
El cine de terror sobre amenaza animal ha encontrado en los escualos todo un subgénero por culpa de Steven Spielberg y su inaugural ‘Tiburón’ (1975), y desde entonces todos los años se vienen estrenando regularmente varias muestras, que por lo general suelen acceder a la cartelera veraniega, así que el lanzamiento de ‘Tiburón blanco’ (2012) resulta indicativo de que el buen tiempo ya comienza.
La proliferación de estos depredadores marinos en las pantallas se debe a que se trata de producciones baratas que tienen su vida comercial asegurada, y a esa regla infalible se acoge esta película australiana que se beneficia de la peligrosidad de sus arrecifes, donde abundan las noticias de surfistas atacados por tiburones.
Ni que decir tiene que el guion se inspira en hechos reales, en torno a un grupo de jóvenes que alquilan un hidroavión para recorrer la costa. El aparato sufrirá daños irreparables por culpa de uno de esos ataques, cuando estos chicos y chicas intentaban socorrer a los tripulantes de un catamarán volcado. Así las cosas, se verán por último obligados a sobrevivir en un frágil bote hinchable a merced de las corrientes marinas y los mordiscos de los escualos.

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