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Elkarrizketa
Richard Linklater
Cineasta

«La nostalgia es peligrosa, alimenta discursos reaccionarios»

Nacido en Houston, en 1960, es de los pocos cineastas independientes americanos que ha conseguido mantener su autonomía en los últimos cuarenta años. Autor de clásicos como ‘Antes que amanezca’ o ‘Boyhood’, acaba de estrenar ‘Nouvelle Vague’, que él mismo define como una carta de amor al cine.

El cineasta estadounidense Richard Linklater.
El cineasta estadounidense Richard Linklater. (Jorge FUEMBUENA | SSIFF)

Reciente aún el estreno de ‘Blue Moon’ (donde evocaba la figura del compositor Lorenz Hart), Richard Linklater vuelve a dirigir su mirada al pasado para reflexionar sobre los procesos de creación artística en un film donde rinde tributo no solo a Jean-Luc Godard, sino a un tiempo y a un país. Rodado en francés y con capital galo, el largometraje llega ahora a los cines tras haber inaugurado la sección Perlak de Zinemaldia y haberse visto impulsado con varias candidaturas a los Globos de Oro.

‘Nouvelle Vague’ es una película que tiene mucho de tributo a la figura de Jean-Luc Godard ¿qué es lo que más le inspira de él?

Yo creo que más bien se trata de un tributo a una época concreta, a un modo de hacer películas y a toda una generación de cineastas donde, efectivamente, Godard emerge como una influencia para el resto de directores que en aquel momento estaban abriéndose camino en el cine francés. Pero se trata de una figura tan singular y, en cierto modo, tan provocadora, que resulta alguien imposible de imitar, por eso creo que me siento más próximo a otros directores de su generación que a Godard.

«Me interesaba mostrar un Gordard vulnerable, inseguro, un director primerizo en el que nadie cree realmente y que intenta ocultar sus inseguridades con muchas citas, teorías...» 

De todos modos, la película, transmitiendo su veneración por aquella generación de cineastas, no se priva de adoptar un enfoque irónico en el retrato que hace de ella. Da la sensación de que no se trata tanto de una película sobre la ‘Nouvelle Vague’ como sobre la leyenda de la ‘Nouvelle Vague’.

Bueno, es que tampoco hubiera tenido sentido llevar a cabo un acercamiento demasiado solemne a aquellos hombres porque, en el fondo, lo que cuenta la película es la historia de un grupo de personas que están trabajando en una película. Yo creo que ninguno de ellos era demasiado consciente de lo que estaba haciendo y, desde luego, no había ninguna voluntad de trascendencia en lo que hacían. Eso vino después. Entonces me interesaba mostrar un Gordard vulnerable, inseguro, un director primerizo en el que nadie cree realmente y que intenta ocultar sus inseguridades con muchas citas, teorías... Yo creo que eso es lo que confiere un cierto humor a nuestra película, porque en el fondo resulta muy conmovedor ver a alguien que intenta permanentemente venderle la moto a todo el mundo.

¿Cree que el espíritu de aquella generación puede tener su réplica en el cine actual? ¿Que queda de aquella mística en las películas de hoy?

Aquel fue un momento muy especial, todos aquellos directores supieron venderse muy bien, y no me refiero a que supieran cómo darle publicidad a sus películas, sino que supieron venderse como fenómeno cultural y eso es algo que creo que no se ha vuelto a repetir, al menos en el mundo del cine. Podríamos encontrar fenómenos parecidos en la música, pero en el cine no. Yo creo que actualmente hay muchos cineastas que, en cierto modo, son herederos de aquello, en el sentido de que son artistas que crean en libertad, pero lo hacen de manera aislada, pocos son los que se sienten parte de una comunidad. Por el contrario, aquella fue una generación de cinéfilos que habían visto muchas películas juntos, que compartían puntos de vista, que se conocían de escribir en las mismas publicaciones y que, finamente, pudieron convertirse en directores.

Fotograma del filme. (ELÁSTICA)

Pero al margen de que hoy en día se trabaje de manera más aislada, ¿realmente cree que los márgenes de libertad creativa siguen siendo los mismos para los directores?

