese a todas las dificultades que se presenten: la represión judicial que podría incrementarse –está anunciado que Llarena ampliará la lista de imputados–, y la posibilidad de paralizar la aplicación del 155. Las respuestas, a partir de hoy.

 

Claves para seguir la jornada electoral

Participación

El 27S votó un 74% del censo, un récord que las encuestas auguran que podría superarse hoy. La frialdad de la campaña sugiere lo contrario, pero la cantidad de apoderados acreditados avala la tesis. Habrá que ver también cómo afecta el hecho de que la cita con las urnas se celebre en jueves.

68 diputados

El Parlament tiene 135 diputados, por lo que la primera suma a realizar será la que llegue a 68. En especial la de JxCat, ERC y CUP.

Bloque “Indepe”

La distancia que exista entre JxCat y ERC, en un sentido u otro, marcará la gestión posterior de los resultados.

Bloque del 155

Habrá que ver hasta qué punto C’s se erige en el voto útil del unionismo y hasta qué punto queda enterrado el PP.