«Tendemos a pensar que el mal está fuera, que son siempre los otros»
Nacido en Gasteiz en 1967, cada nueva película de Juanma Bajo Ulloa es como un acto de resistencia frente a una industria que lleva años pretendiendo arrinconar su talento. Este fin de semana ha llegado a las salas “El mal”, un largometraje sobre el monstruo que todos llevamos dentro.

La protagonista de ‘El mal’ es una escritora en crisis que accede a poner negro sobre blanco la carrera criminal de una homicida en serie que contacta con ella para hacerla partícipe de sus crímenes. Pese a su incomodidad inicial por el trabajo que está llevando a cabo, poco a poco, la escritora termina por ser víctima de una cierta fascinación hacia la protagonista de su relato en una narración ambigua donde Juanma Bajo Ulloa sitúa al espectador en un escenario de incomodidad donde se ponen en juego los límites de la moral. Un escenario que a más de uno le recordará el caso de Luisgé Martín y su polémico libro sobre José Bretón, cuyo lanzamiento fue finalmente cancelado por la editorial Anagrama.
¿Le molesta que se comente que el argumento de ‘El mal’ parece inspirado por la historia de Luisgé Martín y la cancelación de su novela ‘El odio’?
Molestarme no, pero me sorprende y me hace gracia porque ese caso que comentas saltó a los medios hace como diez meses y esta película, cuyo guion escribí en 2006, la rodamos en 2024, con lo cual difícilmente pude haberme inspirado en esa historia. Lo único que demuestra esto es que la realidad siempre va por delante de la ficción. Ya me pasó rodando ‘Rey gitano’, que iba sobre la abdicación de un rey. Cuando estábamos montando la película, me acuerdo que recibí un mensaje donde me decían, ‘oye, que el Rey ha abdicado de verdad’. En este caso me sucedió algo parecido.
En todo caso, llama la atención que su película reflexione no sobre el origen del mal, sino sobre su instrumentalización, llegando a sugerir que el verdadero mal está ahí.
A mí lo que me parece obsceno es el lucro que puede obtener alguien que ha sido victimario vendiendo la historia de sus crímenes. Que un escritor se interese por el tema y decida acercarse al asesino para escribir algo al respecto, me parece lícito, sobre todo si se trata de un autor de largo recorrido, no de un oportunista. Los hechos y la maldad siempre van a estar ahí, mirarlos o no mirarlos ya es responsabilidad de cada quien, pero intentar ocultarlos es ponerle diques al mar.
También depende mucho desde dónde se observa esa maldad, ¿no? Justamente de eso trata su película.
Sí, claro. Como dice la frase promocional de la película, ‘dentro de cada ser humano hay un monstruo’, a lo que yo añadiría que dentro de cada monstruo hay una persona y eso es así, nos guste o no. En una época de polarización como la actual, todo eso se banaliza y parece que el mal sea algo ajeno a cada uno de nosotros. Tendemos a pensar que el mal está fuera, que son siempre los otros. En el momento en que tú iluminas esa parte oscura de tu alma, estas en condiciones de sanarla, si lo único que haces es señalar y condenar al otro, estás en un camino sin retorno. La película habla sobre eso y también sobre la imposibilidad de hacer el bien sin conocer el mal.
Volviendo al tema de la representación del mal y de esa tendencia al sensacionalismo que alimenta el morbo frente a este tipo de escenarios, se trata de un argumento que, de un modo u otro, estaba ya en algunas de sus películas de los años 90. ¿Cómo cree que hemos evolucionado en ese sentido?
Bueno, hemos ido claramente a peor. Eso parece claro, ¿no? De hecho, esta película intentamos rodarla en 2012 pero no encontramos financiación y, cuando recupero el guion después de haber hecho ‘Baby’, me doy cuenta de que se trata de un tema que, al margen del interés que pueda suscitarme, encaja mucho mejor con la sociedad actual que con la de 2006, que es cuando escribí esta historia. La sociedad de hoy es mucho más egocéntrica y narcisista que la de hace veinte años, es una sociedad alienada y ya no te cuento los niños que tienen un problema cognitivo importante, dado que a muchos les cuesta seguir una conversación. Todo esto tiene que ver con ese culto al ego que está muy fomentado desde la ingeniería social. Una sociedad que es puramente consumista y no piensa es altamente manipulable. Entonces me resultaba interesante reflexionar sobre cómo ese ego es el germen de la envidia, de los celos, y todos esos ítems son los que alimentan al monstruo que llevamos dentro.
