
Antes de la primera vuelta de las presidenciales del 2 de octubre, el presidente de Brasil, el ultraderechista Jair Bolsonaro, no paró de cuestionar la legitimidad del sistema electoral ante la posible victoria de su rival, el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva, emulando la estrategia de Donald Trump.
Los resultados corrigieron los sondeos y redujeron a la mitad la ventaja que proposticaban a favor de Lula, y Bolsonaro no volvió a referirse a la posibilidad de un fraude a través de las urnas electrónicas... hasta ahora.
«El resultado será el que todos nosotros esperamos porque el otro lado (la izquierda) no consigue reunir a nadie. Todos desconfiamos», ha señalado en un acto ante sus seguidores en Pelotas, en el estado de Rio Grande do Sul (sur). «¿Cómo puede ese tipo (Lula) tener tantos votos si el pueblo no está de su lado?», ha añadido.
El presidente ultraderechista, quien busca la reelección, había insistido en reiteradas ocasiones sin ninguna prueba en jun posible «fraude» e incluso amenazó con no reconocer los resultados en caso de perder. Pero moderó su discurso en el último tramo de la campaña. Y dio la sopresa al obtener en primera vuelta el 43,2% de los votos frente a Lula, que se impuso con el 48,4% y sigue siendo el favorito para el balotaje del 30 de octubre.
Levantando de nuevo sospechas sobre un sistema electoral establecido hace 26 años sin que haya dado nunca un problema, Bolsonaro pidió a los electores «permanecer en la zona de la sección electoral» donde cada uno vota «hasta que se determine el resultado».
Cabe señalar que la ley electoral «prohíbe, hasta el final del horario de votación, la aglomeración de personas (...) a modo de manifestación colectiva».

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