«Remigia Echarren no quiso ser madre y sí conquistar los cielos de Europa»
La polifacética iruindarra Estefanía de Paz Asín rebuscó, recuperó y hasta contactó –en espíritu– con Remigia Echarren, una funambulista del XIX que cruzó los cielos sobre una cuerda. Un personaje fuera de lo común que inspiró ‘La reina del Arga’, espectáculo del que lleva ya 300 representaciones.

Estefanía de Paz está pletórica. Se le nota. Tras un duro parón por causas médicas, ha vuelto a los escenarios y a la carretera con dos montajes. Uno es ‘La reina del Arga’ (este jueves 16, en la Alhóndiga de Bilbo, 19.00), un espectáculo para todos los públicos que, desde que lo estrenó en 2021, no le ha dado más que satisfacciones.
Ha recuperado a un personaje histórico fuera de la norma, la funambulista navarra Remigia Echarren (Iruñea, 11 de abril de 1853 – 9 de enero de 1921), en un espectáculo escrito, interpretado y dirigido por ella misma, de aires circenses y hasta con un teatro de pulgas. Citamos a nuestro crítico Carlos Gil: «Es un magnífico trabajo, delicioso, sencillo a la vez que cargado de matices y que muestra a una gran creadora total en Estefanía de Paz Asín».
La actriz sigue a su vez con ‘Olvido Flores’, donde viaja también para atrás, para recuperar la memoria de la troupe de aquel circo Anastasini, que en julio del 36 le pilló en Lodosa. Algunos de sus miembros fueron fusilados y el resto fue obligado a entretener a la tropa. Actúa para escolares en el barrio San Jorge de Iruña el 20 de abril. Más fechas: 23 de abril, bajo el puente de Avenida Navarra, junto al Parque de la O con ‘La reina del Arga’ y hasta mayo no regresa, porque se va de gira a Asturias y Barcelona.

Con su espectáculo, a Remigia Echarren la ha recuperado del olvido y la ha puesto en su lugar. ¿Pero quién era la reina del Arga?
Mira, yo me siento una justiciera, porque estoy poniendo un poco en su lugar, como bien has dicho, a ‘La reina del Arga’, que fue Remigia Echarren. Fue una funambulista que nació en Iruñea en 1853, se dedicó al circo y no quiso seguir los cánones establecidos para las mujeres de su época. No quiso ser madre y sí conquistar todos los cielos de Europa. Lo consiguió: allá donde iba, le iban dando reinados. Sé que la llamaban ‘La reina de las alturas’, ‘La reina de la maroma’ –la maroma es una cuerda gruesa hecha de fibras vegetales– y, entre tanto, “la reina del Arga”, conocida así popularmente desde el 9 de julio de 1883, después de que atravesara el río Arga a la altura de donde está ahora el Club Natación.
Me parecía muy injusto que Julián Gayarre y Pablo Sarasate, un gran tenor y un gran violinista de la época y coetáneos de ella, al ser hombres, tuvieran el teatro principal y una avenida a su nombre, mientras que la historia no quiso que esta mujer trascendiera. Yo lo que estoy haciendo es ponerla en su lugar. De hecho, tras el estreno de este espectáculo, como artista propuse que había que recordarla y las pasarelas del río Arga ahora se llaman las pasarelas de Mademoiselle Agostini, el nombre artístico de Remigia Echarren.
«Es injusto que Gayarre y Sarasate tengan el teatro y una avenida, mientras que la historia no quiso que ella trascendiera»
¿Y usted, cómo llegó a Remigia? ¿Cómo supo de ella?
Se ha mantenido viva gracias al boca a boca y a la cultura popular. Había una escuela de circo en Iruñea, Oreka Zirko Eskola, donde a los 17 años empecé a jugar con malabares y con acrobacias, y ahí es la primera vez que Remigia llegó a mis oídos, porque desde la escuela se le quiso hacer un pequeño homenaje. Se me quedó revoloteando en el corazón, como si fuera una libélula, y dije: ‘Esta mujer... ‘¡Qué loca, qué aventurera, qué avanzada en su época!’. Luego, con el paso de los años, se me fue apareciendo en diferentes situaciones: en Auzoenea [asociación en el Casco Viejo] hay una sala que se llama Remigia Etxarren y, además, el movimiento popular feminista en Iruñea, en su momento, propuso poner nombres de mujeres a las calles de la ciudad.
De repente, llega la pandemia, me acuerdo de ella y veo que quedan diez meses redondos para el centenario de su muerte. Una fecha redonda para sacarla a escena y recordarla con mucho cariño. Y, a día de hoy, llevo más de 300 actuaciones.
Al estar basada en hechos históricos, ¿resulta difícil llevarla al teatro?
Yo tenía miedo porque es una historia muy local, pero allá donde voy la localizo. Imagínate en un Sevilla, digo: ‘Seguro que vino aquí y pasó el Guadalquivir’. Y es bonito, porque la gente empatiza con el personaje.
Hace algunos años recuerdo que se anunció que se había encontrado una foto suya.
Cuando la estuve buscando, no había fotografías suyas y me pareció muy raro. En 2023, me llamó un anticuario, Javier Azqueta, quien, en una subasta en Zaragoza, había encontrado una foto suya. Buscando, llegó a mi web y ahí vio mi teléfono. No sabes qué emoción poder ponerle cara a la mujer sin rostro, porque hay un momento en el espectáculo que digo: ‘No he encontrado una foto de Remigia y me gusta pensar que quizás puedo ser ella’. Y esto es lo que te cuento sobre mi criatura, que ha sido la que me ha hecho despegar. Yo he sido una mujer muy ‘foral’ y, gracias a ‘La reina del Arga’, me dieron un premio en Fetén [Festival Internacional de Xixón] y me ha cambiado la vida. Estoy viviendo cosas muy bonitas gracias a ella.
Carlos Gil, nuestro crítico teatral, le hizo una buenísima crítica tras su paso por un festival. La titulaba ‘Remigia no es un nombre para gatas’. ¿De dónde viene lo de que es nombre de gata?
Un historiador me dijo que no sabía nada de Remigia, que lo único que sabía es que hubo una época en Pamplona en que todas las gatas se llamaban Remigia, porque andaban por los tejados. Es fantástico. De hecho, empieza así el espectáculo: buscando a una gata.
¿Cómo terminó? Quiero decir: ¿Tuvo una buena vida? ¿Tuvo descendientes?
No los tuvo. Se dice que tuvo sobrinos y que estuvo casada, pero no lo cuento porque parece que las mujeres tenemos que tener un marido al lado, cuando él no aportó nada a sus logros artísticos. Entonces, ¿para qué le voy a citar?
Yo creo que se casó con él por ganar derechos, porque, hasta hace muy poco, las mujeres hemos sido menores de edad, aunque tuviéramos 70 años. De hecho, este señor acabó en la cárcel, porque le pillaron vestido con un traje de obispo, pidiendo limosna y se la metía al bolsillo. Y bueno, esto no sé, no sé si quieres contarlo, pero estuve hablando con una médium.
¿Quería contactar con ella? [risas]. Por favor, ¡déjeme contarlo!
Estuve con una chica de Bilbao y fue muy bonito. Dos horas estuvimos en videollamada y fue muy gracioso, porque dijo que era muy pobre, que de pequeña no tenía ni para zapatos y que, gracias a eso, empezó a desarrollar el tacto en los pies. Que, al vivir al lado del portal de Francia, arriba de las murallas, igual ahí empezó a gustarle la altura.
Tuvo que retirarse tras un grave accidente, ¿verdad?
Fue en Ondarroa, en 1892, y se cayó de 15 metros de altura. Tengo la noticia que salió al día siguiente en el ‘Noticiero bilbaíno’. Ha sido muy bonito porque actué el año pasado en Ondarroa y sentí que cerraba el círculo. Me costó un montón, porque yo no sé euskara, pero lo conseguimos. Fue superbonito.
La obra es para público familiar y solemos pensar que el teatro familiar es para niños, cuando es para todos los públicos. De hecho, los temas que se tratan no son precisamente los del mundo Disney.
Siempre hay que poner una edad recomendada, y yo pongo que es para mayores de 8 años acompañados de adultos. La verdad es que estas historias atraviesan a la gente joven. Una niña, el otro día, con unos ojos brillantes, me dijo: ‘¿Tú crees que puedo ser tan valiente como la Remigia?’. Que una niña vea que puede ser poderosa como la Remigia es un buen mensaje. Es muy bonito darles fuerza a las niñas.
«Una niña, el otro día, con unos ojos brillantes, me dijo: ‘¿Tú crees que puedo ser tan valiente como la Remigia?’»

