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La ayuda de Laia Sanz a Nani Roma y su abrazo: cuando el Dakar va más allá de ganar

Bonita historia de los dos pilotos catalanes en la prueba de motor más dura del planeta. Sanz ha tenido que remolcar a Roma cuando este se ha quedado sin gasolina y ha estado a punto de no llegar en el tiempo establecido. Mantiene la segunda posición.

La piloto catalana Laia Sanz, remolcando el coche de Nani Roma en el Dakar.
La piloto catalana Laia Sanz, remolcando el coche de Nani Roma en el Dakar. (Julien DELFOSSE | AFP)

La duodécima etapa del Dakar se ha convertido en un auténtico ejercicio de supervivencia deportiva para el piloto catalán Nani Roma, que ha pasado de tener la situación relativamente controlada en la general de coches a jugarse su continuidad en el podio en un desenlace cargado de tensión.

El reglamento es claro y, tras cruzar la meta de la especial, los pilotos disponen de un tiempo máximo para completar el enlace hasta el vivac. Superarlo implica penalizaciones severas o incluso la exclusión, una amenaza muy real para el catalán tras una jornada caótica.

La especial ha terminado con Roma cruzando la línea de meta sobre tres ruedas, con el tren delantero derecho completamente dañado. El Ford Raptor había sufrido lo indecible, pero lo peor aún estaba por llegar. A las 14:01, hora local, el cronómetro ha empezado a correr y tenía 2 horas y 45 minutos para recorrer los 183 kilómetros que separaban la meta del vivac de Yanbu.

Nada más finalizar la especial, el equipo Ford ha activado una operación contrarreloj. El Raptor de Romain Dumas ha sido literalmente desmantelado en una «donación de órganos» para permitir que el coche de Roma pudiera seguir rodando. Suspensión, piezas mecánicas y soluciones improvisadas han permitido que el vehículo volviera a moverse tras una hora de trabajos frenéticos.

Pero el margen ya era mínimo con menos de 90 minutos para completar el enlace y cuando parecía que todo estaba encarrilado, ha llegado otro golpe inesperado. Roma se ha quedado sin combustible en pleno enlace, obligando a la también catalana Laia Sanz a remolcarlo hasta una gasolinera. Cada minuto perdido aumentaba el riesgo de llegar fuera de tiempo. La tensión se acumulaba tanto en el 'cockpit' como en el equipo, consciente de que todo el esfuerzo deportivo podía desvanecerse por un simple retraso.

Finalmente, Roma ha logrado alcanzar la entrada del vivac casi sobre la bocina, entregando su carné de ruta por segundos. Exhausto y visiblemente emocionado, ha liberado la tensión con lágrimas tras salvar una situación límite. No ha dudado en ir donde Laia Sanz a abrazarla y darle las merecidas gracias.

Incluso con una posible penalización de un minuto, el catalán había logrado lo más importante: llegar dentro del tiempo máximo y mantener viva su segunda posición en la general, en uno de los episodios más dramáticos del Dakar moderno.