Iñaki Zaratiegi
Elkarrizketa
Amparo Sánchez

«Invito a salir de la dormidera colectiva, despertar a un mundo que nos merecemos»

gara-2021-02-12-Entrevista

La correcaminos sureña aparcó el proyecto Amparanoia durante unos años para embarcarse en otras historias creativas. Ahora, en el regreso discográfico de su grupo, invita al despertar personal y social a base de un mestizaje de cumbia, reggae y otros ritmos bailables. Amparo Sánchez afirma sentirse plena en estos días de pandemia.

Ni crisis ni desánimo en tiempos líquidos para esta creadora que ha rebasado la cincuentena y parece maduramente activa y positiva. Aparcó en su día el proyecto grupal Amparanoia con el que volvió a los conciertos en la última etapa y que renace ahora en disco con ‘Himnopsis colectiva’. Presenta además su segundo libro, ‘Metatonia. Guía práctica para la toma de consciencia’. Amparo Mercedes Sánchez Pérez (Alcalá la Real, Jaén, 1969) es puro dinamismo.

Dirige su discográfica Mamita (con obras del rapero onubense Yonse, la maya mexicana Abuela Margarita o la indígena guatemalteca Curruchich). Mantiene el proyecto ‘Hermanas’ con la brasileña Maria Rezende. Forma parte de las ecofeministas Queenky Potras, con Marinah Ojos de Brujo y Suzanna Abellán. Y le queda tiempo para leer, escuchar LPs enteros, ver cine, practicar la bioneuroemoción o cuidar de sus animales y plantas.

Vivió desde niña en Granada, donde arrancó su andadura musical, saltó a Madrid, se trasladó después a la naturaleza catalana en Sant Pere de Ribes, residió en Barcelona y ha acabado, de momento, la escapada circular volviendo a la ciudad nazarí. Practicó jazz, blues, rock y hasta flamenco (‘Alma de cantaora’), con Los Correcaminos, Amparo & The Gang o Ampáranos del Blues.

Fue en el multicultural Lavapiés madrileño, y ya como Amparanoia, donde sus colores evolucionaron. El estreno discográfico en 1997 con ‘El poder de Machín’ podía entenderse como un acercamiento al bolero o un guiño al funky ‘Sex Machine’ de James Brown. Entró en la onda Mano Negra-Manu Chao y el salto a Barcelona acentuó su buenrollismo latino. Un cruce con el reggae caribeño, los fronterizos Calexico de Arizona y otros ritmos. Una metamorfosis de Billie Holliday a Lila Downs.

Vivió el tsunami del éxito y la saturación impuso en 2008 un parón. En 2017 celebró el vigésimo aniversario del grupo con el álbum colectivo ‘El coro de mi gente’. Y acaba de recibir 2021 con un catálogo de himnos: ‘Mi genética’ (familia), ‘El día que no’ (el tiempo), ‘Yo te doy’ (relaciones), ‘De principio a fin’ (perdón), ‘La despedida’ (desapego), ‘Centímetros’ (deseo), ‘Ahora’ (presente), ‘Cumbia perfecta’ (feminismo), ‘Galiza tropical’ (agricultura ecológica) y ‘Tumbao lo bueno’ (agradecimiento). Un ahora que Amparo nos explica en esta entrevista telemática desde su hogar granadino.

Tras unos 15 años sin canciones nuevas, propone «salir de la hipnosis a través de himnos para llegar a una mejor conexión con nuestro gran poder». Suena al sevillano Jesús del Gran Poder…
Ja, ja… Es una propuesta por una revolución individual que se aplique en lo colectivo. Quería dar un mensaje muy determinado desde el punto en el que estoy: la toma de conciencia del poder personal, de valorar el presente, de todo lo que cuento a través de esas canciones y que me preocupa. Seleccioné las diez mejores y sentíamos que al tocarlas en directo serían como nuevos himnos. Al llegar la pandemia pusimos ese título con el que invito a salir de la dormidera colectiva y despertar a un mundo que nos merecemos. Además de la mezcla musical buscaba compartir ese discurso sobre la hipnosis de la información y las redes sociales y nuestros límites como personas frente a la lista de temas a los que alude el disco. Al elegir las mejores de las que teníamos compuestas el discurso está muy concentrado.

