
«Michel Piccoli se apagó el 12 de mayo en los brazos de su mujer Ludivine (su mujer desde 1980, antes estuvo casado durante diez años con Juliette Grecó) y de sus hijos Inord et Missia, a consecuencia de un ictus». Eso es lo que explica el comunicado enviado a la agencia francesa AFP por Gilles Jacob, amigo del autor y antiguo presidente del Festival de Cannes.
Desde que se dio a conocer con ‘Le Mépris’ de Jean-Luc Godard (1963), formando una pareja deslumbrante con Brigitte Bardot, el actor paseó su físico seductor y la profundidad de su trabajo por 150 películas, desde el provocador de ‘La Grande Bouffe’ al papel de un Papa anciano y repleto de dudas en ‘Habemus papam’ (2011), su último gran papel en la pantalla.
La provocación ante todo
Larga, intensa y longeva, su carrera está unida sobre todo a directores como Luis Buñuel y Claude Sautet.
Bajo la dirección del primero, interpretó a personajes nunca fáciles (‘Le journal d'une femme de chambre’, ‘Belle de jour’, ‘El encanto discreto de la burguesía’), siempre con su inseparable cigarro en la boca en los años 70 se convirtió en el actor fetiche de Sautet (‘Les choses de la vie’, ‘Max et les ferrailleurs’, ‘Vincent, François, Paul... et les autres’).
Ecléctico a la hora de elegir sus papeles, la lista de los directores con los que rodó es tan larga como impresionante: Renoir, Berlanga, Resnais, Demy, Melville, Varda, Hitchcock (‘Topaz’)...
Alto, con un algo de que escondía más que lo que enseñaba, calvo con el paso de los años, con una voz atronadora, disfrutaba poniendo todo en solfa, jugando a juegos extravagantes. Su papel en ‘La Grande Bouffe’, de Marco Ferreri, por ejemplo, fue uno de los grandes escándalos del Festival de Cannes. Era el año 1973 y encarnaba a un participante en un seminario gastronómico que devenía en una especie de orgía escatológica y nibilista.
Su lado ‘anti-star’ le llevó a rodar también muchos films de autor: Leos Carax, Jean-Claude Brisseau, Jacques Doillon... En 1990, disfrutó al encarnar con mucha sorna a un gran burgués en ‘Milou en mayo’, de Louis Malle.
Este gran actor, nacido en 1925 en una familia de músicos, casi con 90 años confesó en un libro de entrevista que publicó su amigo Gilles Jacob la angustia que le producía no volver a actuar. «Me gustaría que esto no parase nunca, aunque sé que se terminará. Pero se me hace muy difícil», explicó.
Cuatro veces nominado a los premios César del cine francés, nunca recibió un galardón de la academia de cine. Siempre se situó políticamente en la izquierda, como firme opositor del Frente Nacional.

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