Carlos Garaikoetxea: Ejemplo de la traslación del eje del país
Lehendakari de la construcción de la CAV y lehendakari de la partición. Carlos Garaikoetxea es ejemplo de la traslación del eje político aunando mundos. ¡Cómo ha cambiado el país! (A mejor)

La biografía canónica, las fechas, los datos oficiales, los cargos y las reacciones de propios y extraños las pueden encontrar en otros artículos que acompañan a este. Aquí nos fijaremos en la enorme figura de Carlos Garaikoetxea, ejemplo de cómo ha cambiado Euskal Herria desde el arranque del periodo autonómico hasta las fechas actuales. Ya se destacó en el homenaje que Lehendakaritza le rindió el 16 de junio del año pasado, que Garaikoetxea y su equipo fueron los constructores -prácticamente desde la nada- de la Administración autonómica, incluidas EiTB y la Ertzaintza. Pero, al mismo tiempo, fue también, para la izquierda independentista, el «lehendakari de la partición», más doloroso al ser él mismo navarro. Ayer, al tener conocimiento de su muerte, EH Bildu hizo público un mensaje honrando su trayectoria: «Agur eta ohore al lehendakari Carlos Garaikoetxea. Navarro, abertzale e hijo de Euskal Herria. Uno de los principales actores de nuestra institucionalización moderna y ejemplo de compromiso en el camino de la suma de fuerzas por la soberanía».
En su figura política, Garaikoetxea concentra la traslación del eje político del país en las últimas décadas, en las que distintos (y demasiadas veces enfrentados) sectores políticos han ido confluyendo sin renunciar ninguno de ellos a su pasado con la vista puesta en un futuro común, cada cual con sus puntos de vista, pero capaces de una empresa común en la búsqueda de una Euskal Herria libre y socialmente justa, en la que se respeten todos los derechos de todas las personas.
A lo largo de su trayectoria, Carlos Garaikoetxea dio muestras de poner sus convicciones por delante de los cargos. Lo hizo con algunas apuestas arriesgadas como la puesta en marcha de ETB sin los permisos pertinentes, arriesgándose a lo que pudiera ocurrirle. Pero como esto no es una hagiografía, tampoco se les olvida a muchos su lugar en la visita del hoy «emérito» a la Casa de Juntas de Gernika, de donde su entonces «guardia de corps» jeltzale sacó a empujones y de malas formas a los abertzales que cantaban “Eusko Gudariak” puño en alto.
PROTAGONISTA DE UNA ESCISIÓN QUE SIGUE CLAVADA COMO UN PUÑAL EN LA MEMORIA JELTZALE,
dejó de ser lehendakari por mantener sus ideas y, probablemente también, por su enfrentamiento personal -y tan humano- con otro gigante de la política vasca, Xabier Arzalluz. Las elecciones de 1986 fueron un terremoto. El PSE obtuvo 19 escaños, el PNV, 17; HB, 13; EA, 13; EE, 9; CP, 9; y CDS, 2. Tuvo la posibilidad de volver a Ajuria Enea, pero finalmente ese premio se lo llevó José Antonio Ardanza.
La escisión también tuvo un final contradictorio. El 13 de marzo de 1999, Xabier Arzalluz y Carlos Garaikoetxea, Ricardo Ansotegi e Inaxio Oliveri, brindaron con cava la firma de una coalición electoral para las municipales y forales de ese año. Sin esa unión, Euskal Herritarrok hubiera sido primera fuerza en Gipuzkoa. PNV-EA sumaron 130.031 papeletas. Los de Arnaldo Otegi, 105.033. Eran tiempos del Acuerdo de Lizarra-Garazi, donde se compartían pancartas, pero se competía en las urnas. La dirección independentista intuyó que los buenos resultados en aquellos comicios eran el preludio de futuras rupturas.
OFICIALMENTE APARTADO DE LA POLÍTICA, EL «LEHENDAKARI GARAIKOETXEA» SIGUIÓ SIENDO UNA INSTITUCIÓN EN EUSKO ALKARTASUNA,
que durante años se mantuvo en coalición con el PNV, hasta que intuyó que los jeltzales se iban a apartar del liderazgo de Juan José Ibarretxe, lehendakari que muchas veces encontró más apoyo en la EA de Unai Ziarreta que en el PNV de Josu Jon Imaz.
Todos esos movimientos contaban, evidentemente, con el visto bueno de Carlos Garaikoetxea. Y también el camino de confluencia con la izquierda abertzale ilegalizada, comprometida ya con el final de la lucha armada, y la unión, además, con Alternatiba y Aralar. Una verdadera revolución política acabar viendo a Carlos Garaikoetxea protagonizando mítines de Bildu. Una muestra de generosidad política por todas las partes, en la búsqueda de un bien común.
Después, tampoco cabe olvidarlo, las cuitas políticas dentro de Eusko Alkartasuna acabaron enturbiando la relación de los sectores internos, con los críticos reivindicando la figura de Garaikoetxea, que les dio muestras de apoyo a sus posiciones, que se definían más como diferencias organizativas que de fondo.
Pero todo ello no hace sino engrandecer la presencia histórica de Carlos Garaikoetxea, unida a los cambios políticos que se han dado en Euskal Herria. Una experiencia, probablemente, difícil de encontrar en Europa. Tanto en lo personal como en lo colectivo.
Eskerrik asko, lehendakari.

Carlos Garaikoetxea hil da

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