Es una obra dinámica, bailable. ¿Bebe aún de la «patchanka» Mano Negra?
Lo nuestro es como un viaje de Balcanes al Caribe, con el Mediterráneo y Latinoamérica de por medio, más sonidos rockeros y otros. Un álbum Amparanoia tiene que tener canciones que se puedan tocar junto al resto de nuestros ‘himnos’ anteriores. Y ahí salen todas las influencias y sonoridades por las que he caminado.

¿Cómo evolucionó la Amparo granadina más anglo al colorismo latino?
Empecé haciendo clásicos soul, blues, jazz, funk, R&B, rock & roll… Cuando decidí irme a Madrid caí en Lavapiés y me relacioné con la gente que representaba el principo de una mezcla de culturas que se fue instalando. Tenía la ocasión de cantar con músicos con una kora africana, un bongó, un cajón… Ví que mis canciones no tenían por qué ser rock o blues, que podrían ser otros ritmos.

¿Manu Chao fue su padrino en Malasaña?
Me abrí mucho a la música latina, por ejemplo a la voz de Mercedes Sosa. Me empecé a cuestionar por qué cantaba en un medio inglés del que a veces no sabía ni lo que decía si podía cantar en mi idioma y sobre las cosas que me pasaban. Y se dio el encuentro con Manu Chao, su pandilla y muchos otros músicos: Hechos Contra el Decoro, el sello Esan Ozenki con los argentinos Todos Tus Muertos o lo franceses Zebda, el rock latino de Café Tacuba o Aterciopelados… Encontré la manera de expresarme a través de esas canciones y conseguí una maravillosa respuesta.

Ahora hay una coyuntura de influencia latina y uso del castellano (reguetón-trap) que está desplazando la supremacía de lo anglo.
El español que viene de Latinoamérica se va imponiendo en Estados Unidos y hay una mirada de los anglos a lo que hacemos los demás. El trap es hoy el pop, el rock o el punk de hace años y la denominada música urbana es muy variada. Hay un cambio, una actitud de háztelo tú mismo. Aunque con mucho culto al dinero, las marcas, mira los coches que tengo. Pero hay también jóvenes menos conocidos haciendo otro tipo de canciones y en el trap o la cumbia electrónica hay discursos feministas y de crítica social. Aunque suene más el eco de lo sexual, de lo superficial. La música ha tenido siempre esa cara de sacar a gente de clase social baja y hacerla millonaria y excéntrica. Pero siempre hay artistas solidarios y a favor de las causas sociales. Todo ese mundo es un reflejo de lo que los jóvenes son y quieren contar en esta sociedad que tenemos.

El disco es un «Lo bailo» colectivo, pero son malos días para la juerga. ¿Quién bailará este año con Amparanoia?
De momento cada uno en su casa. Apenas sé nada de conciertos. Hay alguna oferta, pero no tengo fechas en el calendario. En marzo sí que haremos un concierto internacional en streaming. Así que el ánimo y la posibilidad de mostrar el disco en directo están de momento en plena incertidumbre.

¿Se ha librado del covid en su entorno?
Afortunadamente sí. No me ha tocado. Algún conocido o familiar han pasado por la enfermedad, pero han salido bien. Estoy básicamente en casa y no me está tocando.

Usted es pura vitalidad, ¿cómo vive que la encierren?
Sonará egoísta, pero este tiempo me ha servido mucho porque mi vida era un continuo hacer y deshacer maletas. Y estar en casa significa recuperar la lectura, el buen hábito de escuchar álbumes completos, ver cine antiguo, tocar el piano, profundizar mi estudio de bioneuroemoción, pasar tiempo con mis animales y mis plantas… Me siento bastante positiva, aceptando lo que está pasando, que hay un cambio y que tenemos que ir viendo qué hacemos. Estoy produciendo un álbum on line con la guatemalteca Sara Curruchich y haciendo lo que esté en mi mano. Ilusionada al levantarme cada mañana con las cosas que tenga por delante.

¿La reflexión sobre el auto regalo del tiempo es una de las claves de este cambio?
Claro. A mí me ha dado tiempo, por ejemplo, para dar muchísimas vueltas a este álbum, que grabamos en julio. Las mezclas, la producción, escucharlo una y otra vez, el orden de las canciones, la colaboración con el estudio mexicano de diseño gráfico Gram Om, desde Oaxaca. Ha sido un proceso muy intenso, con tiempo, y lo he saboreado y disfrutado como nunca.

