
Unos mil migrantes esperan estos días en el margen del Río Bravo (llamado río Grande en Estados Unidos), que bordea la fronteriza Ciudad Juárez, para entregarse a las autoridades estadounidense y solicitar asilo en ese país. Hay personas procedentes de Nicaragua, Colombia, Ecuador, Cuba, Perú y Venezuela.
Desde el domingo se han visto filas de personas que esperan su oportunidad. Los agentes de la patrulla fronteriza estadounidense van recibiéndolos por grupos, aunque no queda claro si una vez recibidos se les expulsa inmediatamente bajo el Título 42.
Los migrantes esperan su turno en medio de las bajas temperaturas que se registran en la ciudad, mientras que otras personas migrantes que también esperan que expire el Título 42 les llevan comida y agua a cambio de una propina.
«Estoy aquí apoyando a los paisanos que se entregan, porque no tienen dónde comprar, dónde desayunar. Uno le hace el apoyo de hacerle llegar sus necesidades», dice Gabriel Infante, un venezolano que lleva víveres a quienes esperan su turno.
«Estamos viendo centenas de personas con mucho frío, sin comida, tratando de calentarse un poquito. Esto no tendría que haber sido así. Esta es la descomposición de la política migratoria de Estados Unidos y de México», apunta Fernando García, de la ONG Red Fronteriza por los Derechos Humanos.

El polémico Título 42
A mediados de noviembre, un juez estadounidense dictaminó que el Título 42, una medida que instauró el Gobierno de Donald Trump para expulsar migrantes de forma automática en medio de la pandemia del coronavirus, se usó de manera «arbitraria y caprichosa» para bloquear sus solicitudes de asilo.
Por solicitud del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), el mismo juez concedió luego cinco semanas al Ejecutivo de Joe Biden para poder prepararse de cara a la llegada de personas migrantes, en su inmensa mayoría latinoamericanos. La sentencia entrará en vigor el 21 de diciembre a medianoche.
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