Obra pública, ética y estética, paisaje y patrimonio
Un año más, el decimoctavo consecutivo, GARA patrocina la conferencia que nuestro colaborador en temas de cultura y patrimonio, el arquitecto Iñaki Uriarte ofrecerá el 11 de enero en Guggenheim Bilbao Museoa, con acceso libre, cuyo argumento resume en este artículo.

Toda obra destinada al uso público en su concepción y construcción debe atenerse a la doctrina que proclamó hace más de dos milenios el arquitecto romano Marcus Vitruvius Pollio (80 aC - 20 aC), conocido como Vitruvio, sintetizada en esta triada: Firmitas, Utilitas, Venustas (firmeza, utilidad y belleza).
La obra pública es una construcción de notable importancia y envergadura con cierta complejidad e incidencia en un paraje territorial o urbano, destinada a una función de interés social para el ser humano a fin de resolver sus necesidades o exigencias de todo tipo, desde facilitar un desplazamiento a suministrar servicios esenciales, vitales. Habitualmente, es promovida por diferentes administraciones, financiadas con fondos públicos y también en ocasiones construidas y costeadas por empresas privadas para satisfacer carencias de utilidad comunitaria.
Son proyectos que se rigen por los elementales principios de la solidez y la utilidad que en sí mismos, por su estricta funcionalidad, no requieren de ornamentación, pero sí una integración ambiental en su entorno, lo que supone en realidad y mucho más en la actualidad, mayores exigencias respetuosas con las preexistencias, es decir, una actitud ética.
Consideradas principalmente por su conveniencia, oportunidad, apreciables por su carácter pionero o innovador, perfección del proyecto, precisión de su ejecución y resolución eficaz de la necesidad que las motivó, por lo que se ajustan básicamente a los requerimientos de firmeza y utilidad. Una característica de la obra pública es su continua y progresiva contemporaneidad adoptando los recursos, materiales y técnicas propias del momento de su construcción así como la no obediencia a estilos artísticos concretos. Incluso, como consecuencia de su sinceridad constructiva y sobriedad compositiva, algunas poseen una anónima belleza.
Por su condición estratégica, calidad constructiva y cualidad estética adquieren una notable trascendencia en una conjunción de valores que les otorgan una consideración cultural que por su emplazamiento, monumentalidad y contemplación panorámica se convierten en referencias singulares, hitos paisajísticos que caracterizan y en ocasiones denominan el lugar.
El legado de obras públicas creado a lo largo de más de dos milenios que se ha conservado muestra una audacia constructiva adecuada a su época, les dota de una creciente importancia y cierto reconocimiento popular que las califica, por diversas circunstancias, como elementos de interés, ya que constituyen destacados testimonios históricos. Por ello, merecen ser conservadas, catalogadas y en su caso restauradas científicamente, e incluso protegidas legalmente como bienes culturales inmuebles, ya que son imprescindibles para la patrimonialización de la obra pública.
La referencia fotográfica que ilustra este reconocimiento a la obra pública, pretende ser una síntesis de lo descrito. La presa que contiene el embalse de Arriaran, en Beasain, abastecida por el río Arriaran, afluente del Oria, es la consecuencia del pensamiento ilustrado del Dr. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, José Mª Elosegui Amundarain (Donostia, 1927-2023). Como director general de Obras Hidráulicas en la Diputación Foral de Gipuzkoa hasta su jubilación (1987-1993), tuvo la responsabilidad ética de que una obra de servicio público, el embalse, en su elemento más perceptible y representativo la presa, estuviese incorporada a la orografía del entorno de un modo singular, no anónimo, que creara un lugar reconocible con un valor espacial, estético, cultural.
Para ello, encomendó en 1991 al prestigioso artista Néstor Basterretxea Arzadun (Bermeo, 1924 - Hondarribia, 2014) la realización de una colosal obra, en su más amplio sentido, que el creador vasco concibió como un conjunto escultórico en hormigón de 23x60 metros a incrustar sobre el frente inclinado de contención como alivio tectónico, remate murario y homenaje al agua: Urbide (camino del agua), inaugurada el 28 de julio de 1994. Finalmente, el agua que salta por el aliviadero ya libre entre las dos partes de la escultura, no es consciente de la hermosura que deja atrás. Es más, quizá desconoce la advertencia del universal Leonardo da Vinci (1452-1519). «L'acqua che tocchi de' fiumi è l'ultima di quella che andò e la prima di quella che viene. Cosí il tempo presente» (El agua que tocas de los ríos es la última de la que se fue y la primera de la que viene. Así es el tiempo presente).

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