Acompaña al disco el libro «Metanoia», subtitulado «Consejos para personas que sienten motivación para trabajar el autoconocimiento».
Es una pequeña aportación para gente que esté en el camino de la conciencia y quiera saber por dónde van mis estudios. Resumo los conceptos con los que trabajo y uso una historia de ficción para mostrar cómo funciona a veces la mente y cómo la tenemos que ordenar. Llevar nosotros las riendas, que no nos navegue ella. Con una serie de ejercicios para que cada cual pueda valorar dónde está, a dónde quiere ir, por qué pasan las cosas… Revisar un poco nuestras vidas.

Desde Granada verá Sierra Nevada. Año de nieves…
Pues sí, está espléndida, esta ciudad es una maravilla. He empezado 2021 con el álbum que te he comentado que hago on line desde Guatemala y tengo un montón de cositas más. No habrá conciertos, pero afortunadamente la música sigue siendo el eje principal de mi vida. Le doy la importancia que tiene y muchos días me pongo algún disco y bailo sola.

Le ayudan sus dos hijos.
Así es. El confinamiento nos pilló aquí y lo pasamos juntos, pero viven fuera. El mayor en Madrid; mi mano derecha para el sello discográfico y toda mi carrera profesional. El pequeño en Barcelona; el artistazo de la familia. Desarrollo con él la mayoría de las producciones, lo electrónico, las bases, darle la vuelta a los temas… Somos muy creativos, nos gusta trabajar juntos y son mi mayor regalo. Soy una afortunada, vivo sola (con la compañía de mis animales) y me veo muy joven, con muchas ganas de hacer cosas.

Pero el sector está acogotado profesionalmente.
Los músicos y técnicos del grupo estamos, como la mayoría de la gente, buscando otras fuentes de ingresos con las que vivir, cada uno dentro de sus circunstancias. Pero muertos de ganas por poder salir de gira. Al final, esa es la verdadera razón por la que hacemos discos, clips, portadas, promoción…, para llevárselo al público, para poder cantarle. Pero ante esta situación estoy en actitud paciente aceptando lo que hay.

El gremio dice estar desamparado. ¿Qué hay del Estatuto del Artista y Profesional de la Cultura que se discutió en el Parlamento en 2017?
Justo antes de la pandemia hubo reuniones con el Ministerio de Cultura y se habló de que era un tema urgente. Que todos los músicos, técnicos y trabajadores del sector estuviéramos cubiertos con una ley de intermitencia como existe en el resto de Europa. Luego nos hemos agrupado en el movimiento Alerta Roja y yo leí el comunicado en la movilización de aquí. Creo que ha habido más reuniones, pero no tengo más información. Si conseguimos esa ley sería un primer paso porque seguimos profesionalmente en el epígrafe de toreros…

Regenta el sello discográfico Mamita Records. Sacar discos es hoy una aventura.
Hace años, cuando me iba muy bien y ganaba muchísimo, empecé a irme a Europa, donde tocaba para cien personas. Y me decían: ¿para qué salir a cantar así y que te paguen tan poco si aquí ganas más? Pero lo veía como una inversión a largo plazo, conociendo otros países y círculos. Y en 2005 nos dieron en la BBC el premio a mejor grupo europeo. Fue una recompensa a un trabajo de años. Pues con la discográfica, igual. Vamos por el cuarto año, las plataformas en red no dan para vivir y hacemos catálogo de discos físicos (incluído vinilo) con mucho esfuerzo, creando una web, una tienda on line atractiva. Somos un equipo maravilloso, como una familia. Este año sacaremos dos álbumes no producidos por nosotros, gente que nos ha buscado como plataforma. Pero de momento no somos sostenibles o no lo hemos conseguido. Como aquello de Europa, esto es a largo plazo. Tarde o temprano alguno de nuestros artistas nos dará una alegría y nos dejarán de decir que estábamos locos por intentarlo. Y todo este trabajo será mi herencia para que mis hijos la cuiden.

