
La guerra desatada por EEUU e Israel entra en su tercera semana con ataques contra infraestructuras energéticas en Irán y su cúpula, mientras Teherán responde golpeando objetivos energéticos en los países del Golfo, en un escalada que amenaza el suministro mundial y la economía global.
La Guardia Revolucionaria iraní confirmó ayer la muerte de su portavoz, Ali Mohamad Naini, en un ataque aéreo israelí, al tiempo que Tel Aviv anunció también la muerte de Esmail Ahmadi, jefe de Inteligencia de la fuerza Basij.
La muerte de ambos se suma a una lista creciente que incluye a figuras destacadas como el líder supremo, el ayatollah Ali Jamenei; el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Ali Lariyani; y los ministros de Defensa e Inteligencia, Aziz Nasirzadé y Esmaeil Jatib, así como a altos cargos de las Fuerzas Armadas en una ofensiva contra la cúpula que Irán asegura que no le debilitará.
En un mensaje escrito y leído en la televisión pública de Irán con motivo del Año Nuevo persa, el líder supremo, Mojtaba Jamenei, aún sin aparecer en público desde su designación, dijo que EEUU e Israel han cometido un «grave error de cálculo» al pensar que los ataques provocarían el colapso interno del país.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó, por su parte, que «estamos ganando» y que Irán ya no tiene capacidad para fabricar misiles balísticos. La Guardia Revolucionaria lo negó y respondió con ataques que evidencian un alcance mayor del que sostienen EEUU e Israel, como los dirigidos contra la refinería de Haifa, que afectaron a la red eléctrica israelí, y contra Ras Laffan, en Qatar, donde se concentran las principales instalaciones de procesamiento de gas natural licuado.
Además, se produjeron explosiones en Jerusalén tras el aviso del Ejército israelí sobre la llegada de misiles iraníes. que también se dirigieron contra bases de EEUU. Otro ataque con drones alcanzó una refinería en Kuwait, y Dubai se vio sacudida por fuertes detonaciones mientras sus defensas interceptaban cohetes en plena celebración del Eid al-Fitr, fin del Ramadán.
Irán ha intensificado sus ataques contra instalaciones energéticas en las petromonarquías árabes del Golfo tras el bombardeo israelí del miércoles del gigantesco yacimiento gasístico de South Pars, un ataque del que el presidente estadounidense, Donald Trump, trató de desvincularse.
Asimismo, «decenas, si no cientos», de barcos siguen varados a la entrada del estrecho de Ormuz, sin poder avanzar ante la amenaza de ataques iraníes, según Al Jazeera, que citó aal periodista Inzamam Rashid, quien informa desde cerca de la vía fluvial.
EEUU e Israel realizaron operaciones cerca de la costa iraní para asegurar el estrecho, pero Teherán afirma haber creado un corredor marítimo bajo control de la Guardia Revolucionaria, con al menos nueve buques de países aliados ya autorizados a cruzar.
Con todo, la escalada llega con los precios del petróleo y el gas disparados y bajo la amenaza de una crisis económica global. Ayer, el director ejecutivo de QatarEnergy, Saad al-Kaabi, afirmó que la reparación de las instalaciones dañadas en Ras Laffan tardará entre tres y cinco años, lo que suscita temores de una prolongada crisis mundial de suministro de gas. «La guerra con Irán ha provocado la crisis energética más grave de todos los tiempos», advirtió ayer el director de la Agencia Internacional de Energía (AIE), Fatih Birol, en una entrevista en “Financial Times”. Para tratar de paliar la crisis, los países miembros de la AIE acordaron liberar 400 millones de barriles de petróleo de sus reservas de emergencia, la mayor reducción de reservas en la historia de la agencia. Sin embargo, «las medidas del lado de la oferta por sí solas no pueden compensar completamente la magnitud de la interrupción», alertó ayer la AIE.
MENSAJES CONTRADICTORIOS
Trump intenta reabrir el estrecho de Ormuz ante el alza de los precios y busca repartir el coste de sus decisiones, pese a que la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, confirmó en el Congreso que había sido informado del posible impacto económico de la guerra contra Irán.
Ayer, Trump tildó de «cobardes» a los países de la OTAN por no colaborar en plena ofensiva contra Irán. En paralelo, el Cuartel General Supremo de la OTAN en Europa informó de que ha trasladado a todo el personal de su misión en Irak de Oriente Medio a Europa, y que seguirá funcionando desde Nápoles.
Esta semana, el presidente estadounidense criticó a la OTAN y a Australia, Japón y Corea del Sur después de que rechazaran su petición de crear una coalición militar para asegurar la navegación en la ruta por donde pasa en torno al 20% del comercio marítimo global de hidrocarburos.
EEUU ha liberado el crudo ruso varado por sanciones para estabilizar los mercados y estudia hacer lo mismo con barriles iraníes almacenados en buques. Para mantener los surtidores llenos, la Casa Blanca podría acabar recurriendo al petróleo del enemigo que intenta doblegar.
Pero con eso no aliviará del todo la crisis, y Trump, con sus mensajes contradictorios, no deja de sembrar dudas sobre si mandará «botas sobre el terreno». Según Axios, EEUU estudia ocupar o bloquear la isla de Kharg para presionar a Teherán para que reabra el estrecho de Ormuz, pese a que el propio mandatario había descartado el despliegue de tropas terrestres.
En paralelo, el Pentágono ha desplegado la 31ª Unidad Expedicionaria de Marines, unos 2.200 efectivos, en Oriente Medio sin detallar su misión, en un contexto de mensajes cambiantes desde Washington y Tel Aviv. «No se puede ganar solo desde el aire», admitió Netanyahu.

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