Las películas existen más allá de las modas o de lo que dicta el mercado. De hecho, ‘Nouvelle Vague’ es un buen ejemplo de ello, ya que he podido realizar el film que quería en la condiciones que quería. Pero sería injusto no reconocer que, lejos de ser una norma, esto hoy en día representa una excepción y que cada vez resulta más difícil hacer películas personales, al menos dentro de unos parámetros industriales. La industria es muy cambiante. Pero en los márgenes de la industria se siguen haciendo muy buenas películas todos los años. Yo personalmente he tenido la suerte de que los productores siguen confiando en mí y eso me ha permitido trabajar con una cierta libertad durante todos estos años.

¿Y cree que un cineasta como Godard tendría esa misma suerte?

Bueno, él murió en 2022 y estuvo rodando prácticamente hasta el final de sus días, así que no veo por qué no iba a poder seguir haciendo cine hoy. Todos somos prisioneros de nuestro tiempo, pero él se lo montó muy bien y pudo hacer el cine que quería durante sesenta años. Por lo tanto, conviene no idealizar el pasado ni pensar que cualquier tiempo pretérito fue mejor.

Sorprende que diga eso un cineasta como usted, con una mirada donde la nostalgia aparece tan acentuada.

No creo que el hecho de volver la vista hacia el pasado te convierta en un nostálgico. Yo no ensalzo el pasado ni me gustaría quedarme a vivir ahí, simplemente me gusta reflexionar sobre de dónde venimos de cara a comprender mejor el presente. Pero eso no es nostalgia, de hecho creo que la nostalgia es algo muy peligroso, alimenta discursos reaccionarios.

Pero, visualmente, el film sí que es un homenaje a las formas y a la textura que presentaba el cine de finales de los 50 e inicios de los 60, aunque es verdad que dicho trabajo parece más inspirado por afanes lúdicos que en el deseo de reivindicar el modo en que se hacían las películas en el pasado.

Sí, completamente. ‘Nouvelle Vague’ es una película guiada por un cierto fetichismo, eso sí te lo reconozco. Fuimos muy específicos a la hora de recrear el aspecto visual de un film como ‘Al final de la escapada’. De hecho, llegamos a rodar algunas escenas con la misma cámara con la que Godard rodó aquel film. Me gusta pensar en esta película como un objeto, como un artefacto, y fue divertido hacerlo porque nunca me había enfrentado a algo así.

«Las películas existen más allá de las modas o de lo que dicta el mercado. ‘Nouvelle Vague’ es un buen ejemplo de ello, ya que he podido realizar el film que quería en las condiciones que quería»

De usted, como cineasta, siempre se ha alabado cómo aborda las tensiones románticas en sus películas. ¿Diría que ‘Nouvelle Vague’ es un film de amor?

En un sentido estricto no, no lo es. No obstante, pensándolo bien, puede que haya algo de declaración de amor por mi parte, pero es que yo no puedo hacer películas sobre cosas que no amo. Cuando haces una película, pasas un montón de tiempo conviviendo con unos personajes, con una historia, y yo necesito tener un cierto cariño hacia ellos, porque de otro modo no suscitarían mi interés. Yo creo que ‘Nouvelle Vague’ es una carta de amor al cine.

En un momento de la película, un personaje dice que la única manera de ser revolucionario es ser honesto con uno mismo. ¿Hasta qué punto esta idea ha venido marcando su hoja de ruta como cineasta?

La pasión siempre es importante y, aunque guiarte por ella te puede llevar a equivocarte, lo importante es que esa pasión sea una pasión sincera. Yo creo que ese fue el denominador común de aquella generación de cineastas, su pasión por el trabajo, su inconformismo, que siempre les llevaba a buscar cosas nuevas, a estar experimentando constantemente. Por lo tanto, ese carácter revolucionario que muchos críticos les atribuyeron, pienso que tiene que ver con la honestidad de sus sentimientos hacia lo que hacían, y sí, es algo que yo, como cineasta, siempre he pretendido conservar.