Hace unas semanas publicábamos un reportaje sobre Aretha Franklin y aparecían confesiones de una violencia de género que padecen muchas artistas en sus casas. En la autobiografía «La niña y el lobo» confesó malos tratos de su pareja desde los 14 a los 25 años. ¿Esos relatos son la punta del iceberg?
La violencia hacia la mujer se ha ejercido desde siempre y de muchas maneras. No hace mucho se hablaba aún de crímenes ‘pasionales’ y hace poco que conocemos la violencia machista o de género. Muchas mujeres, entre las que me incluyo, nos empoderamos y la música nos dio una tabla de salvación. Cuando escuchamos cantar a esas mujeres entendemos su sufrimiento. Cuando escribí el libro hubo gente que me dijo que entonces entendía mejor las letras de mis canciones. Como que esta chica hace música alegre, pero se nota que le ha pasado algo triste. El maltrato es una experiencia que pasamos muchas. Algunas lo contamos y otras están en su derecho de guardarlo.

Pero si algo estamos viendo en este siglo es la caída de máscaras de la violencia hacia las mujeres, de la pederastia, el abuso, la corrupción, la injusticia… Ojalá que las niñas que nacen hoy no tengan que enfrentarse a lo que hemos sufrido durante toda la historia.

No parece fácil dar alegría a la gente en un escenario y volver al infierno familiar.
Es muy duro. Recuerdo una película en la que una cantante se miraba un ojo morado en el espejo y la compañera le dice: «tranquila, tengo maquillaje para eso». Se justificaba, se veía como algo normal: los hombres son así, ya sabes, cuando beben… Hemos pasado mucho tiempo en esa cultura, pero ya estamos en otra. Forma parte del pasado y vamos a mirar al futuro, con un rechazo total a cualquier tipo de violencia y en concreto a la que se ejerce contra las mujeres. Queda un camino y vamos a por él.

Con el empuje feminista, mucho está cambiando, pero si la ultraderecha avanza, ¿es posible un retroceso sobre la concienciación y acción respecto a la violencia de género?
Espero que no. Pase lo que pase a nivel político hay mucha gente que no quiere este tipo de relaciones para su madre, hermana, hija… Recuerdo que al presentar el libro se me acercaban chicas jóvenes que creía que me contarían sus historias, pero me decían: «¿no podrías hablar con mi madre para que lo deje? Lleva con él 30 años, yo ya se lo digo…». Estamos queriendo que eso acabe. Cada vez que hay un asesinato y aparecen los números te remueve todo, pero hay que mirar todo lo que se está haciendo porque cuando me pasó a mí no había información ni cobertura, lugares adonde acudir. Ibas a comisaría y aquel señor mayor hasta te miraba como diciendo «algo habrá hecho ésta». Hemos cambiado y la sociedad no puede permitir que vayamos para atrás.

Ha tenido mucha relación con la escena vasca (el desaparecido Iñigo Muguruza en Sagarroi, su hermano Fermin, Kaki Arkarazo como su productor-guitarrista, Fito, Xabi Esne Beltza...). ¿Qué se le ha pegado del carácter y la cultura vascos?
Me he llevado siempre muy bien con la gente del País Vasco. Es un pueblo al que le tengo un amor especial porque siempre he sentido su calor, su cariño. Me parecéis una gente muy de amigos de verdad para toda la vida. Generosos, curiosos, intelectuales…, un pueblo que yo admiro mucho. Y me encanta cómo son las mujeres, tan fuertes, lo del matriarcado… Pero una fuerza con amor. Y todos los movimientos sociales, la implicación en la vida social. El pueblo vasco, como el catalán, nos hacen sentir orgullosos desde que estamos dando pasitos como sociedad y vamos a seguir reivindicando nuestros derechos. Sois los más combativos y os tengo plena admiración.

Jaén, Granada, Madrid, Barcelona, Granada de nuevo… ¿Lo de Correcaminos era una premonición?
Totalmente. Aunque ha sido un correr en circular porque he vuelto a donde me fui. Salí con la ilusión de vivir de la música, crear mi proyecto y darle a mi entonces único hijo otra vida en una ciudad más grande, con otras posibilidades. Primero Madrid, luego Catalunya… Pero un día empecé a pensar, ¿cuánto tiempo te vas a quedar, no decías que volverías a Granada? Si ya lo has conseguido, si el triunfo ya está contigo vayas donde vayas... Cada vez que venía de visita me iba llorando. Mi mamá se puso bastante enferma, vine y al poquito murió, con la tranquilidad de que yo había vuelto al hogar. Y aquí estoy, cultivando las viejas amistades sin dejar la conexión con mis otras ‘familias’ de por donde he pasado. He recuperado el chip del ritmo relajado, sin el control del tiempo y la agenda de antes. Regresar ha sido un gesto de amor a mí misma y estoy encantada de disfrutar el ritmo del sur.