
La actriz Michèle Laroque debutaba recientemente tras la cámara dirigiéndose a sí misma en ‘Brillantissime’ (2018), donde encarnaba a una mujer abandonada por su marido e hijo que buscaba ayuda en su psiquiatra (Kad Merad), en su madre (François Fabian) y en su mejor amiga (Rossy De Palma).
A alguien en el mundo del cine le debió de gustar, porque su siguiente realización se trata de una comedia de encargo hecha a su medida actoral. En ‘Chacun chez soi’ (2020) hace de mujer en crisis matrimonial y familiar, obligada a luchar contra situaciones coyunturales provocadas en gran medida por la crisis económica.
En principio tiene mucho que ver que a su marido (Stéphane De Groodt) le vaya mal el negocio y se refugie en la cría de bonsais, fruto de lo cual se siente ignorada.
Pero el panorama doméstico empeora cuando su hija veinteañera (Alice De Lencquesaing) regresa a casa con su novio surfista (Olivier Rosemberg), una vez que han perdido su fuente de ingresos y el apartamento que compartían. Antes de que la joven pareja se instale para siempre, la protagonista no dudará en recurrir al mobbing familiar haciendo la vida imposible a su niña y a su yerno.
No les dejará dormir, les intoxicará con malas comidas, les cortará el agua caliente en la ducha e incluso fingirá querer seducir al novio de su hija.

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