El crimen de Santoalla
Seamos benevolentes y pensemos que quienes han elevado a los altares ‘As bestas’ (2022) no conocen la historia real en que se basa. De ser así, deberían molestarse en ver en alguna plataforma el documental ‘Santoalla’ (2016), realizado por los estadounidenses Andrew Becker y Daniel Mehrer, y que una vez más viene a demostrar que la mirada foránea es la más imparcial de cara a abordar conflictos locales, como el que tuvo lugar en la aldea de Santoalla Do Monte, en Petín (Ourense). Más allá de las licencias propias de la ficción, Sorogoyen no acierta a captar esa realidad en su verdadero impacto, con unos aterradores personajes de carne y hueso que no están actuando.
Las hostilidades vecinales se alargan en el tiempo, siendo el desencadenante definitivo el deseo del neerlandés Martin Verfondern de ser inscrito como vecino con derecho, al igual que la familia nativa, a la participación correspondiente por la explotación de los bosques comunales. Con lo que no hay ningún asunto de modernidad, ni de energías renovables, de por medio.
La gran tragedia se desencadena justo donde Sorogoyen termina su relato, porque tras el hallazgo del cadáver y el consiguiente juicio, la viuda, Margo Pool, se queda sola en la aldea, ya que pesa una orden de alejamiento sobre la madre y el hermano del perturbado asesino. Para ellos es una condena peor que la muerte.

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