De hecho, ‘El mal’ es una película muy vinculada a los universos de ‘Alas de mariposa’ o de ‘La madre muerta’, pero resulta mucho menos evocadora en sus formas, más explícita. ¿Hasta qué punto esa variación está motivada por ese cambio de exigencias en el espectador?
Tú lo has dicho: ahora al espectador se le da todo masticado y empaquetado en aras de que no tenga que hacer ningún esfuerzo para digerir una película, lo único que se le exige es que la ingiera y después la vomite. Tengo la sensación de que, desde que empecé a dirigir, ha desaparecido la clase media y el cine de clase media y eso, como cineasta, te condena a un espacio de indefinición. ‘El mal’ es una película que, sin renunciar a su carácter popular, busca ofrecer al espectador una historia de cierta complejidad, que le inquiete, que le remueva, pero, obviamente, tiene un ritmo más rápido que el que tenían mis películas de hace 30 años y también otro lenguaje, porque al final lo que uno busca es una conexión emocional con el espectador, y el público de hoy no es el mismo que el de los años 90. Aun así, es una película que confía en el espectador, que le exige una implicación. Si tú vas al cine y pretendes estar viendo Facebook mientras ves la película, no te vas a enterar de nada.
Respecto a lo que comentaba de que han desaparecido las películas de clase media, ¿no cree que eso ha condenado al ostracismo a determinados cineastas? Los distintos vaivenes que ha tenido su propia carrera parecen evidenciar esta dinámica.
Lo más valioso que tenemos es nuestra propia libertad y esta tiene un precio. Constantemente se nos pide que ajustemos nuestras pautas de comportamiento hacia aquello que defienden los grandes medios, las corporaciones, los poderes públicos y, si no lo haces, estás condenado a moverte en los márgenes. El cine es una herramienta muy poderosa para remover conciencias y fomentar un espíritu crítico únicamente si se realiza en libertad y eso es justamente lo que pretenden arrebatarnos a los cineastas. Muchos creadores se han convertido en propagandistas del sistema, pero lo peor no es eso, lo peor es que parece que no se dan cuenta y se muestran felices de formar parte de las corrientes de opinión dominantes. Es una situación delirante.
Entiendo que las dificultades que ha tenido, a lo largo de los años, para levantar distintos proyectos obedecen a que le ha penalizado el hecho de no pasar por el aro.
Para que te hagas una idea, en 35 años que llevo en esta profesión nunca he formado parte de esa lista de directores en los que piensan para proponerles un encargo. A mí nadie nunca me ha encargado nada, me refiero a largometraje de ficción. He hecho videoclips, documentales, pero las películas que he rodado todas han partido de mí. Supongo que siempre me han visto como alguien muy poco manipulable y eso me ha penalizado en cierto modo. Porque ‘al no participar de...’, ya estás, automáticamente, ‘fuera de...’.
Supongo que ese trabajar en lo márgenes también dificulta el hecho de armar un reparto. No sé cómo fue ese proceso en el caso de ‘El mal’.
Bueno, en este caso tampoco me interesaba contar con actores populares cuya fama jugara en contra de la verosimilitud de la historia. Entonces, fue laborioso encontrar gente talentosa y reconocida que se ajustara a las características de los personajes. Al final estoy muy contento con el resultado porque, aunque se trata de intérpretes de registros muy dispares, hemos conseguido conferir una coherencia al conjunto de las interpretaciones acorde con el tono que queríamos que tuviera la película y para mí eso era lo más importante. Supongo que todo es cuestión de confianza. Una vez les ofrecí el guion y les quedó claro mi punto de vista sobre la historia, ellos se entregaron.
De hecho, los personajes de esta película se antojan piezas en la creación de una determinada atmósfera. Toda su labor como director parece ir encaminada hacia ahí.
Totalmente, es que para mí es lo más importante y, al mismo tiempo, lo más difícil de lograr. Por eso a los actores les insistí en hacer un trabajo de composición apoyándose en la iluminación, el vestuario... Mi labor es introducir al espectador en un universo a través de una serie de herramientas y entre esas herramientas están las miradas que ofrecen los personajes. Gracias a ellas puedo lograr el clima que me interesa de cara a generar inquietud en el espectador.

Lateralidad, un tema desconocido pero crucial en el aprendizaje de las niñas y niños

El obispo de Gasteiz sobre las víctimas del 3 de Marzo: «Hay tensión, son de cáscara amarga»

Herri Norte rechaza las agresiones sexuales e instituciones piden que se aclaren los hechos

La "Y vasca" acumula 2.200 millones de sobrecostes y 20 años de retraso
