
La reforma más profunda del sistema de asilo en la historia reciente de Gran Bretaña entró en vigor este lunes, marcando un antes y un después en la política migratoria del país. Anunciada por la ministra del Interior, Shabana Mahmood, la nueva normativa transforma la condición de refugiado, que deja de ser permanente para convertirse en un estatus temporal sujeto a revisión cada treinta meses. Solo quienes sigan enfrentando «riesgos reales» en su país de origen mantendrán la protección, mientras que aquellos procedentes de territorios considerados “seguros” serán enviados de regreso.
El cambio más drástico radica en la ampliación del plazo para acceder a la residencia permanente: de los cinco años actuales, se pasará a veinte. Además, los refugiados perderán el derecho automático a reagrupar a sus familias, ya que el Gobierno limitará el concepto de “vida familiar” únicamente a padres e hijos directos. Estas medidas forman parte de un paquete de más de cuarenta reformas inspiradas en el modelo danés, cuyo objetivo declarado es eliminar los “incentivos” que, según el Ejecutivo laborista, fomentan la migración irregular.
Mahmood sostiene que el sistema anterior había convertido a Gran Bretaña en un destino preferente para los solicitantes de asilo dentro de Europa y alerta del peligro de «perder el apoyo popular a la existencia misma del asilo» si no se controla el fenómeno. Las críticas no se han hecho esperar. Organizaciones de derechos humanos califican la reforma de “inhumana” y advierten de sus efectos desestabilizadores. El Refugee Council alerta de que revisar periódicamente el estatus de 1,4 millones de refugiados supondrá no solo una carga administrativa colosal, sino también un coste de más de 870 millones de libras en diez años. Además, temen que la temporalidad de la protección condene a miles de personas a una vida de incertidumbre, sin la posibilidad de integrarse plenamente ni de reconstruir sus proyectos familiares.
Los expertos advierten que esta legislación coloca a Gran Bretaña entre los países más restrictivos de Europa en materia de asilo. Peter Walsh, del Observatorio de Migración de la Universidad de Oxford, señala que endurecer el acceso a la residencia y limitar la reunificación familiar son los mayores factores disuasorios, pero también los que más comprometen la cohesión social. Incluso dentro del laborismo, voces críticas como la del diputado Tony Vaughan acusan al Gobierno de alimentar una “retórica divisiva” que normaliza el rechazo hacia los migrantes.
El endurecimiento responde principalmente a la presión del partido ultraderechista Reform UK, que ha capitalizado el apoyo de los sectores anti-inmigración de la sociedad británica y amenaza con disputar el voto tradicional laborista al primer ministro Keir Starmer. Mientras en el Canal de la Mancha miles de migrantes pierden la vida cada año en busca de una vida mejor, Gran Bretaña se convierte tras esta reforma en uno de los estados europeos más restrictivos en materia migratoria. Starmer busca ganar las elecciones a costa de los migrantes.
Mano dura
Expertos advierten que esta legislación coloca a Gran Bretaña entre los países más restrictivos de Europa en materia de asilo
Obstáculos
El cambio más drástico radica en la ampliación del plazo para acceder a la residencia permanente: de cinco años se pasará a veinte.

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