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Al menos una de cada tres mujeres ha sufrido violencia machista en la UE

Un nuevo informe oficial evidencia que la violencia contra las mujeres sigue profundamente arraigada en la Unión Europea y que las respuestas públicas no están logrando cambios sustanciales. Más allá de los discursos y las leyes, persisten la impunidad, el silencio y la desconfianza.

Manifestación del 8 de marzo en Bilbo en 2021.
Manifestación del 8 de marzo en Bilbo en 2021. (Aritz LOIOLA | FOKU)

Más de una década después de la primera gran encuesta europea sobre violencia machista, las conclusiones son incómodas: Europa fracasa. En su último informe, la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA), en colaboración con el Instituto Europeo de Igualdad de Género (EIGE), advierte de que el porcentaje de mujeres que han sufrido violencia física o sexual supera el 30% y apenas ha experimentado un retroceso en la última década.

Los datos, basados en registros oficiales y en encuestas a más de 114.000 mujeres entre 2020 y 2024, desmontan cualquier tentación de autocomplacencia institucional. Una de cada tres mujeres ha sufrido violencia por el hecho de serlo. Una de cada cinco ha sido maltratada por su pareja masculina. Una de cada tres ha padecido acoso sexual en el trabajo. No se trata de episodios aislados, sino de una realidad estructural que atraviesa fronteras y sistemas políticos.

La escasa variación de las cifras desde 2012 no es  sino la evidencia de fallos profundos y estructurales del sistema. La propia FRA reconoce que no se ha producido un descenso significativo respecto a años anteriores y que, probablemente, la magnitud real de la problemática sea aún mayor. Persisten barreras como el miedo, la vergüenza, la dependencia económica o la desconfianza hacia las instituciones y su gestión.

El resultado es una brecha alarmante entre agresiones y denuncias: solo el 14% de las víctimas de violencia física o sexual denunció ante las autoridades. Cuando el agresor es la pareja, el silencio es todavía más frecuente.

Además, la violencia rara vez es un hecho puntual. Más de la mitad de las víctimas sufrió ataques repetidos y un 13% de las mujeres que han tenido pareja ha padecido maltrato psicológico frecuente o constante. Los agresores son hombres en más del 80% de los casos de violencia doméstica, un dato que desmonta las posiciones equidistantes y obliga al poder político y a la sociedad en su conjunto a atajar una problemática de raíz patriarcal.

Problemas al denominar 

El informe también señala otro déficit. En varios Estados miembros la definición de violación sigue centrada en el uso de la fuerza, ignorando situaciones de coerción o incapacidad para negarse. Los casos bajo presión o manipulación duplican a los cometidos con violencia explícita. Sin una legislación basada en el consentimiento, muchas experiencias quedan fuera del reconocimiento penal.

Por si fuera poco, la digitalización amplía el campo de los agresores: acoso en línea, rastreo de ubicación o nuevas formas de intimidación. Europa presume de igualdad, pero los números revelan una verdad incómoda: las políticas no están transformando la vida cotidiana de millones de mujeres. La violencia machista no disminuye porque no basta con leyes simbólicas. Sin recursos, educación y confianza institucional, la impunidad seguirá siendo la norma.



Pelicot «kontzientziaren esnaraztera» deitu du

«Lotsak aldez aldatu behar du». Esaldi hori aukeratu zuen Gisèle Pelicot-ek, bere etxean hamarkada batez senar ohiak, Dominique Pelicot-ek (20 urteko kartzela-zigorrera kondenatua), antolatutako bortxaketen biktimak, 2024ko irailean egin zen epaiketan, indarkeria matxistaren benetako arduradunak seinalatzeko. Hasieran esaldi hori Gisèle Halimi abokatuak esan zuen lehen aldiz 1974an, baina Pelicoten mezua munduko emakume guztiei argia da: bortxatuak izan diren emakumeek ez lukete sentitu behar «lotsarik ez erruduntasunik», eta halako erasoen aurrean «hitz egin» behar dutela.

Bere liburuaren,« Bizitzaren ereserkia», argitalpenarekin batera —non berak eta bere seme-alabek epaiketak zer ekarri zien kontatzen duen—, egileak azpimarratu nahi izan du ez dela «heroia» sentitzen, baina bai uste duela bere kasuak «kontzientziak esnatzeko» baliotu duela. Pelicot ez da isilik geratzen bizitako indarkeriaren aurrean