Elkarrizketa
Andrea Barnó
Exjugadora de balonmano

«Fue una mezcla de sensaciones, de muchos nervios y final amargo»

La por aquel entonces capitana del equipo y única jugadora lizartarra, Andrea Barnó (Lizarra, 1980), asegura que, con la llamada de NAIZ, «me han venido muchas imágenes a la cabeza, sobre todo del partido de vuelta en Anaitasuna».

Andrea Barnó, en los días previos a la final de la Champions. (Jagoba MANTEROLA / FOKU)
Andrea Barnó, en los días previos a la final de la Champions. (Jagoba MANTEROLA / FOKU)

«Fue toda una mezcla de sensaciones, en especial de muchos nervios y de pena, por el final amargo. Pero también de gran ilusión, de la fiesta que se montó y del hecho de que llegar hasta la final ya supuso un gran logro. Lo tuvimos tan cerca, pero nos tocó perder, una de las caras del deporte», describe.

Admite que ese encuentro «solo lo he vuelto a ver una vez y en parte», debido a que fue «muy intenso». «Creo que salimos demasiado revolucionadas y no tuvimos el control en ningún momento, quizás también nos dejamos llevar por el ambiente, la polémica con los árbitros, la falta de experiencia...», enumera.

Así, recuerda cómo resultó expulsada a falta de ocho minutos para el final por una tercera exclusión fruto de sus protestas. «Fue mitad y mitad. En el momento me dio mucha rabia porque me tenía que haber contenido, pero los árbitros también pusieron de su parte», considera.

Barnó, que ya lleva seis años como instructora de pilates en su pueblo, señala que, tras perder la final con el Larvik, el vestuario era consciente de que dicha experiencia sería muy difícil de repetir. «Lo que estábamos viviendo en torno a la gestión económica del club era muy duro, las relaciones ya no era buenas y todo acabó de aquella manera», recapitula.

«La pelota se había hecho muy gorda, no se supo gestionar ni sacarlo a la luz pública, sino que se intentó taparlo. Fue una auténtica pena que no se pudiese dar continuidad al trabajo de tantos años, porque había una evolución positiva de muchas jugadoras y se podían haber conseguido títulos», defiende.

Tras la desaparición de Itxako, las familias de los equipos de cantera crearon un nuevo club, «con una filosofía totalmente diferente, de voluntariado, lo que ha permitido que el espíritu del balonmano en el pueblo se haya mantenido, aunque sin un equipo de referencia ahí arriba».

¿Volverá a existir algún día un equipo de Lizarra en la élite?, se le interpela. «A mí me haría mucha ilusión venir los fines de semana al pabellón a verlo, pero es muy complicado sin un apoyo económico y técnico muy fuerte. El balonmano es un deporte minoritario y más el femenino», asume.

Al menos, concluye con un mensaje para la esperanza. «También pensamos que lo nuestro era imposible y sucedió. Fuimos unas afortunadas porque pudimos dedicarnos profesionalmente a ello. Llegamos a llenar un pabellón con tres mil personas y lo hicimos de manera natural».