Su trabajo más reciente también tiene nombre de mujer: «Olvido Flores» y va de memoria histórica. ¿Quién es Olvido Flores?
‘Olvido Flores’ también es un espectáculo que está on fire, porque este año se cumple el 95.º aniversario de la Guerra Civil. Tengo dos formatos: uno de sala y otro, el formato de caravana, que es un teatro rodante en el que entran 25 personas. Olvido Flores es un personaje ficticio: es una mujer que regenta una sucursal de objetos olvidados, donde va recibiendo objetos y, a partir de ellos, cuenta dos historias reales de guerra. La primera de ellas es la de mi familia.
Mi padre encontró en una exhumación en Monreal, en 1978, el cráneo de su abuelo. Lo reconocieron por sus dientes de oro. Mi padre, lejos de hacer venganza ni rabia ni nada de eso, fundió los dientes e hizo dos alianzas. Mi padre y mi madre se casaron con los dientes del abuelo.
Y esta historia la vinculo a la historia de guerra del circo Anastasia, un circo de origen italiano que llegó a la península en 1936.
¿La del circo Anastasia sí es una historia real?
Sí. Venían a la península desde el norte de África a hacer su gira de invierno y pasaron por Alicante, Alcoy, Calahorra y Soria, con tal mala suerte que el 18 de julio llegaron a Lodosa, un pueblito navarro de 4.000 habitantes, donde montaron la carpa. Iban con un elefante y una compañía ecuestre, además de 50 artistas; o sea, un circazo. Hacen una actuación, con tan mala suerte que estalla la guerra y tienen que huir, abandonando la carpa y los animales. Aún hay gente mayor en Lodosa que se acuerda de haber jugado con el elefante.
Los historiadores que han rescatado esta historia se llaman M. L. Niet, María José Sagasti y Javier Ayate. Yo me entero de esta historia y se me rompe el corazón, porque hay listas oficiales de desaparecidos, pero a esta gente nadie la reclama. Entonces, ‘Olvido Flores’ viene a recordarnos a quién se nos olvida llevar flores. Le canto una nana a esta gente del circo para que descanse en paz y les doy mucho amor. La gente sale llorando. Con ‘Olvido Flores’ estaré después del verano en Bilbo.

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