Elkarrizketa
Patxi Erdozain
Parlamentario navarro de HB en 1989

«Me enviaron un paquete con una bomba a casa y lo cogió mi sobrina de 18 años»

Era parlamentario navarro de HB en 1989. En mayo de ese año, cuatro meses antes de la muerte del cartero de Errenteria, recibieron en su casa un paquete con una bomba. Lo abrió su sobrina de 18 años, sin que hubiera que lamentar daños. La Policía se lo llevó y nada más se supo.

Patxi Erdozain. (Gorka RUBIO/FOKU)
Patxi Erdozain. (Gorka RUBIO/FOKU)

Patxi Erdozain es actualmente una de las caras conocidas de Sasoia y del movimiento de jubilados de Nafarroa. Pero en 1989 era parlamentario de HB en Nafarroa y recibió en su casa una carta que contenía aparentemente una bomba (‘El País’ afirmó que era simulada). Ocurrió apenas cuatro meses antes de los artefactos enviados a otros miembros de HB y que mataron al cartero Cardosa en Errenteria. Tras las últimas revelaciones esta semana, Erdozain recuerda aquel hecho no esclarecido y menos aún juzgado.

¿Cómo recuerda lo que sucedió en mayo de 1989?
Estaba en Andalucía, haciendo de «misionero de HB». Eran las elecciones al Parlamento Europeo y me tocó ir a Andalucía para ver si conseguíamos votos para esa candidatura. Recibí una llamada de mi hermana contándomelo, pero ya era cosa pasada para entonces. No lo vi tanto como algo que me afectó directamente. Si le hubiera afectado algo a mi sobrina, sería distinto.

Había llegado un paquete al correo de nuestra casa. Lo cogió mi sobrina y se asustó un poco. Abrió un poco el paquete, movida por la curiosidad de los 18 años que tenía entonces. Se asustó y dejaron el paquete en la ventana de la casa. Llamaron a Joxe Lacalle [fotógrafo de ‘Egin’] y sacó fotos. Fue él quien llamó a la Policía. Llegó la Policía, se llevó el paquete. Y ahí terminó la cosa.

¿Lo sucedido no derivó en una investigación?
Nada. La carta volvió al lugar del que salió. Ni se me ocurrió investigar ni nada. Tenía muy claro de dónde había venido. Y punto. Ya está. Eso es. No hay más.

Para tenerlo tan claro, imagino que las situaciones de acoso y de control serían prácticamente cotidianas.
Sí. En Andalucía lo viví claramente. Nada más llegar, la presión de la Guardia Civil me acompañó todo el mes y medio que estuve allá. Llegué la tarde del 2 de mayo. Al día siguiente ya me paró la Guardia Civil en la plaza del tren de Sevilla. A revisar el coche. No vieron nada. Hasta me pidieron alguna pegatina. No les di. Esa fue mi entrada allá.

Desde entonces, continuamente, allá estaban. Íbamos a dar una charla a Osuna y vino un trabajador a decirnos que no, que no se podía, que estaba todo rodeado por la Guardia Civil. Nos fuimos a un campo a hablar entre seis o siete. Así continuamente. Era una soledad fuerte. En 1989 ya había pasado lo de Hipercor y los apoyos organizativos que pudimos tener en 1987 se perdieron. Nos encontramos realmente solos. Teníamos la referencia de una organización que nos apoyó en 1987, pero por no contaminarse decidieron no apoyarnos. Fui con esperanza, pero nos dijeron que no. Conseguí la solidaridad de otra organización y me duró horas. Una tarde nos dijeron que nos dejaban una habitación con la condición de no llamar por teléfono y no poner propaganda. Pero podíamos disponer de una mesa. Al día siguiente nos dijeron que no. Habían recibido aviso de la Guardia Civil y no se podía. Me tuve que ir a la calle. Mi sitio de operaciones era un bar. Había un coche de la Guardia Civil con una antena para saber a quién llamaba. Me imagino que entonces haría falta una antena para estas cosas. Todo el tiempo era así. El final fue apoteósico. Bajó Iñaki Esnaola a dar la charla final en una escuela de Sevilla. Apareció uno con una pancarta que decía «Asesinos». Se fue congregando la gente en torno a nosotros. Tengo que decir que la Guardia Civil nos salvó. Nos sacó por la puerta de atrás. Eso sí, luego, cuando ya era de noche, nos iba dejando a cada uno abandonado en una punta de Sevilla, perdidos. Pero nos salvó.

Lo de la bomba, es algo que si hubiera estado aquí y hubiera visto que a mi sobrina de 18 años le pasaba algo, sería completamente distinto. Pero como fue algo que pasó y ya está... Gajes del oficio.

¿Detectaban ese nivel de control cuando realizaban el trabajo político en Nafarroa?
Sí, pero no tanto como en Andalucía. Lo de allí era una vivencia continua. Era ir a un sitio a dar una charla y no poder porque estaba todo rodeado. Era ir a otro sitio y lo mismo. Asumías esa situación como normal dentro de lo que estábamos viviendo. Sí quiero expresar que en Andalucía, pese a todo, había gente solidaria que estaba contigo. Cuando nos rodearon, había seis o siete andaluces con nosotros. Hay gente comprometida socialmente y políticamente en Andalucía. Eso está claro.

¿Qué le parece que este asunto haya salido otra vez a la luz y la escasa repercusión que está teniendo
Reconozco que es importante saber la historia. Pero no lo vivo como algo personal. Ha habido una época en la que la represión ha sido brutal, con una postura muy clara en este sentido del PSOE, que era quien mandaba entonces. Buscaban impedir por el miedo cualquier avance. Ellos eran fieles a su postura de represión. Pienso que nosotros asumíamos que estábamos en esa situación. Y había que seguir para adelante.