
No hay fuerzas navales rusas o chinas en aguas groenlandesas, y EEUU mantiene en este territorio autónomo de 57.000 habitantes una presencia militar consolidada desde 1941, cuando el embajador danés aceptó bases en suelo groenlandés a cambio de protección mientras Dinamarca estuviera ocupada por la Alemania nazi. Aquel pacto dio pie a la base de Pituffik (antes Thule), clave para Washington en la Guerra Fría. Pero este despliegue no basta para Donald Trump, cuyas pretensiones de anexionarle la isla han disparado las alarmas tanto en Nuuk como en Copenhague, una incertidumbre agravada durante los últimos días tras la intervención en Venezuela.
La ofensiva diplomática comenzó en enero de 2025 con una visita sorpresa de Donald Trump Jr. y escaló meses después con el desplazamiento oficial del vicepresidente JD Vance a Pituffik. A ello se sumaron el nombramiento de un enviado especial y el uso de la «seguridad nacional» como pretexto para la anexión.
La semana pasada, sin embargo, Trump fue más lejos al no descartar el uso de la fuerza contra un territorio que, por su vínculo con Dinamarca, es suelo de la OTAN. Tras días de silencio, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, respondió ayer con una advertencia: «Estamos en una encrucijada. Si los estadounidenses dan la espalda a la alianza occidental al amenazar a un aliado, el mundo se detendrá».
Días antes, Copenhague había confirmado la vigencia de una directiva de 1952 que ordena a sus soldados abrir fuego sin esperar instrucciones ante un intento de invasión extranjera. Pese a la manifiesta inferioridad militar frente a Washington, la vuelta a colación de esta orden certifica la quiebra de confianza en el principal socio de la Alianza por parte de un país fundador y profundamente otanista.
En Groenlandia que, permanece fuera de la UE por decisión propia, la reacción ha sido unitaria. Los líderes de los cinco partidos del Inatsisartut, señalaron el sábado en un comunicado que «no queremos ser estadounidenses ni daneses, queremos ser groenlandeses», y recordaron que el futuro de la isla debe decidirlo su población conforme al Estatuto de Autonomía de 2009, que reconoce el derecho a la autodeterminación vía referéndum. El Gobierno de Dinamarca y Groenlandia están a la espera de la reunión prevista para esta semana con el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio.
Sin embargo, las continuas amenazas de Washington han generado inquietud entre la población. «Da miedo ver cuánta presión ha recaído sobre Groenlandia», explicó a TV2 la estudiante Aia Lyberth Jeppson. El redactor jefe del medio Semitsaq, Masaana Egede, reconoció que «algunos groenlandeses no pueden dormir». En Dinamarca, el temor también cala: un 38% de la población cree que EEUU podría tomar la isla por la fuerza durante la presidencia de Trump, según una encuesta de Voxmeter para Ritzau.
El interés de Washington no es nuevo. Ya en 1946, Harry Truman ofreció 100 millones de dólares en oro por la compra de la isla, una ambición que Trump rescató sin éxito en 2019. Sin embargo, lo que entonces era una transacción económica es hoy una urgencia geoestratégica impulsada por el deshielo. El control de Groenlandia permitiría a EEUU dominar la ruta del Noroeste, vital para recortar distancias comerciales con Asia, y asegurar el acceso a yacimientos críticos de tierras raras, esenciales en la pugna tecnológica con China.
De Nuuk a La Habana
Como es sabido, el interés de Trump no termina en el Ártico. Ayer, emplazó a las autoridades cubanas a «llegar a un acuerdo» antes de que sea «demasiado tarde» tras destacar que «se han acabado» los envíos de petróleo y dinero desde Caracas. El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, proclamó que «Cuba es una nación libre» y que «no agrede, es agredida por EEUU hace 66 años, y no amenaza, se prepara, dispuesta a defender a la Patria hasta la última gota de sangre».
Respecto a Venezuela, el secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, señaló que Washington evalúa levantar más sanciones contra el país caribeño esta semana para facilitar las ventas de petróleo.
En paralelo, el hijo de Nicolás Maduro, el parlamentario Nicolás Maduro Guerra, salió el sábado al paso de las especulaciones y afirmó que tanto su padre como a Cilia Flores «están bien» y se mantienen en una actitud de «lucha».

Lateralidad, un tema desconocido pero crucial en el aprendizaje de las niñas y niños

Las unidades productivas y las marcas de Ternua aseguran su continuidad y cien empleos

Euskal musikaren sektoreak kezkaz begiratzen dio makrokontzertuen gorakadari

Científicos que trabajan en Groenlandia alertan del riesgo de una apropiación de Estados Unidos

